Sigue la pelea

Infolatam
Bogotá, 25 febrero 2009
Por Salud Hernández-Mora

(Especial para Infolatam).- “El escándalo ha servido también para dejar claro las diferencias entre el ministro de Defensa Juan Manuel Santos y la Casa Nariño. Desde Washington, donde se encuentra en visita oficial, propuso cerrar el DAS y a los pocos minutos ya lo estaban desautorizando en la sede presidencial donde, al parecer, sus palabras sentaron muy mal.
Algunos íntimos de Uribe ven en Santos a un aspirante a sucederle que juega su propio partido y no el del mandatario quien, no conviene olvidar, pretende repetir mandato. ¿Qué pasará ahora?, ¿cuántas cabezas rodarán? ¿Cambiará el DAS? Pues salvo que Semana tenga guardado algún as bajo la manga que lo suelte este próximo domingo, no pasará nada de nada”.

Las relaciones entre la Corte Suprema y la Casa de Nariño son cada día más tirantes. Pese a que diversas voces gubernamentales se apresuraron a decir que nada tienen que ver con los pinchazos telefónicos a magistrados, periodistas y opositores políticos que destapó la revista Semana el pasado fin de semana, no sonaron convincentes en el alto tribunal. Entre otras, porque llueve sobre mojado.

Desde hace tiempo, el ejecutivo y el judicial mantienen un pulso a causa de las investigaciones de la parapolítica, que afectan, sobre todo, a amigos del gobierno. Aunque lo niegan, desde la sede presidencial se han dedicado a minar la credibilidad de los jueces frente a la opinión pública. Y los pinchazos parecen haber sido una de las armas.

Pero esta vez no son indicios sino hechos. Una de las revelaciones señala que tan solo a uno de ellos, el magistrado auxiliar Iván Velázquez, que lleva casos muy sensibles, le sometieron a una estrecha vigilancia, tanto que le interceptaron cerca de dos mil llamadas.

Es tal la desconfianza hacia el Ejecutivo, que el Supremo citó en sus oficinas al Fiscal General, al Procurador General y al director del DAS -organismo que supuestamente hizo las "chuzadas"- para que le reporten de primera mano el avance de las investigaciones. Y la dureza con que manifestaron su rechazo a esas prácticas y los señalamientos indirectos hacia Casa Nariño, muestran que no se conformarán con las evasivas de siempre.

El gobierno se escuda en que algunos de sus miembros también sufrieron los pinchazos, pero entre los afectados resulta difícil encontrar alguien dispuesto a creerle. Más bien piensan que si el DAS es un organismo de inteligencia que depende de la presidencia, Álvaro Uribe no puede seguir mirando para otro lado.

El escándalo ha servido también para dejar claro las diferencias entre el ministro de Defensa Juan Manuel Santos y la Casa Nariño. Desde Washington, donde se encuentra en visita oficial, propuso cerrar el DAS y a los pocos minutos ya lo estaban desautorizando en la sede presidencial donde, al parecer, sus palabras sentaron muy mal. Algunos íntimos de Uribe ven en Santos a un aspirante a sucederle que juega su propio partido y no el del mandatario quien, no conviene olvidar, pretende repetir mandato.

¿Qué pasará ahora?, ¿cuántas cabezas rodarán? ¿Cambiará el DAS? Pues salvo que Semana tenga guardado algún as bajo la manga que lo suelte este próximo domingo, no pasará nada de nada. Echarán algunos funcionarios, anunciarán la enésima reforma del DAS y volverán a las andadas cuando amaine el temporal. Al frente del organismo está desde hace tres semanas un hombre gris, de la máxima confianza de Alicia Arango, la secretaria privada de Uribe y la persona que en este momento acumula un poder desmesurado. Felipe Muñoz tiene más el perfil del mandadero fiel que del hombre fuerte capaz de darle un vuelco a un organismo de inteligencia que acostumbra desde su nacimiento a espiar opositores y críticos.

Tampoco en esta ocasión el Presidente saldrá tocado ante su legión de seguidores, pero pierde credibilidad ante ciertos gobiernos y ante organismos extranjeros que financiaron algunos de los equipos sofisticados que tiene el DAS para seguir los pasos de los criminales y no de los contrarios.

Conviene recordar que hace tres meses dimitió la directora del DAS por una orden de seguir al senador opositor Gustavo Petro, aunque ella no la impartió. Dos años antes cesaron de forma fulminante a doce generales de la Policía por otro escándalo parecido. Nunca se conoció el resultado de las investigaciones en ambos casos ni la imagen de Uribe sufrió el más mínimo deterioro en las encuestas. Es improbable que esta vez no ocurra lo mismo.

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