Pelea para largo

Infolatam
Bogotá 7 de marzo 2009
Por Alfonso Cuéllar

“… Hay que reconocer que en Colombia la acción militar contra Reyes tiene amplio apoyo; hay muy pocos arrepentidos. Es más, es posible que los libros de historia la recordarán como el punto de quiebre en la lucha contra esa guerrilla.
Es por esta diferencia de fundamental de opinión – que Correa y Chávez consideran una agresión la operación militar y que en cambio, en Colombia se piense erigir un monumento a los miembros de la fuerza pública que participaron en ella- que no será posible un rapprochement por mucho tiempo de los países liberados por Simón Bolívar”.

Este 7 de marzo se cumplió un año de la cumbre del Grupo de Rio realizada en Santo Domingo, República Dominicana, donde en vivo en directo millones de latinoamericanos vieron a los presidentes de Colombia, Venezuela, Ecuador y Nicaragua cantarse las verdades y luego abrazarse como compadres. Ese espectáculo de gestos amistosos entre el presidente colombiano Álvaro Uribe y sus homólogos Hugo Chávez, Rafael Correa y Daniel Ortega terminó sólo en eso – un espectáculo televisivo-. Un año después, las relaciones de Colombia con Ecuador y Nicaragua siguen muy mal, y con Venezuela hay una calma chicha.

La fragilidad de esa situación quedó expuesta esta semana, tras las declaraciones del ministro de Defensa colombiano, Juan Manuel Santos, donde dijo ""golpear a terroristas que sistemáticamente están atentando contra la población de un país, así estos no se encuentren dentro de su territorio, es un acto de legítima defensa". La frase de Santos, que coincidía con el primer aniversario del ataque colombiano contra el campamento del segundo comandante de las Farc, ‘Raúl Reyes', generó una polvareda en Ecuador y una airada reacción del gobierno venezolano.

Correa, quien despotrica cada semana contra el gobierno de Uribe, dijo "señor Santos, no se meta con Ecuador, no cometa ese terrible error" y lo calificó de "aspirante a emperadorcito". En Venezuela, tampoco tiene adeptos el Ministro: los describieron de "perverso" y sus declaraciones de "una agresión a la relación de convivencia y respeto que deben tener nuestros países".
Uribe, como ha sido su costumbre desde que estalló la crisis diplomática hace año, optó por apaciguar las aguas: le pidió mesura a Santos y lo desautorizó a medias. Eso, aparentemente, tranquilizó a tanto a Quito como a Caracas.

Pero como ocurrió en Santo Domingo, todo quedó en las mismas porque subsisten unas diferencias de hondo calado entre los tres países. Para el gobierno colombiano y su fuerza pública es inaceptable que varios miembros de la cúpula de las Farc tengan santuarios en Venezuela y Ecuador. Según informes de inteligencia conocidos esta semana, por lo menos dos miembros del Secretariado – Iván Márquez y Timochenko- y siete integrantes del estado mayor viven en Venezuela y dos en Ecuador.

Aunque tanto el gobierno de Chávez y el de Correa lo niegan, su credibilidad ante la opinión pública colombiana es nula dado el pasado reciente. Se ha comprobado que Reyes tenía un campamento permanente en territorio ecuatoriano. Por el lado de Venezuela, los correos del computador de Reyes han dejado mal parados a funcionarios venezolanos.

Aunque la teoría de defensa preventiva de George Bush ya no tiene a su principal promotor en la Casa Blanca, en Colombia aún hay quienes la consideran necesaria para combatir a las Farc. Hay que reconocer que en Colombia la acción militar contra Reyes tiene amplio apoyo; hay muy pocos arrepentidos. Es más, es posible que los libros de historia la recordarán como el punto de quiebre en la lucha contra esa guerrilla.

Es por esta diferencia de fundamental de opinión – que Correa y Chávez consideran una agresión la operación militar y que en cambio, en Colombia se piense erigir un monumento a los miembros de la fuerza pública que participaron en ella- que no será posible un rapprochement por mucho tiempo de los países liberados por Simón Bolívar.

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