Los reveses de Hugo Chávez

Infolatam
Caracas, 3 junio 2009
Por Maria Teresa Romero

(Especial para Infolatam).- “…Es obvio, pues, que la resolución  no significa el reingreso automático de Cuba. Con ella sólo se le está abriendo la posibilidad de que ingrese al foro hemisférico…. De modo que es poca la victoria obtenida por la diplomacia bolivariana. El verdadero ganador fue la diplomacia inteligente de muchos gobiernos democráticos de la región, el de Obama y Lula principalmente, que lanzaron de nuevo la pelota política en la cancha del gobierno de los hermanos Castro.”

En las últimas semanas, el presidente venezolano  ha sufrido dos duros reveses  en el tablero de la política y de la opinión pública internacional. Por una parte, sus esfuerzos  diplomáticos, tanto unilaterales como en conjunto con  los demás miembros del ALBA, no se tradujeron en una “victoria bolivariana” -como él mismo aseguró- en la más reciente Asamblea General de la OEA realizada en San Pedro Sula, Honduras.  Por otra parte, ha recibido una contundente tanda de cuestionamientos y exhortaciones por parte de instituciones y personalidades de renombre mundial, las cuales han producido un quiebre  en la percepción internacional hacia la situación de la democracia venezolana y la naturaleza del régimen chavista.

El revés chavista en la OEA se observa en la propia decisión adoptada de levantar la resolución por medio de la cual se suspendió a Cuba del sistema interamericano en 1962. El gobierno venezolano, junto con el de Nicaragua, Honduras, Bolivia y otros del ALBA, lucharon denodadamente antes y durante esa histórica Asamblea para imponer un proyecto de resolución que no sólo permitiera el regreso de Cuba al ente sin ningún tipo de condiciones previas, sino que incluyera una especie de autocrítica de sus miembros a objeto de reivindicar al gobierno castrista, algo así como  la aceptación de que la decisión de hace 47 años fue errada e injusta.

No obstante, la resolución que finalmente se adoptó por consenso ni incluyó un mea culpa colectivo ni dejó de condicionar el retorno de Cuba a la OEA, aunque no se utilizó expresamente en el texto la palabra “condicionamiento”. En efecto, en la segunda parte resolutiva se establece textualmente que “la participación de Cuba en la OEA será el resultado de un proceso de diálogo iniciado a solicitud del gobierno cubano y de conformidad con las prácticas, propósitos y principios de la OEA”.

Es obvio, pues, que  la resolución  no significa el reingreso automático de Cuba. Con ella sólo se le está abriendo la posibilidad de que ingrese al foro hemisférico siempre y cuando así lo considere conveniente, inicie un proceso de diálogo y finalmente se comprometa a cumplir los instrumentos de la organización, empezando por la carta Democrática Interamericana. De modo que es poca la victoria obtenida por la diplomacia bolivariana. El verdadero ganador fue la diplomacia inteligente de muchos gobiernos democráticos de la región, el de Obama y Lula principalmente, que lanzaron de nuevo la pelota política en la cancha del gobierno de los hermanos Castro. 

El  revés del gobierno venezolano en la opinión pública  internacional, es aún más evidente. La creciente ola de cuestionamientos institucionales e individuales a su creciente conducta radical está produciendo un interesante punto de inflexión en la percepción mundial hacia Venezuela. Al gobierno de Chávez se le percibe cada vez más “en una deriva hacia el comunismo y la dictadura cubana”, como bien dijo el escritor Mario Vargas Llosa; mientras que a la oposición venezolana se le reconoce cada vez más su lucha democrática y pacífica. De hecho, si algo positivo le ha sucedido a la sociedad democrática venezolana en las últimas semanas, ya casi asfixiada por la arremetida más cruenta que ha sufrido por parte del gobierno nacional en sus diez años en el poder, ha sido el apoyo y solidaridad obtenida por parte de diversas organizaciones y personalidades extranjeras. Esto le ha  insuflado un significante balón de oxígeno político.

Entre los que manifiestan su preocupación por la radicalización del “socialismo” bolivariano y a la vez dan su apoyo a la lucha opositora, cabe destacar  la  contundente resolución del Parlamento Europeo de principios de mayo, que no sólo pasa revista a las violaciones que comete el gobierno de Chávez en contra de la Constitución Nacional; a los casos de Manuel Rosales, del general Baduel, de Antonio Ledezma y la agresiva campaña de acoso contra la Alcaldía Mayor; a la sentencia dictada contra los comisarios y los agentes de la Policía Metropolitana; a la ocupación militar de los puertos y aeropuertos; a la violación del principio de la alternancia y la imposición de la reelección indefinida mediante el forzamiento de una enmienda a la Carta Magna y a la negativa de permitir la visita a Venezuela de una delegación oficial del Parlamento Europeo. La resolución  también expresa su "enorme preocupación por el deterioro de la situación y la calidad de la democracia en Venezuela, que se encuentra en grave riesgo de colapso debido a la concentración de poder y al autoritarismo creciente ejercido por el presidente de la República", y manifiesta "su solidaridad con todos aquellos que sufren la persecución política en Venezuela”.

Luego se sucedieron la declaración de la Comisión Interamericana de DDHH, recomendando al Estado venezolano, entre otras cosas, que se abstenga de estigmatizar a los defensores de derechos humanos; el documento "Por una Venezuela democrática",  suscrito por varias personalidades políticas del Perú, entre ellos el ex presidente Alejandro Toledo;  el comunicado conjunto de los relatores para la libertad de expresión de la ONU y la OEA, en rechazo a las recientes acciones gubernamentales en contra de la televisora Globovisión y otros medios privados; y los pronunciamientos del  grupo de intelectuales, políticos, empresarios y periodistas que participaron en Caracas,  en el encuentro Internacional “Libertad y Democracia. El desafío Latinoamericano”,  organizado por la organización CEDICE Libertad, el 28 y 29 de mayo.
Precisamente, el que personalidades de la talla de Mario y Alvaro Vargas Llosa, Enrique Krause, Plinio Apuleyo Mendoza, Jorge Quiroga, Jorge Castañeda, Wolfgang Gerhardt, entre otros, hayan señalado desde Caracas y con evidencias claras que Venezuela se encamina en forma acelerada hacia una dictadura comunista, ha tenido gran repercusión internacional.

Con gran torpeza el presidente Hugo Chávez colaboró con esa resonancia mundial. Primero, al ordenar que varios de los participantes fueran detenidos por varias horas en el aeropuerto internacional Simón Bolívar y se les amenazara con expulsarlos si emitían opiniones políticas  contra su gobierno. Luego, al intentar opacar el foro extendiendo y haciendo coincidir su programa dominical, así como realizando  un seminario alternativo, el denominado “Encuentro de intelectuales contra la crisis global del capitalismo”. Y finalmente, al proponer un debate público con los intelectuales democráticos. Pero a la hora de la verdad, ni los invitados de CEDICE fueron expulsados, ni el encuentro alternativo tuvo trascendencia, ni el debate se dio a causa del propio Chávez que declinó a debatir con Mario Vargas Llosa como se le propuso. Sin duda, esto hizo mella en la imagen todopoderosa del mandatario, la cual fue ridiculizada profusamente en la prensa nacional e internacional.
 
Aun cuando estas críticas y espaldarazos internacionales no frenarán la embestida antidemocrática que Hugo Chávez viene dando dentro y fuera del país (hace pocos días se comprometió, junto a los mandatarios de Ecuador y Bolivia,   a “radicalizar y profundizar nuestra revoluciones”), sin embargo sí animan la lucha democrática opositora y contribuyen a  la movilización doméstica e internacional en defensa de las libertades venezolanas.

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