Vecinos tóxicos

Infolatam
Nueva York, 24 de marzo 2009
Por Patricio Navia

(Especial para Infolatam).- “… Ante una situación de crisis económica interna, ni Washington ni México pueden darle prioridad a los temas de sus vecinos en las relaciones bilaterales. Ambos gobiernos comprensiblemente presionan para que el vecino ceda y acepte alterar el orden de prioridades en la agenda bilateral. Si el desafío ya era difícil, el hecho que por primera vez en la historia se produzca la interacción de un gobierno demócrata en Washington con un gobierno derechista en México complica aún más el cuadro.”

Las relaciones entre México y Estados Unidos pasan por un mal momento. La visita de la Secretaria de Estado Hillary Clinton a la Ciudad de México tiene más que ver con un esfuerzo por reducir tensiones y evitar el escalamiento de acusaciones mutuas que con propuestas concretas para retomar el rumbo de cooperación bilateral. Como si la extensa frontera que comparten de pronto se hubiera convertido en activos tóxicos, tanto México como Estados Unidos sienten que sus problemas, desafíos nacionales y esfuerzos por enfrentarlos adecuadamente no son comprendidos al otro lado de la frontera.   

Por los últimos 8 años, los gobiernos de Vicente Fox primero y Felipe Calderón después tuvieron como contraparte en Washington a un presidente republicano.  Con la victoria de Obama, por primera vez México con un gobierno del derechista PAN, Partido Acción Nacional, va a relacionarse con una administración del Partido Demócrata en Estados Unidos. Históricamente, los gobiernos republicanos o demócrata se tenían que ver las caras con presidentes mexicanos del centro-izquierdista PRI. Ahora, la Casa Blanca está ideológicamente más a la izquierda que el gobierno mexicano.  

Ya que no hay precedentes históricos para este tipo de relaciones, Obama y Calderón deberán buscar formas de entendimiento que resulten en mutuo beneficio. Las circunstancias no podían ser menos ventajosas. Estados Unidos atraviesa por la crisis económica más severa desde 1929. El desempleo, la recesión económica y las voces que piden políticas más proteccionistas se sienten fuertes en Washington. Las promesas de campaña de Obama a favor de posturas más revisionistas sobre el tratado de libre comercio con México aumentan las tensiones. El aumento del desempleo alimenta posturas anti-inmigración ilegal en Estados Unidos. Las condiciones en Estados Unidos son poco favorables para avanzar los temas que preocupan a México en la agenda bilateral. 

Por su parte, México atraviesa por una crisis de doble magnitud. Por un lado, la economía está sufriendo profundamente los efectos de la crisis estadounidense. Tanto por la caída en las exportaciones hacia Estados Unidos como por la menor cantidad de remesas que envían los mexicanos que trabajan al otro lado de la frontera, México sufre con intensidad la crisis estadounidense. Pero los problemas de México no son solo causados por la difícil situación económica. Por razones que bien pudieran ser justificadas, el Presidente Calderón optó por declarar una guerra frontal al narcotráfico. Aunque Calderón ha logrado avances notables y la comunidad internacional ha celebrado sus esfuerzos, los resultados de esta guerra no son tan esperanzadores como el gobierno hubiera querido. La violencia ha aumentado y los carteles de la droga han reaccionado con violencia. Aunque siempre es mejor que los problemas salgan al descubierto y no se sigan gestando en la negación oficial, la guerra contra el narco ha alimentado la percepción popular de que la seguridad pública en México ha empeorado desde que Calderón llegó al poder.  

Con poderosos argumentos, México ha presionado a Washington para que se sume a los esfuerzos por combatir a los carteles de la droga. Reaccionando ante informes oficiales de Estados Unidos que cuestionan la capacidad de México para garantizar la seguridad y el Estado de Derecho, el gobierno mexicano ha subrayado la responsabilidad compartida por ambos países en el creciente problema de la violencia asociada a los carteles de la droga.  

En suma, a los ya complicados problemas existentes relacionados con el libre comercio y la inmigración, se ha sumado ahora el del narcotráfico. La seguridad de la frontera se ha convertido en un tema cada vez más contencioso. Si Estados Unidos quiere colaboración de México para reducir  la cantidad de inmigrantes indocumentados y drogas que cruzan la frontera, México quiere ayuda tanto para asegurar el flujo de bienes desde su alicaída economía hacia los mercados estadounidenses como para reducir el tráfico ilegal de armas desde la frontera norte.  

Pero ante una situación de crisis económica interna, ni Washington ni México pueden darle prioridad a los temas de sus vecinos en las relaciones bilaterales. Ambos gobiernos comprensiblemente presionan para que el vecino ceda y acepte alterar el orden de prioridades en la agenda bilateral. Si el desafío ya era difícil, el hecho que por primera vez en la historia se produzca la interacción de un gobierno demócrata en Washington con un gobierno derechista en México complica aún más el cuadro. Obama y Calderón vienen de mundos ideológicos y personales muy distintos. Por eso, cuando miran hacia la frontera, tanto la Casa Blanca como el palacio de Los Pinos en México no pueden dejar de pensar que la relación en el país vecino produce, al menos de a ratos,  el mismo desaliento y temor que causan los activos tóxicos en la economía estadounidense.

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