Cuba y la OEA

Infolatam
Washington, 2 de junio de 2009
Por Peter Hakim

(Especial para Infolatam).-  ” Por el momento, lo mejor para los estados miembros de la OEA no sólo sería retrasar cualquier decisión sobre el regreso de Cuba, sino también llegar a un acuerdo sobre una hoja de ruta para examinar la situación de Cuba en la próxima Asamblea General en 2010
… Tanto política como diplomáticamente, Cuba y EE.UU. necesitan más tiempo para acostumbrarse a la posibilidad de tratarse la una con la otra, ya sea en un contexto bilateral o multilateral. Apresurar una decisión corre el riesgo de perturbar las relaciones hemisféricas y la potencial dilución de batallas difíciles de ganar por la democracia”.

La cuestión de Cuba atormenta una vez más, las relaciones de EE.UU con América Latina, con los gobiernos de la región haciendo de la política estadounidense hacia Cuba la prueba de fuego de la Administración Obama en la reconstrucción de la cooperación hemisférica. Cuba dominó la agenda de los 34 líderes del hemisferio democráticamente elegidos en la reciente Cumbre de las Américas en Trinidad. Ahora, la cuestión de la participación de Cuba en la Organización de Estados Americanos (OEA) amenaza con perturbar la organización de la asamblea anual de Ministros de Asuntos Exteriores de esta semana en Honduras.

La Administración de Obama ya ha suavizado algunas restricciones de EE.UU. contra Cuba y ha prometido un esfuerzo continuado por mejorar las relaciones bilaterales. Ha levantado barreras a los viajes de familiares y al envío de las remesas de cubano-americanos, ha abierto el camino para las inversiones estadounidenses en telecomunicaciones  y ha restablecido las conversaciones sobre migración regular con las autoridades del gobierno cubano. Pero, con o sin movimientos recíprocos por parte de Cuba, la mayoría de los países del hemisferio quieren que EE.UU. haga más.

Creen que es hora de que EE.UU. ponga fin a su viejo y contraproducente embargo comercial, y restablecer relaciones diplomáticas normales con Cuba, como cada uno de los otros gobiernos hemisféricos ha hecho. También quieren que se ponga fin a los 47 años de suspensión de Cuba en la OEA y en otras instituciones interamericanas.

La respuesta de Washington ha sido "no tan rápido." Afirma que una adhesión incondicional de Cuba viola las normas democráticas de la OEA, tal como se dice en la Carta Democrática Interamericana. La Carta, firmada en Lima en 2001 por todos los miembros de la OEA, es clara: "los pueblos de las Américas tienen el derecho a la democracia y sus gobiernos tienen la obligación de promoverla y defenderla". Por estos motivos, Cuba debe ser excluido de la miembros de la OEA.

Hay una tensión entre dos respetables pero aparentemnte contrapuestos objetivos: multilateralismo más fuerte y más fuerte defensa de la democracia. ¿Podría la gran mayoría de los países hacer caso omiso de las objeciones EE.UU. para el retorno de Cuba a la OEA? ¿O deberían triunfar los valores democráticos en una decisión multilateral, exigiendo que la OEA siga siendo una comunidad de democracias? La OEA ha cambiado en el período posterior a la guerra fría, requiriendo -al menos en principio- normas más estrictas de la democracia y los derechos humanos por parte de sus miembros, algo a lo que el régimen represivo de Cuba no se acerca.

Sin embargo, el multilateralismo y la democracia no siempre están en conflicto, sino que se pueden reforzar. La Carta Democrática no es una mera declaración de principios. Se tenía la intención de que siriviera como un instrumento práctico para la protección y la promoción de la democracia. A pesar del brusco deterioro de la gobernabilidad democrática en varios países miembros de la OEA, la Carta se ha invocado una sola vez desde su aprobación hace ocho años (a fin de impugnar la expulsión del ejército por el presidente Chávez en 2002, que fue rápidamente revertido en cualquier caso). Este decepcionante registro no es un fracaso de los valores democráticos. Refleja, en cambio, un fracaso del multilateralismo. Es la falta de confianza y de visión política compartida entre las naciones del hemisferio lo que ha bloqueado la acción colectiva para salvaguardar la democracia.

Hay ademas algo erróneo con el tratamiento a Cuba- el único país del Hemisferio Occidental, cuyos dirigentes no son elegidos y rechazan abiertamente la democracia- como el de cualquier otro país. La batalla por la democracia en las Américas ha sido larga y dolorosa, y aún no está asegurada. La OEA perdería credibilidad si se incorporara Cuba sin ninguna referencia a los avances democráticos del hemisferio y al triste récord de Cuba en derechos humanos y políticos. Como mínimo, cualquier resolución sobre el restablecimiento de Cuba debería dejar claro que la OEA se esfuerza para que sus miembros sean plenamente democráticos.

Por el momento, lo mejor para los estados miembros de la OEA no sólo sería retrasar cualquier decisión sobre el regreso de Cuba, sino también llegar a un acuerdo sobre una hoja de ruta para examinar la situación de Cuba en la próxima Asamblea General en 2010. Esto es aproximadamente lo que la Administración de Obama se propone ahora. Durante el próximo año, la OEA debe tratar de desarrollar un diálogo activo con el gobierno cubano y la bienvenida a su participación en las actividades que considera útiles. La democracia en Cuba debe ser el objetivo más que una condición previa para su participación en la OEA.

Este rumbo evitará una turbia pelea sobre un tema altamente delicado. Se debería hacer un llamamiento a Washington y La Habana, ninguno de los cuales pide una inmediata reincorporación de Cuba en la OEA. El hecho es que el Gobierno cubano ha expresado su desprecio por la OEA. Tanto política como diplomáticamente, Cuba y EE.UU. necesitan más tiempo para acostumbrarse a la posibilidad de tratarse la una con la otra, ya sea en un contexto bilateral o multilateral. Apresurarse una decisión corre el riesgo de perturbar las relaciones hemisféricas, y la potencial dilución de batallas difíciles de ganar por la democracia.

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