El otro “catarrito”
El Universal
México D.F., 26 de abril de 2009
Por Ricardo Alemán
“Para la administración de Calderón atender de manera eficaz y oportuna el brote epidémico es vital. Marcelo Ebrard y Enrique Peña -los más aventajados aspirantes a Los Pinos- se juegan su futuro a una carta: la eficacia ante un adversario natural que los puede mandar a la lona. Si sale de control la epidemia en el valle de México, adiós candidatura para Ebrard y Peña. La influenza los habrá matado. Políticamente, claro…”. (El Universal. México)
"…No sabemos si en respuesta a una lección aprendida semanas atrás -luego del escandaloso ridículo por el "catarrito" de la crisis económica-, lo cierto es que con un retraso de horas vitales, el gobierno federal reaccionó con eficacia para contener lo que hasta el pasado viernes fue identificado como "brote epidémico" de influenza porcina.
Parece asistir la razón a quienes señalan que la reacción fue tardía -ya que los primeros reportes del brote aparecieron el 13 de abril-, pero una vez confirmado el riesgo el jueves 23, la respuesta del gobierno federal y de los estatales del DF y mexiquense, parece haber sido efectiva. Se habría estacionado el brote epidémico.
Es casi un hecho que la semana que inicia continuarán las medidas emergentes -como suspender actividades escolares y espectáculos masivos-, ya que el gobierno de Felipe Calderón, y los estatales de Marcelo Ebrard y Enrique Peña Nieto, se juegan mucho más que la salud de 20 millones de personas, se juegan el cargo.
Y es que más allá de la eficacia del cerco sanitario desplegado en el valle de México, lo cierto es que Calderón, Ebrard y Peña deben explicar la razón por la que no tomaron medidas emergentes en la semana del 13 al 17 de abril. ¿Descuido, apatía, o la visita de Obama, como se especula? Por lo pronto, sorprendió que el arqueólogo Felipe Solís -director del Museo de Antropología- falleciera días después de la visita de Obama a ese recinto. Murió de neumonía.
Por lo demás -y aunque a muchos parece excesivo o exagerado-, son prudentes y atinadas la medidas decretadas por el gobierno federal y seguidas de inmediato por Ebrard y Peña Nieto para contener el brote epidémico y para evitar pánico. Y son atinadas por dos razones vitales.
Primero, porque una de las responsabilidades fundamentales del gobierno, en tanto parte esencial del Estado -sea municipal, estatal o federal- es precisamente preservar la seguridad y la vida de las personas. Y ante el embate epidémico como la influenza porcina, el Estado -y Felipe Calderón es el jefe del Estado-, debe proveer lo necesario para contener el brote, impedir que se convierta en epidemia, y velar por la salud de los ciudadanos infectados. Y para ello requiere echar mano de todos los recursos.
Segundo, porque el brote epidémico se produce justo al inicio del proceso electoral federal más importante del sexenio -la renovación de la Cámara de Diputados- y en buena medida el proceso será un referéndum. Es decir, los ciudadanos calificarán el desempeño del gobierno. Para la administración de Calderón atender de manera eficaz y oportuna el brote epidémico es vital; lo coloca ante la encrucijada de salir del trance como un estadista o, en caso contrario, quedar en calidad de gobernante bananero.
Marcelo Ebrard y Enrique Peña -los más aventajados aspirantes a Los Pinos- se juegan su futuro a una carta: la eficacia ante un adversario natural que los puede mandar a la lona. Si sale de control la epidemia en el valle de México, adiós candidatura para Ebrard y Peña. La influenza los habrá matado. Políticamente, claro…".
Extracto del artículo publicado por el diario El Universal


























