Dilma, salud y política
Infolatam
Sao Paulo, 5 mayo 2009
Por Clovis y Claudia Rossi
(Especial para Infolatam).- “…Claro que cabe a su partido resolver si ella es la candidata ideal, teniendo en cuenta su capacidad de administradora y su valor como política. Eso sería lo correcto. Lo humanamente correcto. Pero política y corrección humana no siempre caminan juntas. …Una encuesta, hecha por los estrategas de la eventual candidatura presidencial de Dilma, quiere averiguar el efecto electoral de la enfermedad.”
El anuncio de que la ministra Dilma Roussef se está tratando de un cáncer linfático causó algún alboroto en el escenario político brasilero. La ministra de la Casa Civil y coordinadora del Plan de Aceleración del Crecimiento (PAC, el mayor programa del gobierno Lula), es la candidata del presidente Luiz Inácio Lula da Silva a su sucesión en las elecciones de 2010.
Los pronósticos médicos dicen que ella estará totalmente curada dentro de unos nueve meses, o sea, en enero del 2010, con tiempo, por lo tanto, de participar de la elección presidencial marcada para el mes de octubre del próximo año. Sin embargo, enseguida empezaron las especulaciones.
A partir de ahora, lo correcto debería ser dejar a la ministra tranquila durante los cuatro meses en que se someterá a la quimioterapia para que ella pueda, después, decidir si se siente, o no, en condiciones de ser candidata. Claro que cabe a su partido resolver si ella es la candidata ideal, teniendo en cuenta su capacidad de administradora y su valor como política. Eso sería lo correcto. Lo humanamente correcto. Pero política y corrección humana no siempre caminan juntas. Lo que se ve es la preocupación del impacto político en los electores del anuncio de la potencial candidata y ya se discute explotar la enfermedad para aumentar su popularidad, atrayendo solidaridad y simpatía. Una encuesta, hecha por los estrategas de la eventual candidatura presidencial de Dilma, quiere averiguar el efecto electoral de la enfermedad.
Según Lula, nada cambia. Para eso, él tendrá que contener el apetito de los aliados y Dilma, además de combatir el cáncer, debe domar el miedo del electorado, quien aun asocia la enfermedad a la fatalidad y teme que, aunque que la ministra se cure, podrá en el futuro tener problemas serios de salud que comprometan su capacidad de gobernar.
Y tienen motivos para preocuparse con eso. Aunque el cáncer sea una molestia en la cual son arriesgados los pronósticos definitivos, hay en la memoria colectiva varios casos de intersección entre la política y enfermedades o tragedias que acabaron cambiando los rumbos del país.
En la década de 70, un presidente militar, general Figueiredo, encargó a un civil, el ministro Petronio Portela, la negociación con la oposición de la apertura gradual del régimen. Enfermo, Portela ocultó su estado de salud, con la esperanza de ser el primer presidente civil desde el golpe militar de 64. No tuvo tiempo para eso. Murió.
En 1984 el movimiento popular para las elecciones directas llevó a Tancredo Neves, el primer civil, aunque electo sin participación popular, al poder. Mantuvo en secreto absoluto su enfermedad para no provocar una reacción de los militares a su toma de posesión. Murió antes de asumir la presidencia. Su vice, José Sarney, quien hasta hace poco servía a la dictadura, asumió.
Durante su gobierno, cuando la inflación explotaba, Sarney convocó al empresario Dílson Funaro a asumir el comando de la economía. Funaro implementó el Plan Cruzado que derrumbó la inflación de un solo golpe. Las encuestas lo apuntaban como el favorito para suceder a Sarney. Su campaña ya se estaba organizando cuando recibe el diagnostico de cáncer linfático (el mismo de Dilma). Ni llega a disputar las elecciones. Murió antes.
Claro que no todas las luchas tienen un final tan trágico. El vicepresidente de Lula, José Alencar, traba una batalla feroz contra el cáncer hace aproximadamente 10 años, ya se sometió a 6 cirugías y siempre está optimista y bien humorado en sus apariciones públicas.
Hay que ver si se hará lo correcto o si la enfermedad de la ministra será usada como arma electoral incluso antes de que se sepan los resultados del tratamiento.

























