¿Luz al fin?
Estado
Sao Paulo, 5 de abril de 2009
Por Fernando Henrique Cardoso
“En Londres, los líderes esperan que hacia fines del 2010 la economía fluya de nuevo. Aceptado. Eso si hubiera un restablecimiento de la confianza y del crédito y avances en el reordenamiento político y financiero del mundo. No obstante, si hubiese un fracaso, el proteccionismo y el nacionalismo bélico pueden volver a la escena. Espero, por lo tanto, que la reunión del G-20 no se quede en una oportunidad fotográfica”.(O Estado de Sao Paulo. Brasil)
"….. Desde Kant se sabe que la Paz Universal requiere de una Ley Universal. ¿Por qué la globalización financiera escaparía de esa condición? Sin embargo, sabemos que el fracaso de la Sociedad de Naciones, si bien no fue responsable de la 2 ª Guerra Mundial, abrió un espacio para que la crisis de 1929 despedazase al mundo en aislacionismos proteccionistas y, al final, en las guerras de conquista. Fue por la generosa visión de un mundo de paz y prosperidad que Roosevelt – como se ha visto en su correspondencia con Stalin durante la guerra – cedió tanto a los soviéticos. Quería construir la ONU manteniendo a la Unión Soviética, comprometida con el orden mundial. A pesar de la guerra fría y de muchos más avatares, la ONU evitó una guerra mundial.
Hoy en día, dado el fracaso de los estados nacionales para controlar la crisis financiera, la revitalización de un orden mundial empieza a encenderse. Hasta ahora, ante la impotencia de las instituciones de Bretton Woods para hacer frente a la marea de papeles tóxicos esparcidos en todo el mundo, lo que vimos fue al banco central de los EE.UU. y al Tesoro americano inyectando recursos de billones de dólares, tratando de dar liquidez al sistema bancario. Los resultados, sin embargo, no han sido muchos hasta la fecha. El mercado sigue siendo débil por el temor de los bancos para hacer nuevos préstamos y por la preferencia de los eventuales tomadores a resguardarse. Sólo quieren préstamos los que ya están quebrados. Los europeos, con los británicos al frente, más conservadores, inyectaron capital a los bancos y asumieron parcialmente su control. En consecuencia, hay un cisma que podría paralizar las decisiones de Londres: por un lado, Europa está tratando de evitar que los incentivos fiscales arruinen el futuro de su moneda, y por otro, los americanos, maestros de la magia para producir dinero respaldados en la confianza en el gobierno y en su economía, proporcionando liquidez y aumentando el déficit, sin mucha preocupación por el equilibrio fiscal.
Entretanto, como el mundo es ahora más plano, los chinos dieron el grito de alarma por la boca del Primer Ministro: ¿y si el dólar se devalua? Ciertamente, el problema hoy no es la inflación sino la deflación; las tasa de interés de EE.UU. pueden seguir en torno a cero. Pero, ¿será así mañana, cuando la deuda crezca hasta el punto de poner en cuestión, con el tiempo, la capacidad de recuperación de los presupuestos estadounidenses? Es significativo observar que en el G-20 se habló de una cesta de monedas para que sirva de reserva y se tomó la decisión de aumentar el capital del FMI, e incluso de utilizar los derechos especiales de giro, una especie de dinero internacional propio del FMI. En otras palabras: hay en el horizonte lejano lo que Keynes preveía y deseaba, la formación de una Autoridad Monetaria Central. ¿No será el Banco Central Europeo una vista previa de lo que puede ocurrir en las próximas décadas? ¿El Consejo de Estabilidad Financiera no podría ejercer una función eficaz en la coordinación de las políticas y en su control?
Un reordenamiento más profundo del sistema financiero global significaría un nuevo acuerdo político, del que estamos distantes. Pero así como el unilateralismo de los neoconservadores y de la administración Bush estiró la cuerda de ambos lados, invadiendo países y dando licencia a los mercados para hacer lo que quisiesen sin consultar a nadie, la actitud del gobierno de Obama (Hillary Clinton hablando hasta de incluir a los talibanes "moderados" (sic) en las negociaciones) pronostica algo mejor para el mundo. Gordon Brown fue perspicaz y atrajo a los emergentes para aumentar sus posibilidades de liderazgo, apostando a una mayor regulación. Ésta, con mayor legitimidad y ampliando el número de actores que deciden, tal vez sea la fórmula para hablar más en serio de en un mundo diferente y mejor. George Soros, la voz disidente y clarividente de las finanzas, puso otra condición para un punto de partida positivo: será necesario prestar mucho dinero para evitar mayores tragedias en los países pobres y en algunas economías emergentes. El G-20 habló de 1 billón de dólares de los EE.UU.. Es un comienzo.
Los activos mundiales perdieron de 30 billones a 50 billones de dólares de los EE.UU.. La ayuda de todo tipo, incluidos los incentivos fiscales, debe rozar los $ 2 billones, las promesas van hasta los $ 5 billones. En Londres, los líderes esperan que hacia fines del 2010 la economía fluya de nuevo. Aceptado. Eso si hubiera un restablecimiento de la confianza y del crédito y avances en el reordenamiento político y financiero del mundo. No obstante, si hubiese un fracaso, el proteccionismo y el nacionalismo bélico pueden volver a la escena. Espero, por lo tanto, que la reunión del G-20 no se quede en una oportunidad fotográfica."
Extracto del artículo publicado en O Estado de Sao Paulo. Brasil


























