Kirchner apuesta fuerte en un escenario electoral incierto
Infolatam
Buenos Aires, 15 marzo 2009
Por Manuel Mora y Araujo
(Especial para Infolatam).- “… Con la base en los datos que maneja la consultora Ipsos-Mora y Araujo, el kirchnerismo difícilmente superaría el 35 por ciento ni caería por debajo del 30 por ciento. La tasa de aprobación al gobierno de Cristina está algo por encima del 35 por ciento, y muy estable desde hace cuatro meses”.
Al anticipar la fecha de la elección legislativa, Néstor Kirchner juega cartas que conoce y sabe usar. Tomando la iniciativa una vez más, logra recuperar un primer plano, divide a la oposición y frena el drenaje de descontentos en sus propias filas. Hay muchos argumentos legales y políticos para cuestionar un súbito adelantamiento de la elección.
Pero lo cierto es que la idea de acortar las campañas y resolver el trámite electoral en poco tiempo, a muchísima gente no le parece tan mala idea; si la treta beneficia o no al kirchnerismo, a gran parte de la población la tiene sin cuidado. De hecho, el gobierno opositor de la provincia de Catamarca adelantó la elección recientemente (e infringió a Kirchner su primera derrota del año), Mauricio Macri adelantó la elección en la Ciudad de Buenos Aires, el gobierno opositor gobierno de Santa Fe también.
Hasta hace poco, Kirchner opinaba en contra del adelantamiento de las elecciones. ¿Por qué esté súbito cambio de idea? Está claro que ningún gobierno adelanta elecciones si no piensa que le irá mejor más pronto que más tarde. El gobierno argentino parece haber tomado conciencia ahora del serio deterioro de la economía y sobre todo de las perspectivas poco alentadoras para los próximos meses. Piensa que los riesgos electorales son menores ahora de lo que serán en octubre.
Aun así, los pronósticos electorales son dudosos. Es posible que el kirchnerismo obtuviera menos votos si se votase en octubre que si se vota en junio; pero ¿cuánto menos? Con base en los datos que maneja la consultora Ipsos-Mora y Araujo, el kirchnerismo difícilmente superaría el 35 por ciento ni caería por debajo del 30 por ciento. La tasa de aprobación al gobierno de Cristina está algo por encima del 35 por ciento, y muy estable desde hace cuatro meses. Cierto, la economía en desaceleración puede costarle al kircherismo algunos votos dentro de esas cotas, pero muchos de esos votos ya los perdió.
En cambio, un riesgo mayor es que el 60 o 70 por ciento de quienes no están dispuestos a votarlo se alineen detrás de una coalición única e inflijan al oficialismo una derrota apabullante. Sin duda, es más difícil que eso ocurra en tres meses que en siete meses, pero la probabilidad de que ocurra en siete meses es de todos modos bajísima. La oposición a Kirchner está fragmentada, sus liderazgos son débiles, no genera propuestas y no despierta ni ilusiones ni entusiasmo en la población.
A falta de un pronóstico, es más conducente analizar escenarios alternativos y sus posibles consecuencias. Hay un escenario (I) en el que el peronismo de Kirchner obtiene la primera minoría en el conjunto del país con su 35 por ciento y es ganador en la provincia de Buenos Aires. En otro escenario (II) Kirchner termina en paridad con otras fuerzas. En un tercer escenario (III) es derrotado. Dada la incertidumbre, los tres escenarios son igualmente probables, pero sus consecuencias son muy distintas.
Si ocurre el escenario I, Cristina seguiría gobernando, con las mismas dificultades con las que gobierna desde que asumió pero sin mayores cambios. Dispondría de casi dos años sin perturbaciones electorales y podría enfocar la atención en administrar la crisis y llegar a la elección presidencial de 2011 con alguna esperanza.
Si ocurriese el escenario II, Kirchner procuraría rehacer las alianzas políticas para poder gobernar con mayorías inestables y cambiantes. Trataría de tomar la iniciativa cuantas veces pueda y especularía con que se mantenga la división de la oposición, que es su mayor ventaja política. Con todo, es previsible que la tendencia iría en su contra y que en 2011 estaría pensando en un sucesor confiable pero con otro perfil. Reutemann y Scioli son hoy los nombres posibles; en dos años, habrá que ver.
En el escenario III, los Kirchner procesan su derrota. Hay dos posibilidades: (III.1) gobiernan en un sistema político plural, flexibilizando su enfoque intransigente y confrontativo, sabiendo que serían lame ducks hasta el final; o (III.2) piensan en abandonar el gobierno antes de tiempo. En cualquier de los dos casos, el vicepresidente Julio Cobos sería la figura decisiva, ya sea articulando la diversidad política en el Congreso, ya asumiendo la presidencia. Cobos es hoy el político con los más altos índices de popularidad, y el único aceptable para los votantes de todas las coaliciones opositoras actuales.
Adelantando la elección, Kirchner juega fuerte; en un sentido, dobla la apuesta. Competirá encabezando la lista de candidatos en la provincia de Buenos Aires. Toma el riesgo de ser derrotado, no ya su partido (como en Catamarca) sino él mismo. Es conciente de que hay un escenario III, y va al todo por el todo, cuanto antes.
Para que Kirchner sea derrotado en Buenos Aires, es preciso que los votos no kirchneristas converjan hacia un candidato capaz de representar una opción ganadora posible y no meramente una opción testimonial. Si los dirigentes opositores siguen negociando y peleándose entre ellos en las trastiendas y en la televisión y hablando de todo menos de lo que a sus votantes les interesa oír, esa opción no va a producirse y los votos seguirán dispersos. Se necesita un candidato imbuido de la convicción de que esa es su misión y su objetivo, dispuesto a tomar la oportunidad sin preguntar demasiado a los demás. Francisco de Narváez, el dirigente moderado hoy cercano a Macri, eventual aliado de sectores peronistas disidentes, está en la mejor posición para intentarlo; pero no es el único.
La movida de Kirchner puede tener uno de dos efectos. Anticipando la elección, reduce los tiempos para las negociaciones, los acuerdos y las campañas opositoras. Pero por eso mismo puede ser la oportunidad para la emergencia de una candidatura opositora dispuesta a proyectarse sin perder más tiempo en conciliábulos. Kirchner ha redefinido la cancha, que ahora es apropiada para los más audaces. Está todavía vivo el recuerdo de la provincia de Misiones en 2006, cuando el cura Piña salió a jugar con gran audacia, sumó votos a diestra y siniestra y enfrentó y derrotó al kirchnerismo. Ese es el mayor riesgo que toma Kirchner en esta apuesta a todo o nada.

























