La oferta opositora argentina empieza a organizarse
Infolatam
Buenos Aires, 17 de febrero de 2009
Por Manuel Mora y Araujo
(Espeical para Infolatam).- “…Si el kirchnerismo no dispone hoy de mucho más de un tercio de todos los votos, los dos tercios restantes configuran una potencialidad para el surgimiento de una opción alternativa; pero, mientras los ciudadanos encuentren ante sí una oferta fragmentada y desorganizada, bien pueden no llegar a nada. La necesidad de organizar está llevando a los primeros intentos de formación de alianzas políticas”.
La señal del senador Carlos Reutemann, semanas atrás, sugiriendo que podría aspirar a la candidatura presidencial, aceleró los tiempos en el campo opositor al gobierno kirchnerista. La premura por ocupar espacios en el vasto pero desorganizado campo opositor sacó de la modorra a dirigentes que no han definido todavía muy claramente su estrategia electoral para este año y mucho menos para la sucesión presidencial en 2011.
La situación política actual es la de un electorado dividido en tres franjas, de aproximadamente un tercio cada una: la que sigue apoyando al gobierno y al peronismo de Kirchner; la que se siente oposición, pero no termina de identificar cual de las distintas ofertas opositores cuadra mejor a sus propias preferencias; y la que no es ni kirchnerista ni decididamente opositora. Esta última es la que avala en mayor medida a dirigentes -peronistas o no, oficialistas o no, o no tanto- cuyos rasgos comunes no son sus propuestas programática sino su proclividad al diálogo y la convivencia: el vicepresidente Cobos, los gobernadores Scioli, Schiaretti, Macri y Binner, el senador Reutemann, el dirigente peronista bonaerense Felipe Solá, entre otros.
Los ciudadanos argentinos encuentran ante sí seis potenciales ofertas más o menos identificables: el kirchnerismo; la Coalición Cívica que lidera Carrió; el PRO que lidera Macri; la Unión Cívica Radical -sin liderazgos definidos-; los radicales que apoyaron a Kirchner hasta el conflicto con el agro y luego abandonaron la coalición oficialista, que lidera Cobos; y el heterogéneo espacio del peronismo no kirchnerista. Si el kirchnerismo no dispone hoy de mucho más de un tercio de todos los votos, los dos tercios restantes configuran una potencialidad para el surgimiento de una opción alternativa; pero, mientras los ciudadanos encuentren ante sí una oferta fragmentada y desorganizada, bien pueden no llegar a nada.
La necesidad de organizar está llevando a los primeros intentos de formación de alianzas políticas. El mes pasado fue Carrió con la UCR, ofreciendo algo más bien hacia el centro izquierda. Ahora llega el acuerdo entre Macri, el dirigente bonaerense De Narváez y Solá, que parece más de centro derecha, más afín al empresariado -pero con un ingrediente peronista que la torna popular-. Todavía es una gran incógnita lo que hará Cobos.
Qué demandan esos ciudadanos argentinos que parecen desorientados no es fácil de establecer. Algunos quieren simplemente gobernabilidad; otros esperan gobiernos de mejor calidad institucional; casi todos esperan bienestar y piensan que está en manos del gobierno proporcionárselo. En lo programático, es aun más difícil identificar líneas divisorias relevantes.
Tradicionalmente, los argentinos oscilan entre preferencias dominantemente productivistas y dominantemente distribucionistas. También oscilan entre preferencias por un mayor federalismo y preferencias centralista -esto es, un gobierno central fuerte-. El conflicto del gobierno con el agro, el año pasado, empujó a la sociedad una vez más hacia el productivismo y el federalismo. En esos dos ejes, el kirchnerismo está mal posicionado en la sociedad: es absolutamente centralista, y está atado -al menos en su retórica- a un distribucionismo anticuado.
La posible coalición de centro izquierda es más indefinida en esos ejes; comparte una propensión de la socialdemocracia y la izquierda latinoamericana a exaltar un igualitarismo distributivo que parece implicar que un mundo con mucha igualdad, aunque todos sean pobres, es mejor que un mundo donde los pobres sean pobres aunque los ricos sean más ricos. Ese principismo igualitarista suena a música ajena a los reales pobres que demandan estar mejor ellos, no que los ricos empeoren. (Precisamente en este plano radicó tradicionalmente la mayor fortaleza política del peronismo, que no proclamaba ni declamaba igualitarismo a ultranza sino la promoción y movilidad social de los pobres. Y también ahí está en estos tiempos su debilidad: no está alcanzando ese objetivo).
En cambio, la alianza Macri-De Narváez-Solá parece sintonizar con esa ola de expectativas sociales productivistas aparentemente creciente. Macri y De Narváez son percibidos como hombres de origen empresarial. Solá, ex gobernador peronista y un hombre vinculado y apreciado por los agricultores (fue también secretario de agricultura en la presidencia de Menem), se destacó por su activo apoyo a las demandas del campo en 2008.
Macri gobierna la Capital Federal; en Buenos Aires mantiene desde hace años un vínculo oscilante con Francisco De Narváez, un empresario muy rico que pretende ser peronista pero es identificado generalmente con posturas más conservadoras, como el mismo Macri. Solá ya gobernó la provincia de Buenos Aires. Pueden sustentar sus aspiraciones electorales; además, entre los tres suman.
La alianza entre Macri, De Narváez y Solá todavía tiene un buen trecho a recorrer para consolidarse. Pero es una señal fuerte para definir una identidad política, como quiera se la denomine. En los términos de las palabras más usadas en el mundo, es de centro derecha; además, contiene un importante componente peronista, lo que la hace potencialmente fuerte para obtener votos en los segmentos sociales de la pobreza. Sale a desafiar al kirchnerismo en la provincia más grande y más decisiva electoralmente, Buenos Aires. Empieza a cambiar el mapa político argentino.

























