Cuba y la OEA, cada paso a su tiempo
Infolatam
Miami (Estados Unidos), 5 junio 2009
Por Marifeli Pérez-Stable
(Remitido para Infolatam).- “No creo que Raúl Castro acepte el desafío de la nueva resolución…Ahora que la suspensión de OEA a Cuba es historia, América Latina y Caribe deben tomarse un respiro. Ni Cuba ni los Estados Unidos piensan cambiar rápidamente. Cuba está haciendo frente a desafíos domésticos desalentadores. La región debe entender las señales de Washington y de La Habana, y dejarles avanzar, cada paso a su tiempo”.
Cuba no ha vuelto. El 3 de junio la Asamblea General de la OEA derogó la resolución que en 1962 había excluido al gobierno cubano de sus filas. También estableció una hoja de ruta para la reintegración: La Habana debe tomar la iniciativa y abrir un diálogo de acuerdo con las "prácticas, propósitos y principios" de la OEA.
Hace casi 35 años, otra Asamblea General resolvió poner fin a las sanciones colectivas contra Cuba y dejó a los estados miembros en libertad para restablecer las relaciones con La Habana. En 1975, la administración de Ford, que había abierto un diálogo discreto con La Habana, dió luz verde al movimiento de la OEA. No obstante, el voto entonces pasó solamente con la dos tercios de la mayoría indispensable. Chile, Paraguay y Uruguay, entonces dictaduras militares, votaron no; el Brasil militarizado y la Nicaragua de Somoza se abstuvieron.
Excepto Estados Unidos, todos los países de la región ahora tienen relaciones normales con Cuba. Es más, en 2009 diez presidentes latinoamericanos han realizado visitas oficiales a Cuba y se han reunido con Raúl Castro. Pero sin la proclamación de Barack Obama "de un nuevo principio" la rescisión de la exclusión de Cuba de la OEA habría sido imposible. Como en 1975, la nueva resolución fue alcanzada por consenso.
Los Estados miembros más militantes calificaron la resolución 1962 de "Un error histórico". Pero, ¿lo era?. La retrospectiva puede ser útil pero puede también ser olvidadiza. La "Crisis de los Misiles" estaba todavía por venir. Cuba proporcionaba armas a las guerrillas latinoamericanas, un movimiento que, en parte, fue la respuesta de La Habana a las actividades en curso de Washington para destruir la revolución. En definitiva eran los tiempos de la guerra fría. Así pues, despidamos con alegria la anacrónica resolución, pero no nos olvidemos de su historia.
Cuba es un símbolo potente en América Latina y el Caribe. Algunos países – Brasil, Chile, Colombia, República Dominicana y México, entre ellos- han optado por un acercamiento realista basado en la diplomacia y el comercio. Por el contrario, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador y Honduras agitan las banderas de solidaridad y anti imperialistas. Caracas y Managua, en particular, amenazan con dejar la OEA y establecer una organización alternativa sin los Estados Unidos.
Tener a Obama en la Casa Blanca es un desafío para el populismo militante. En la Cumbre de las Américas de abril, por ejemplo, Obama estableció una fuerte conexión con sus contrapartes en el Caribe de habla inglesa. En Honduras, la secretaria de estado, Hillary Clinton, continuó las buenas relaciones en una reunión-desayuno especial con los Ministros de Asuntos Exteriores de la región. Los gobiernos del Caribe han sido críticos implacables del embargo de Estados Unidos, pero están dispuestos a dar a Obama una cierta oportunidad. La mayoría en América Latina también.
Por una parte, la discusión de la OEA de esta semana era sobre la revocación de la suspensión de Cuba. Algunos criticaron la resolución por no imponer condiciones a Cuba, cosa técnicamente cierta excepto que la pelota ahora está en La Habana. En el improbable supuesto de que tome la iniciativa, el gobierno de Cuba sabe que la resolución exige un diálogo "de acuerdo" a los principios de la OEA. Por otra parte sería muy dificil hacer trampas con la Carta Democrática Inter-Americana (2001).
Después de que la resolución fuera aprobada, Manuel Zelaya, presidente de Honduras, afirmó: "comenzamos una nueva era de fraternidad y de tolerancia." La Carta Democrática, sin embargo, no tolera la tolerancia con la represión. Si Cuba falla, la OEA entraría seguramente en crisis. Por lo demás, la Carta Democrática no es bastante poderosa para evitar que el populismo militante derribe los derechos y las institciones democraticas. La democracia, después de todo, es algo más que unas elecciones.
En los últimos dos meses, La Habana ha lanzado un epíteto después de otro contra la OEA. No creo que Raúl Castro acepte el desafío de la nueva resolución. Si lo hace, sería una señal para todos los problemas en relación a la OEA, las relaciones entre EE.UU. y América Latina y, especialmente, del diálogo incipiente entre Washington-La Habana. Cuba, de hecho, podría ser una influencia para la moderación sobre el populismo militante.
Ahora que la suspensión de OEA a Cuba es historia, América Latina y el Caribe deben tomarse un respiro. Ni Cuba ni los Estados Unidos piensan cambiar rápidamente. Cuba está haciendo frente a desafíos domésticos desalentadores. La región debe entender las señales de Washington y de La Habana, y dejarles avanzar, cada paso a su tiempo.

























