No será el último
Infolatam
Madrid, 19 febrero 2009
Por Federico Ysart
(Especial para Infolatam).- El estallido del entramado financiero de Stanford no será el último dentro de larga la cadena de fraudes y quebrantos que la crisis está sacando a la luz. Como en el caso Madoff, lo de Sir Allen Stanford es pura delincuencia; nada que ver con otras situaciones críticas en que caen desde hace seis meses entidades de crédito víctimas de pecados propios y ajenos, como las increíbles ineficiencias de los múltiples escalones de vigilancia que los sistemas financieros tienen establecidos. (sigue)
Aquí no parece haber depreciaciones de activos de por medio, ni daños colaterales de otras quiebras en las cuentas del entramado financiero; simplemente una vuelta más al "toma el dinero y corre", mezclada con el lavado de dinero procedente de la droga. Una cadena de televisión norteamericana informó ayer de que Stanford estaba bajo múltiples sospechas desde el pasado verano, a raíz de las informaciones facilitadas por dos antiguos empleados. Pero las actuaciones de policía financiera, de la SEC en este caso, cedieron el paso a las del FBI, la policía federal que investigaba las relaciones del sujeto en cuestión con diversos cáreteles de la droga. Todo un montaje digno de una nueva versión de la saga "Misión imposible".
Tambien como en el affaire Madoff, el nuevo delincuente prometía a través de su organización -casa de corretaje, banca privada, gestora de fondos- retornos del orden del 10%, al margen de las oscilaciones del mercado. Aunque el esquema parace que operativamente era bastante más sencillo; se limitaba a colocar certificados de depósito de su banco caribeño de la isla de Antigua a través de las cincuenta oficinas que tenía en todo el continente americano y el Caribe. En esa trampa cayeron cincuenta mil cándidos ciudadanos, buena parte de ellos naturales de países financieramente tan poco sofisticados como Venezuela, Ecuador, Perú o Panamá.
Este dato hace pensar en la pulsión de tantos latinoamericanos a sacar su patrimonio fuera de sus respectivos países. O, por pasiva, en el escaso atractivo o confianza que suscitan sus gobiernos y demás instituciones económicas. Uno de los países más afectados, a juzgar por los datos iniciales, es Venezuela, epicentro del nuevo socialismo del siglo XXI. Sin pensárselo dos veces, las autoridades incautaron la filial caraqueña de Stanford, salvando así con ello, tal vez, la pequeña parte de los depósitos venezolanos que no hubieran volado ya a Antigua. Y, de paso, tomando buena nota de los "patriotas" que prefirieron poner sus bolívares en dólares y fuera del país.
Curiosamente, el grupo Stanford nació durante la anterior gran crisis, en 1932, como una compañia de seguros en un poblado de Texas. Su creador fue el abuelo de Sir Allen Stanford como gusta ser presentado su actual presidente, un texano residente en las Vírgenes y ciudadano también de Barbuda y Antigua. Hace tan sólo dos años, el nuevo delincuente de cuello blanco fue distinguido por la OEA que preside el chileno Insulza con la "Excellence in Leadership Award", y por la Commomwealth con el título de Caballero.

























