Chávez, el diálogo y un acuerdo nacional para superar la crisis
El Universal
Caracas, 22 de febrero de 2008
Por Roberto Giusti
“… Con los ingresos mermados casi a la tercera parte, un país que importa casi todo lo que se come y una crisis económica asomándose en el horizonte inmediato, el diálogo no sólo es posible sino necesario. Y no sólo con la oposición política sino con los sectores productivos, con los odiados capitalistas, con los trabajadores, ganaderos, agricultores, industriales, los únicos capaces de reactivar la economía”. (El Universal. Venezuela)
"Pugnaz por naturaleza, Hugo Chávez no es, como él mismo se autodefinió el 15 de febrero, bajo la mirada atenta de la prensa internacional, "un lanzapuentes". La inclinación hacia el diálogo, la tendencia al entendimiento y la consecuente necesidad de ceder y conceder, en un proceso de negociaciones, sólo lo deciden las circunstancias que influyan sobre sus objetivos estratégicos, valga decir, su determinación de mantenerse indefinidamente en el poder.
Si apenas un par de días después de aquel lanzamiento de puentes hacia la oposición se contradice flagrantemente al señalar que "el diálogo tipo pacto de cúpulas se acabó o que "no hay pacto con la oligarquía venezolana", es porque cuando dijo lo primero aún no se conocían los resultados electorales y le interesaba transmitir una imagen de apertura hacia el mundo. Pero cuando señaló lo segundo, fuera del país la mayor parte de la parafernalia comunicacional internacional, ya estaba montado sobre una mayoría de seis millones de votos.
Chávez sólo asume la humildad, esa misma que le pide ahora a la oposición, cuando no le queda otro remedio. De lo contrario, como ocurrió después del 6 de diciembre de 2007 o del 15 de agosto de 2004, sólo aflorarán una soberbia y una arrogancia cuyo tamaño e intensidad son proporcionales a la magnitud de su triunfo electoral…
….. Aunque el resultado electoral del 15F no le permite aplastar a sus oponentes ni, mucho menos, intentar acciones radicales como las de 2007, Chávez no considera ni necesario ni conveniente un diálogo con la oposición. ¿Diálogo para qué?, se preguntará, si lo tengo todo bajo control. Y ahí es donde surge el riesgo de la equivocación. Porque, como él mismo dice, "el socialismo no se negocia" si puede darse el lujo de financiarlo con el barril a cien dólares. Pero con los ingresos mermados casi a la tercera parte, un país que importa casi todo lo que se come y una crisis económica asomándose en el horizonte inmediato, el diálogo no sólo es posible sino necesario. Y no sólo con la oposición política sino con los sectores productivos, con los odiados capitalistas, con los trabajadores, ganaderos, agricultores, industriales, los únicos capaces de reactivar la economía.
Un diálogo que permita un acuerdo nacional, no para salvar a Chávez o a su gobierno, sino para preservar al país del caos social y político, tendría que ser prioridad angustiosa de un presidente cuya victoria electoral resultará apenas una anécdota pasajera en comparación con lo que pueda venir".
Extracto del artículo publicado por el diario El Universal


























