Bloqueados por su bloqueo

Cambio
Bogotá, 16 de abril de 2009
Por Rodrigo Pardo

“El embargo contra Cuba es una estrategia equivocada, perversa y contraproducente, que no se puede cambiar. En el tema de Cuba, igual que en el de las drogas ilícitas, Estados Unidos está amarrado a una política que no funciona pero que no puede cambiar. El presidente Barack Obama lo sabe, por supuesto, y por eso acaba de moverse en el limitado espacio que tiene para suavizar el bloqueo: aumento de las licencias de visitas, envío de remesas y transporte de mercancías a la Isla. Pero, al menos por ahora, el embargo sigue.”. (Cambio. Colombia)

"…El embargo contra Cuba es una estrategia equivocada, perversa y contraproducente, que no se puede cambiar.

En el tema de Cuba, igual que en el de las drogas ilícitas, Estados Unidos está amarrado a una política que no funciona pero que no puede cambiar. El presidente Barack Obama lo sabe, por supuesto, y por eso acaba de moverse en el limitado espacio que tiene para suavizar el bloqueo: aumento de las licencias de visitas, envío de remesas y transporte de mercancías a la Isla. Pero, al menos por ahora, el embargo sigue.

Sigue a pesar de que no ha logrado su objetivo –debilitar el régimen de Castro- sino todo lo contrario: ha contribuido a su antidemocrática supervivencia porque les ha permitido a los hermanos Castro echar mano de la agresión yanqui para construir solidaridad y apoyo de sus gobernados. Y hacer creer que el bloqueo, y no el Gobierno, es el culpable del atraso, de la falta de bienes esenciales y del subdesarrollo.

La arrogante política le ha dejado a Estados Unidos otros daños colaterales: amplias mayorías en Naciones Unidas lo censuran cada año, los europeos han aprovechado las escasas oportunidades de inversión y comercio en la Isla , y en América Latina ha contribuido a consolidadar un sentimiento anti E.U. No menos importante es que la consecuencia concreta de las sanciones económicas –la escasez— no ha golpeado a la elite gobernante sino a la población en general.

A pesar de que en la academia, los medios e incluso en sectores del Congreso estadounidense verían con simpatía el desmonte del embargo, la decisión de mantenerlo se explica por la importancia estrategia del grupo cubano-americano del Capitolio que, en ocasiones claves, hace de fiel de la balanza. La importancia de la Florida en las dos elecciones de Bush aumentó ese poder, y no puede desconocerse que las heridas abiertas durante la crisis de los misiles en 1962 no se han cerrado del todo en el alma gringa: ya no existen la Unión Soviética, ni el conflicto Este-Oeste, ni el comunismo pero la última expresión de la guerra fría sigue viva en las 90 millas que separan a la Florida de Cuba.

De modo que en La Habana tienen buenas razones para recibir con escepticismo las medidas de Obama. El apellido de la Secretaria de Estado no es el que genera más confianza. Bill Clinton alcanzó a suavizar el embargo, pero luego se endureció como un presidente con la mentalidad típica de la guerra fría, a raíz del incidente en el que los cubanos derribaron dos aviones gringos. Y si el nuevo gobierno repite errores del pasado, el buen primer paso de esta semana se quedará ahí. No convendría, por ejemplo, forzar el reingreso de Cuba a la OEA, que les interesa ni a los isleños. No hay que olvidar que el bloqueo no fue una decisión multilateral, ni una aplicación de la Carta Democrática firmada en 2001, sino una decisión que Estados Unidos adoptó en los años sesenta y formalizó en una ley interna.

Peor aún sería condicionar el levantamiento del embargo a que haya cambios en el régimen político de Cuba. La democratización es deseable para todo el mundo menos para los hermanos Castro y un pequeño grupo de burócratas, pero ningún país aceptaría compromisos para organizar el Estado a cambio del libre comercio. Si Washington vuelve a acoger la tesis imperial de exigirle democracia a Cuba para levantar el bloqueo, ¿estaría dispuesto a aplicarle el mismo rasero a Venezuela que no propiamente tiene un régimen ejemplar?

A la larga, lo más probable es que el bloqueo se acabe porque seguirá cayendo por su propio peso. Por anacrónico, infame e incongruente. Y porque Obama, que no le debe la residencia a los votos de la Florida, acaba de demostrar que no frenará la caída. Incluso, es posible que contribuya a ella así sea con un empujoncito.".

Extracto del artículo publicado por el la revista Cambio

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