Elecciones Ecuador: Triunfo sin épica
Infolatam
Quito, 25 abril 2009
Por Simon Pachano
(Especial para Infolatam).- “….Más allá de la retórica estatista de la nueva Constitución, hasta el momento no hay señales de grandes transformaciones y de decisiones trascendentales en la economía. El anunciado socialismo del siglo XXI no aparece más que en los discursos del Presidente y corre el riesgo de convertirse en la irónica consigna de un programa de ajuste o, peor aún, en el anuncio del fin de un experimento cargado de retórica.
Al triunfo seguro en estas elecciones no se le puede atribuir mayor mérito cuando se observa a los contendientes. El combate épico es el que se iniciará desde el día siguiente. Es el que se realizará en el campo de la economía y el que verdaderamente definirá el futuro del liderazgo de Rafael Correa y de su “Revolución Ciudadana”. Eso no es lo que se jugaba en la elección de este domingo”
Si todo sale como anuncian las encuestas, Rafael Correa será reelegido este domingo sin necesidad de ir a una segunda vuelta. Sería la primera vez, en los treinta años que rige la modalidad del ballotage, que se produciría un hecho de esta naturaleza en Ecuador. De acuerdo a esos mismos sondeos sería también la primera vez que un presidente podría contar con mayoría en el órgano legislativo. Los últimos datos disponibles colocan en alrededor del 50% la intención de voto por el presidente-candidato, a una distancia de más treinta puntos de su inmediato seguidor, el ex presidente Lucio Gutiérrez. Por su parte, las listas de Acuerdo País, el partido gubernamental, conseguirían algo más de los 63 escaños que constituyen la mayoría absoluta. Al parecer, la suerte está echada y Rafael Correa podrá mantener el control de todas las instituciones, como sucede actualmente, pero está vez con el aval del respaldo popular.
Tres factores pueden explicar esta situación que resulta insólita para un país que ha vivido en permanente inestabilidad durante los últimos quince años. En primer lugar, la crisis de los partidos políticos llegó a su fase terminal sin que se presenten otras organizaciones y otros liderazgos de recambio. La ausencia de propuestas que caracterizó a la campaña es un síntoma del enorme vacío que existe en el campo que no está alineado con la "Revolución Ciudadana" de Correa. Esto ya fue evidente en la elección de asambleístas para la Constituyente, en septiembre de 2007, cuando los partidos que habían dominado la escena durante todo el período democrático apenas alcanzaron una representación inferior al 5% de los puestos. Junto a ellos, los partidos que surgieron en las elecciones previas, liderados por Lucio Gutiérrez y Álvaro Noboa, no sumaban ni la quinta parte del total de asambleístas. Por tanto, la elección de este domingo
es la continuación de esa tendencia que consolidará a Correa como el actor único y todopoderoso en el escenario político.
En segundo lugar, es innegable que Rafael Correa tiene ese conjunto de cualidades que dan vida a los liderazgos fuertes y, como se ha dicho reiteradamente, a prueba de golpes. Su voluntad política y la decisión de enfrentarse al viejo sistema han sido claramente apreciadas por una enorme mayoría que no ha reparado en las violaciones legales y constitucionales que ha utilizado el mandatario. Después de una década y media de inestabilidad, de gobernantes débiles y de inmovilismo político, amplios sectores sociales parecen estar dispuestos a soportar todas esas irregularidades si con ellas van a obtener el amplísimo cúmulo de promesas que se encierran en la revolución correista. En otras palabras, el fin se impuso a los medios, de modo que no se pone en cuestión el uso de las mismas prácticas que se condenó en los denostados partidos y en general en los políticos de la vieja guardia. La voluntad del líder es suficiente, especialmente cuando ha demostrado con hechos que está dispuesto a arrasar con todo lo que se interponga a su paso. En ese sentido, la elección del domingo será la ratificación de Correa y demostrará que todos y cada uno de los votos que vayan a las listas de su partido le pertenecen exclusivamente a él y a nadie más.
En tercer lugar, en los dos últimos años se han marcado los niveles más altos de ingresos en la historia ecuatoriana. Los altos precios del petróleo fueron el elemento fundamental para que ello sucediera, pero no fue despreciable el aporte de las remesas de los emigrantes ecuatorianos. A pesar del impacto de la crisis internacional y de la negativa del gobierno a tomar medidas antes de las elecciones, el deterioro de las condiciones económicas no ha alcanzado el nivel en el que pudiera afectar a la popularidad del Presidente y erosionar el apoyo a su gobierno. Para buena parte de la población sigue siendo una época de relativa bonanza, aunque los índices de desempleo y de subempleo se encargan de demostrar que ella ya es parte del pasado y que se viven otras condiciones.
Los últimos dos factores pueden sufrir cambios a partir del lunes, no tanto por los resultados electorales, sino por las medidas que inevitablemente deberá tomar el gobierno. En el plazo más corto posible deberá enfrentar la crisis, lo que en lenguaje claro y sencillo significa que deberá afectar intereses. Más allá de la retórica estatista de la nueva Constitución, hasta el momento no hay señales de grandes transformaciones y de decisiones trascendentales en la economía. El anunciado socialismo del siglo XXI no aparece más que en los discursos del Presidente y corre el riesgo de convertirse en la irónica consigna de un programa de ajuste o, peor aún, en el anuncio del fin de un experimento cargado de retórica.
Al triunfo seguro en estas elecciones no se le puede atribuir mayor mérito cuando se observa a los contendientes. El combate épico es el que se iniciará desde el día siguiente. Es el que se realizará en el campo de la economía y el que verdaderamente definirá el futuro del liderazgo de Rafael Correa y de su "Revolución Ciudadana". Eso no es lo que se juega en la elección de este fin de semana.


























