Obama, la recuperación y América Latina

Infolatam
Madrid, 2 de marzo 2009
Por Federico Steinberg

La reactivación del consumo estadounidense volvería a poner en marcha una triangulación virtuosa entre Estados Unidos, Asia emergente y América Latina, que es la que ha permitido un crecimiento sin precedentes durante el lustro anterior a la crisis… Es posible hacer varias críticas a este aparente círculo virtuoso. …Pero a pesar de estas críticas, lo mejor que le podría pasar a la economía mundial sería que la inyección de gasto estadounidense lograra volver a activar este círculo y a impulsar el crecimiento en América Latina. Ya habrá tiempo después para llevar a cabo políticas que aseguren la aparición de otras fuentes de demanda en la economía mundial.

Obama acaba de presentar su primer presupuesto como Presidente de Estados Unidos. En un contexto de parálisis del sistema financiero, recesión económica y la falta de efectividad de la política monetaria, la política fiscal se ha convertido en el instrumento principal para compensar la caída de la actividad privada. La Administración estadounidense parece haber entendido esto mejor que nadie y ha presentado el presupuesto con el mayor déficit desde la Segunda Guerra Mundial, más de 1,75 billones de dólares o el equivalente 12,3% del PIB.

Esta inyección de gasto, en la que destacan las partidas para ampliar y modernizar el sistema de salud, para impulsar las energías renovables y para hacer frente a posibles nuevos rescates del sistema financiero, pretende asegurar que la recesión esté superada a principios de 2010, momento en el cual Obama se ha comprometido a empezar a reducir los gastos hasta llegar a un déficit de sólo el 3% en el presupuesto de 2013. Y durante el primer semestre de 2009, el aumento del gasto tiene como principales objetivos tanto evitar la deflación (que de producirse aumentaría todavía más el endeudamiento real de familias y empresas) como asegurar que el sistema financiero vuelva a la normalidad gracias a la recuperación de la confianza que insufle el dinero público.

Pero más allá de que la recuperación de la producción y el empleo estadounidense dependan de esta arriesgada apuesta, el éxito (o fracaso) de este ambicioso plan de reactivación tendrá implicaciones globales, especialmente en América Latina y Asia. Esto se debe a que el presupuesto estadounidense sigue siendo el principal instrumento que tiene la economía mundial para salir de la recesión porque, aunque no debería ser así, la economía estadounidense sigue siendo el consumidor y el prestatario mundial de última instancia.

La reactivación del consumo estadounidense volvería a poner en marcha una triangulación virtuosa entre Estados Unidos, Asia emergente y América Latina, que es la que ha permitido un crecimiento sin precedentes durante el lustro anterior a la crisis. China compraba materias primas, energía e inputs intermedios a América Latina (y también a otros países asiáticos), ensamblaba bienes de consumo y los exportaba para saciar la sed del consumidor estadounidense, que aprovechaba los bajos tipos de interés para financiarse. Naturalmente esto es una simplificación ya que algunos países de América Latina, sobre todo México, exportaban directamente a Estados Unidos o a la Unión Europea y además comerciaban entre ellos. Sin embargo, en líneas generales, puede afirmarse que el equilibrio financiero en el que China producía bienes finales y financiaba el déficit por cuenta corriente estadounidense, fue lo que permitió a muchos países latinoamericanos crecer a más del 5% y acumular superávit públicos y externos.

Es posible hacer varias críticas a este aparente círculo virtuoso. Primero, que generó excesos porque el endeudamiento del consumidor americano, alentado por la abundancia de liquidez global, era insostenible. Segundo, que relegaba a América Latina a un segundo plano porque la condenaba a exportar productos primarios, dificultando la diversificación de sus economías (esto sería cierto sólo en parte y habría que analizar caso por caso los distintos países de la región). Pero a pesar de estas críticas, lo mejor que le podría pasar a la economía mundial sería que la inyección de gasto estadounidense lograra volver a activar este círculo y a impulsar el crecimiento en América Latina. Ya habrá tiempo después para llevar a cabo políticas que aseguren la aparición de otras fuentes de demanda en la economía mundial.

 

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