Obama le gana la mano a Chávez y sorprende a los Castro
Infolatam
Madrid, 13 de abril de 2009
Por Rogelio Núñez
Obama (“un pobre ignorante”, según Chávez) no parece un novato en política internacional. Su decisión de levantar las restricciones a los cubanoamericanos para viajar a la isla y enviar remesas es un certero golpe de efecto: deja sin argumentos a Chávez en vísperas de la Cumbre de las Américas y obliga a los Castro a mover ficha ya que Obama no levantará el embargo hasta que Cuba se democratice.
Documento de la Casa Blanca sobre Cuba: “Fact sheet: reaching out to the cuban people”
El anuncio oficial del levantamiento de las restricciones se produjo en ingles y en español por el portavoz oficial del presidente Barack Obama, Robert Gibbs, y el consejero adjunto de Seguridad Nacional para América Latina, Dan Restrepo.
Comunicado oficial de la Casa Blanca que recoge la orden del Presidente de Estados Unidos levantando restricciones a Cuba:
“Today, the Obama administration announced a series of changes in U.S. policy to reach out to the Cuban people in support of their desire to freely determine their country’s future. In taking these steps to help bridge the gap among divided Cuban families and promote the freer flow of information and humanitarian items to the Cuban people, President Obama is working to fulfill the goals he identified both during his presidential campaign and since taking office… (sigue)
Nadie quería reconocer la verdad, ni siquiera Insulza: el tema cubano, gustara o no, iba a centrar gran parte de los debates de la Cumbre de las Américas y los titulares iban a girar más sobre las ofertas de Obama y las diatribas de Hugo Chávez en defensa de su admirado Fidel Castro que sobre la lucha contra la crisis y contra los cárteles del narcotráfico.
El escenario de Trinidad y Tobago parecía propicio para Chávez. Rodeado de acólitos y simpatizantes (Evo Morales-o su vicepresidente-, Rafael Correa, Daniel Ortega), el presidente venezolano tenía pensado convertir la Cumbre en un espectáculo a mayor gloria de sí mismo y de su principal aliado ausente, el régimen de los Castro.
Chávez además sabía que contaría, en la defensa de Cuba, con el beneplácito más o menos fuerte de Lula, Michelle Bachelet y Cristina Kirchner, quienes no hace mucho han pasado de visita oficial por La Habana.
Por si fuera poco, el sábado Chávez se entrevistó en La Habana con Raúl y Fidel Castro, sin duda para preparar la estrategia ante la cita de Puerto España. Pero el viejo zorro de Chávez se ha encontrado con un graduado en Harvard brillante.
Obama ("un pobre ignorante", según Chávez) no parece un novato en política internacional. Su decisión de levantar las restricciones a los cubanoamericanos, autorizándolos a viajar a la isla y enviar remesas a sus familiares es un certero golpe de efecto: deja sin argumentos a Chávez en vísperas de la Cumbre de las Américas y obliga a los Castro a mover ficha. Obama no levantará el embargo hasta que Cuba se democratice.
Obama ha empezado la partida tomando la iniciativa. Chávez no se quedará callado y más pronto que tarde buscará sacar ganancias de esta pérdida. Pero el venezolano ya sabe que enfrente no tiene a un presidente devaluado y amortizado, sino a un hombre con prestigio, legitimidad, un encanto especial y con capacidad de iniciativa e inventiva en el peligroso y resbaladizo tablero internacional.
Los que no confiaban en Obama (entre lo que me incluyo) deben reconocer que nos encontramos ante un político astuto y hábil (y muy bien aconsejado). Supo rodearse de un equipo experimentado, sobre todo en la trascendental área económica, y no tuvo empacho en sentar cerca de sí a rivales como Hillary Clinton.
En el tablero internacional parece haber tenido éxito en donde otros fracasaron: triunfó en la Conferencia de Londres del G-20 (donde fracasó Roosevelt en 1933); Kennedy nunca supo como afrontar el problema cubano y Obama le ha ganado la mano no sólo al régimen castrista sino que ha empezado a dejar sin argumentos a su adalid, Hugo Chávez.
Éste es sólo el principio. Quedan muchas horas de vuelo y muchas zancadillas. Pero ya nadie podrá considerar a Obama como un pobre indeciso, que así era como Kruchev veía a Kennedy.

























