Ante una nueva liberación de secuestrados
Infolatam
Oxford, 5 de febrero de 2009
Por Eduardo Posada Carbo
(Especial para Infolatam).- “…La posibilidad de unos nuevos diálogos de paz, si bien remota, no debe sin embargo descartarse bajo la administración de Uribe, sobre todo tras los duros golpes propinados por el Gobierno a las Farc en los últimos años. La inmediata liberación de quienes aún permanecen secuestrados –y el abandono de este crimen de lesa humanidad-, sería una señal importante para esa pronta paz negociada que tanto se anhela.
Por lo pronto, hay que celebrar la libertad de seis personas que nunca debieron estar bajo el poder de las Farc, víctimas como fueron de un horrendo y bárbaro crimen que todo el mundo repugna y condena, dentro y fuera de Colombia.”
Desde fines de diciembre pasado, existía expectativa en Colombia por la liberación de seis personas secuestradas por las Farc hace ya largos años. El anuncio de la decisión unilateral de las Farc se produjo tras un intercambio epistolar entre el líder de la organización guerrillera y un grupo de colombianos -encabezados por la Senadora Piedad Córdoba (del Partido Liberal) y un buen número de intelectuales-, que buscan reabrir la posibilidad de un diálogo hacia la paz. Después de más de un mes de tensiones, las liberaciones comenzaron a producirse el fin de semana pasado. Primero les correspondió a cuatro miembros de las fuerza pública. Después siguió el exgobernador Alan Jara. Y ahora al exdiputado Sigifrido López.
En medio de la natural ansiedad de los familiares de los secuestrados, y de la discusión sobre las condiciones para su liberación, las noticias han estado acompañadas de especulaciones sobre el significado de esta decisión de las Farc. Inicialmente, el Gobierno reaccionó advirtiendo que no permitiría “shows mediáticos” ni el involucramiento de protagonistas externos. Aunque se acordó la participación del Comité Internacional de la Cruz Roja, las Farc consideró que la presencia de este organismo no era suficiente garantía. El Gobierno autorizó a la Iglesia Católica como facilitadora en la liberación, pero fue rechazada por las Farc. Finalmente aceptaron el apoyo logístico ofrecido por el Gobierno del Brasil.
El inmediato impacto de la nueva liberación de los secuestrados ha sido, por supuesto, de general regocijo por el fin de la agonía de quienes han sufrido tántos años de tan inhumano cautiverio, y de sus familiares y amigos. Su liberación intensificará además el debate sobre la suerte de las numerosas personas que aún siguen secuestradas, y sobre las posibilidades de reiniciar diálogos con las Farc.
Según la revista colombiana Cambio los recientes desarrollos muestran “cierta disposición” por parte de las Farc “a buscar una salida política para el conflicto armado”: Las cartas de su líder serían señal de que “la nueva dirigencia adoptaría una posición más política” (07/01/09). La jefatura de Alfonso Cano, sucesor del legendario “Tirofijo” al frente de las Farc, representaría, según Carlos Castillo –columnista de El Tiempo y exfuncionario de la administración Samper-, “una línea menos guerrera y más estratégica”. ¿Pero estrategia con qué fin y qué medios? Para la revista Semana, el “gesto de la guerrilla” refleja “una cuidadosa estrategia para reconfigurar el difícil escenario político y militar en que quedó luego de los contundentes golpes que recibieron el año pasado”. En una entrevista a comienzos de año con la revista española Cambio 16, el líder de las Farc expresó que la organización guerrillera estaría dispuesta de dialogar con el Gobierno.
El que se reabra una pronta posibilidad a la búsqueda de una negociación que conduzca a la paz es, ante todo, la esperanza de muchos colombianos – un 60 por ciento, según la encuesta de Invamer-Gallup de diciembre, respaldarían la idea de “insistir en los diálogos hasta lograr un acuerdo de paz”- (Cambio, 07/01/09). Miembros del grupo Colombianos por la Paz anunciaron que seguirán en el propósito de convocar al diálogo. Para ello, plantean pedirle a las Farc “otras acciones humanitarias” que provoquen confianza en el Gobierno, además de las liberaciones de los que aún permanecen secuestrados, como la renuncia al “uso de armas indiscriminadas, las minas antipersonas y que se acabe el reclutamiento forzoso” (El País, Cali, 3/02/09).
Las razones para el “optimismo” sobre una pronta y efectiva negociación con las Farc para darle fin al conflicto colombiano -según lo advirtió un editorial de El Tiempo antes de las liberaciones-, serían “pocas”: ni en el tono del lenguaje de las Farc, ni en su insistencia en imponer condiciones para el diálogo que no parecen alejarse de su previa estrategia “hablar de paz para hacer mejor la guerra”, ni mucho menos en la continuidad de su accionar violento pueden encontrarse mayores indicaciones de una genuina voluntad para una seria negociación de paz (15/01/09).
Existe la generalizada sospecha de que las Farc, según lo expresó Semana, buscará aprovechar “estas liberaciones para dar inicio a una nueva ofensiva política” –“tratar de recuperar espacio político” sería según Alfredo Rangel su objetivo -. Es muy difícil saber en qué consistiría dicha “ofensiva política”. ¿Tendría, por ejemplo, significado de amplio alcance el que la liberación se produjese poco tiempo después de los cambios en la Casa Blanca? ¿Estaría dicha “ofensiva política” relacionada con el advenimiento de un nuevo ciclo electoral, del que las Farc buscarían sacar algún provecho? ¿Cuál sería el fin último de la “ofensiva política”: fortalecerse para mantenerse en pie de guerra o sentarse seriamente a negociar su abandono de la vía armada?
La posibilidad de unos nuevos diálogos de paz, si bien remota, no debe sin embargo descartarse bajo la administración de Uribe, sobre todo tras los duros golpes propinados por el Gobierno a las Farc en los últimos años. La inmediata liberación de quienes aún permanecen secuestrados –y el abandono de este crimen de lesa humanidad-, sería una señal importante para esa pronta paz negociada que tanto se anhela. Por lo pronto, hay que celebrar la libertad de seis personas que nunca debieron estar bajo el poder de las Farc, víctimas como fueron de un horrendo y bárbaro crimen que todo el mundo repugna y condena, dentro y fuera de Colombia.


























