Hay que saber hacer las valijas a tiempo

Clarín
Buenos Aires, 7 de junio de 2009
Por Ricardo Lagos

“Lo esencial es hacer política sin socavar la estructura de las instituciones, especialmente cuando en otros campos, como en el manejo de la crisis económica, podemos mostrar eficiencia y seriedad.Una elección presidencial es un momento profundo en la convivencia ciudadana, no puede convertirse en un ritual para cambiar la Constitución por valoraciones circunstanciales, porque ello es altamente peligroso. (Clarín. Argentina)

"…podrían preguntarnos cómo anda la marcha de la política, especialmente cuando se avecinan elecciones presidenciales en Brasil, Colombia, Chile y Uruguay, mientras otras ya se han resuelto en el curso de este año. Y también se observan aquellas realizadas tras referéndum nacionales, donde el voto ciudadano abrió paso a la reelección, como en Ecuador, Venezuela y Bolivia.

No cabe duda de que varios de los líderes del continente cuentan con un alto índice de aprobación. Ahí están los casos de los mandatarios de Brasil, Chile y Colombia, por señalar algunos ejemplos. En Panamá el presidente deja su cargo con la sensación de una tarea realizada, al dar un tremendo impulso al Canal de Panamá para colocarlo a la altura del siglo XXI en su capacidad de servicio a las embarcaciones que lo cruzan. Y en esa decisión, cualquiera sea el gobierno, ya no puede haber vuelta atrás.

Tal vez ahí esté la clave de todo, para responder a quienes promueven la reelección para un tercer mandato de algunos gobernantes. No se puede confundir la continuidad de las políticas exitosas con la continuidad del gobernante que las encarnó y sacó adelante. Lo que debe importar es cómo y con quién esas buenas políticas van a continuar, cómo se instalan en el traspaso democrático.

Uno puede entender ciertos entusiasmos. Después de todo, se trata de mandatarios que han cumplido las expectativas por las cuales fueron electos. Tener buenos respaldos de aprobación es sano para la democracia y para la legitimidad de las políticas aplicadas. Pero debemos cuidar el sentido y profundidad de las instituciones democráticas.

Un presidente latinoamericano dijo una vez, en la tradicional comida previa a despedirse del mando y mientras compartía con las delegaciones y jefes de Estados vecinos: "He estado haciendo valijas en estos días y mientras las hacía pensaba que en democracia se necesita saber hacer las valijas a tiempo, porque el rito republicano consiste en que, al terminar la tarea, se espera que otro la continúe".

De paso por Colombia, el destacado escritor peruano Mario Vargas Llosa lo sintetizó muy bien, cuando se refirió al proyecto de tercera reelección que se impulsa en el Congreso de ese país, buscando mantener al presidente Uribe en el poder: "Espero que no se presente por tercera vez pues afearía una gestión magnífica que ha hecho. No se puede subir con unas reglas de juego y cambiarlas en el poder porque eso deteriora las instituciones", aseguró el escritor. Lo esencial es hacer política sin socavar la estructura de las instituciones, especialmente cuando en otros campos, como en el manejo de la crisis económica, podemos mostrar eficiencia y seriedad.

Una elección presidencial es un momento profundo en la convivencia ciudadana, no puede convertirse en un ritual para cambiar la Constitución por valoraciones circunstanciales, porque ello es altamente peligroso.Por eso suenan tan oportunas las declaraciones del presidente Lula, cuando ha salido con fuerza a quitar respaldo al intento de hacer una enmienda constitucional para llevarle a un tercer periodo.Así de oportunas y sensatas se han escuchado también las palabras del presidente Vázquez cuando dijo algo similar.

Sería un sino trágico que ahora, cuando América latina empieza a ser percibida de otra manera, nos equivoquemos en la búsqueda de la reelección permanente. Ojalá aquellos que hoy están en la duda tomen el camino correcto.

Un tercer período presidencial consecutivo no está en la tradición de ningún país donde la institución presidencial existe. Otra práctica es aquella del régimen parlamentario, como el europeo, que en sucesivas consultas tuvo por 16 años a Helmut Köhl en el poder alemán y 14 años a Felipe González en España. Lo presidencial, precisamente, por su alcance fuerte y central, no debiera ir más allá de dos períodos.

Más de un dirigente inquieto podrá decir: ¿y qué pasará con lo hecho y lo por hacer? Ahí está la tarea del político de altura: debe buscar que la tarea continúe, que lo ganado no se pierda ni retroceda, que la ciudadanía elija sin volver atrás. En suma, que sean las ideas y el proyecto de futuro lo esencial, más que una personalidad por muy carismática o mesiánica que parezca.

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