Plebiscitar el “modelo”
La Nación
Buenos Aires, 18 de mayo de 2009
Por La Nación (Argentina)
“…Por un lado, el Gobierno se proclama progresista y advierte que su derrota en las urnas dañaría la calidad institucional. Sin embargo, la toma de decisiones se ha convertido en atribución de un solo hombre, Néstor Kirchner, quien ha minado la investidura de su esposa hasta convertirla casi en una institución protocolar. Lo que durante su mandato había logrado con los ministros, en el actual período Kirchner lo consiguió con la Presidenta”.(La Nación. Argentina)
"El oficialismo ha insistido, a través de voceros tan caracterizados como la Presidenta; su esposo, Néstor Kirchner, y su cuñada, la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, en que para las próximas elecciones legislativas la sociedad debe pronunciarse a favor o en contra de un supuesto modelo que estaría encarnado en la actual administración.
…Si se quisiera identificar el "modelo" político que se invita a plebiscitar las conclusiones serían más graves. Para empezar, la sola aspiración a "plebiscitar un modelo" cobija, en sí misma, una visión paupérrima del proceso electoral. En un sistema de representación proporcional como el que rige en la Argentina, los comicios legislativos son una ocasión para que distintas corrientes debatan ideas y propuestas en las que se expresan tradiciones y visiones diversas sobre la existencia del país y sus problemas. Se trata de una oportunidad para que una pluralidad de voces, con matices diferentes, esclarezca a la ciudadanía en un debate racional y honesto. La tentación de encerrar ese intercambio en una opción a favor o en contra de la conducta de un solo actor, el Gobierno, desnuda un impulso autoritario.
…Si hay un "modelo" que debe ser plebiscitado no es, sin duda, el de la republicana independencia de poderes. Nunca el Congreso renunció a su rol con tanta docilidad como durante el reinado de la mayoría kirchnerista. El cesarismo de las leyes de emergencia y los superpoderes se agravó con la reglamentación de los decretos de necesidad y urgencia, gracias a la cual es más fácil hoy convalidar ese tipo de normas que conseguir la aprobación de un proyecto de ley.
Cuando se observa el modo de ejercer el Poder Ejecutivo, el "modelo" también genera mil perplejidades. Por un lado, el Gobierno se proclama progresista y advierte que su derrota en las urnas dañaría la calidad institucional. Sin embargo, la toma de decisiones se ha convertido en atribución de un solo hombre, Néstor Kirchner, quien ha minado la investidura de su esposa hasta convertirla casi en una institución protocolar. Lo que durante su mandato había logrado con los ministros, en el actual período Kirchner lo consiguió con la Presidenta. El método de trabajo supone la concentración de atribuciones en muy pocas manos, con funcionarios que con mucha frecuencia ignoran lo que se decidió en Olivos sobre materias de su competencia. La falta de diálogo, que ya caracterizaba las relaciones con la oposición, se extendió al partido oficialista y, en el extremo, al propio equipo de gestión.
El "modelo", de existir, ha sido la prepotencia como estrategia principal para resolver conflictos o problemas; la incomunicación con la oposición; el hostigamiento a la prensa independiente; la centralización de los recursos en detrimento de las provincias, con ignorancia total del federalismo; la subordinación de los recursos del Estado a las urgencias facciosas del Gobierno; el financiamiento espurio de las campañas electorales, sea porque se las financia con el presupuesto público o con fondos provenientes de empresas salpicadas por el narcotráfico; la promoción de candidatos que adelantan que no ocuparán los cargos para los cuales se postulan, y el vaciamiento de la figura presidencial mediante la delegación de las principales resoluciones oficiales en la persona de alguien, un cónyuge, que no ha sido votado para cargo alguno.
El encierro de la capacidad de decisión en un pequeño grupo se reproduce en la escala internacional con una política exterior signada por su tendencia al aislamiento. También en este campo es difícil discernir un paradigma, salvo que se trate de la aproximación o el rechazo automático a otros países según las necesidades de la política doméstica. Así se explican el largo conflicto con Uruguay, el paulatino deterioro del idilio con España, el congelamiento de las relaciones con la Santa Sede o el alineamiento con el populismo autoritario de Hugo Chávez, al que el kirchnerismo le debe su mayor escándalo moral, el de la valija de Antonini Wilson.
En esta dimensión internacional, el "modelo" por plebiscitarse parece ser tan rudimentario como el de la política local: la imposición de una voluntad individual cuya estrategia casi única es la mera conservación del poder.
Extracto del Editorial publicado por el diario La Nación


























