El arrebato de Gándara

El Periódico
Guatemala, 30 de marzo de 2009
Por Dina Fernández

“El Ministro no se hace ningún favor cuando…afirma que un solo muchacho tiene en jaque al país entero… para erradicar el problema de las pandillas…elenfoque represivo por sí solo no sirve…por cada jefe de pandilla que sale del ring hay quince luchando por obtener su lugar….la sociedad debe responder ofreciendo lo que ningúno espera ya en los barrios marginales: atención, oportunidades, una alternativa a la violencia”. (El Periódico. Guatemala)

"El ministro de Gobernación, Salvador Gándara, se dirigió a las cámaras con los colochos alborotados, los ojos chispeantes, las fosas nasales dilatadas. "Es un asesino, un sinvergüenza", vociferaba iracundo. "Es un sanguinario y vamos a capturarlo". El merecedor de estos calificativos es un pandillero apodado el Smiley, a quien el encargado de la seguridad pública acusa de ser el "autor intelectual" de los ataques que provocaron terror en la ciudad el pasado martes.

…Gándara y su equipo deben entender que el fenómeno de las maras es el resultado de la conjunción de dos fuerzas opuestas y poderosas: la necesidad imperiosa de pertenencia que tienen los adolescentes y la capacidad arrolladora que tiene esta sociedad para marginar y excluir.

… los jovencitos que se conducen inapropiadamente -y vaya si los pandilleros resultan aquí ejemplares- lo hacen con un propósito. La meta puede ser llamar la atención, engancharse en una lucha de poder, buscar revancha o la aprobación de su grupo, o incluso mostrar una supuesta superioridad. Y la reacción que buscan provocar en nosotros es ira, rabia, pérdida de control (lo que luego justifica la conducta inapropiada).

¿Cuál es entonces la recomendación de los psicólogos al enfrentarnos a este tipo de conducta desafiante? Responder con la serenidad y la calma que el adolescente no espera. Desde luego, aquí no estamos hablando de las groserías que se despachan los "pubertulosos" normales, sino de crímenes que deben castigarse con toda la contundencia que manda la ley. Pero aun así, el principio es válido.

El Ministro no se hace ningún favor cuando presenta una hipótesis absurda y menos aún, cuando afirma que un solo muchacho tiene en jaque al país entero. ¡Que los glorifiquen así es precisamente lo que esos muchachos quieren! ¡Ni en su sueño más loco el Smiley se hubiera atrevido a aspirar a semejante honor! En vez de tener esos arrebatos de papá autoritario, lo que el Ministro debe hacer es seguir al pandillero y capturarlo con todo y cómplices.

Ahora bien, para erradicar el problema de las pandillas de raíz, no basta con los arrestos ni con los procesos. El enfoque represivo por sí solo no sirve por varias razones, pero la más simple es que por cada jefe de pandilla que sale del ring hay quince luchando por obtener su lugar. Para revertir esos números, la sociedad debe responder ofreciendo lo que ningúno espera ya en los barrios marginales: atención, oportunidades, una alternativa a la violencia.

Las maras son una consecuencia de familias desintegradas y sumergidas en la miseria. El problema no va a solucionarse mientras no despleguemos un esfuerzo auténtico y sistemático -donde participen Gobierno, organizaciones humanitarias, sector privado e Iglesia- por rescatar a esas familias y apoyarlas para que los niños no crezcan abandonados en la calle. Para que en los cinturones de miseria haya centros deportivos y culturales donde los jóvenes puedan forjar su identidad individual y encontrar sentido de pertenencia en lugar de entregarse a la violencia".

Extracto del artículo publicado por el diario El Periódico

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