La política energética ejemplar de Brasil
Infolatam
Madrid, 10 de febrero de 2009
Por Paul Isbell
(Especial para Infolatam).- “Brasil es el único país en el hemisferio que ha reducido considerablemente no sólo su dependencia excesiva de las fuentes externas de energías fósiles, sino también su dependencia en energías fósiles en sí mismas.
…el desafío energético más grande de Brasil será evitar la tentación de seguir a tantos otros productores del petróleo y de gas en el camino hacia el nacionalismo energético, especialmente una vez que los precios de petróleo comiencen a elevarse otra vez en el futuro (como seguramente, finalmente, lo harán), en una aventurada y desesperada tentativa del estado por monopolizar las rentas nacionales de los hidrocarburos”.
Ilustración: “Energía Pura”, de Cris Costa (Flicker)
Si Venezuela es actualmente el líder regional de los nacionalistas energéticos y escépticos de globalización – un grupo que el presidente Hugo Chavez ha tratado de articular en la formación llamada "Alba" – Brasil es la personificación del nuevo pragmatismo de la energía. Brasil es el único país en el hemisferio que ha reducido considerablemente no sólo su dependencia excesiva de las fuentes externas de energías fósiles, sino también su dependencia en energías fósiles en sí mismos.
Desde las crisis de energía de los años 70, Brasil ha mantenido coherentemente el apoyo estratégico a su industria de etanol a base de azúcar, ahora la más grande en el mundo. Por consiguiente, Brasil se ha convertido en líder mundial como productor y exportador de biocarburante, el cual cubre en el interior del país más del 25 % de las necesidades de energía de los sectores de transporte brasileños. Brasil también ha dado un toque a la energía hidroeléctrica (que supone el 80 % de las fuentes de la electricidad nacional), haciéndolo uno de los únicos países en el mundo, junto con Francia (donde la energía nuclear representa aproximadamente el 80 % de la mezcla de electricidad), en haber desplazado el predominio de combustibles fósiles en la mezcla eléctrica con una fuente de energía baja en carbón.
Además, como Petrobras ha evolucionado hacia una compañía petrolera internacional, descubriendo hasta posiblemente 50 mil millones de barriles de petróleo (junto con grandes cantidades de gas) en las provincias "offshore" del país y desarrollando su nicho como uno de los líderes mundiales en perforaciones de aguas ultra profundas, Brasil se ha convertido también en uno de los países de la historia reciente que ha pasado de ser dependiente de las importaciones del petróleo a ser autosuficiente (mientras mantiene una buena oportunidad de convertirse en un importante exportador en un futuro no muy lejano).
Por último, Brasil ha logrado importantes mejoras en sus perspectivas energéticas, manteniendo un modelo pragmático y basado en reglas orientadas al mercado, un modelo caracterizado por la significativa orientación del gobierno y la estratégica dirección estatal de la política energética nacional sin caer en la tentación de nacionalizar el sector energético, dejando fuera la inversión privada y extranjera y aprovechando todas las crecientes rentas del sector. El sector de los hidrocarburos permanece liberal y abierto, mientras el Estado es dueño de sólo una minoría – (40%) – de las acciones de Petrobras, la compañía petrolera nacional brasileña, y no se mete en las decisiones de inversión de la empresa.
El liderazgo regional de desarrollo de Brasil podría demostrarse útil en el esfuerzo hemisférico de ampliar el uso de biocarburantes. Considerando la persistencia de los defectos tradicionales del liderazgo regional brasileño, sin embargo, tales esfuerzos necesitan sostenerse en una colaboración más profunda hemisférica con EE.UU. Un ejemplo interesante y constructivo de tal colaboración es el Partenariado en Biocarburantes entre EE.UU y BRASIL recientemente lanzada.
En esta coyuntura, no obstante, Brasil también debería tratar de extender su revolución energética del etanol basado en azúcar a la producción de la segunda generación de biocombustibles de celulosa, e incluso más allá de los biocombustibles en sí mismos, hacia energías renovables como la eólica, la solar, la geotermal, entre otras, que son capaces de generar electricidad, reduciendo la excesiva dependencia del país – y de la región- de la energía hidroeléctrica, moderando la creciente demanda de gas y evitando la futura prisa desesperada por aprovechar el carbón. Además de producir controvertidos efectos medioambientales culturales y locales colaterales, la energía hidroeléctrica es mucho más vulnerable al impacto del cambio climático de lo que son estas otras fuentes "clásicas" de energías renovables.
Pero el desafío energético más grande de Brasil será evitar la tentación de seguir a tantos otros productores del petróleo y de gas en el camino hacia el nacionalismo energético, especialmente una vez que los precios de petróleo comiencen a elevarse otra vez en el futuro (como seguramente, finalmente, lo harán), en una aventurada y desesperada tentativa del estado por monopolizar las rentas nacionales de los hidrocarburos. Hasta ahora, el pragmatismo del presidente Lula sobre la política económica, en general, y la política energética, en particular, sugiere que Brasil siga poniendo este ejemplo realista para otros países en la región.
Pero los importante descubrimientos de petróleo en Santos y Campos, junto con el pico del precio de petróleo el verano pasado a US$145/bbl, han generado demandas de ciertos sectores en Brasil para cambiar considerablemente la legislación nacional de hidrocarburos, un desarrollo que probablemente minaría la revolución petrolera brasileña y la producción de gas actualmente en camino.
Tales demandas probablemente no prosperen en el actual entorno barato del petróleo, pero si hay una subida de precios otra vez en el futuro, el gobierno brasileño afrontará una presión intensa, no sólo para ajustar condiciones fiscales en la producción petrolífera, sino también para limitar el acceso del sector exterior y privado en el petróleo y el gas, y posiblemente hasta absorber Petrobras totalmente. Mientras, impuestos más altos y regalías podrían darse con precios superiores a los US$100/BBL, un monopolio estatal sobre el sector de hidrocarburos eliminaría su potencial a largo plazo de convertirse en un importante exportador neto.

























