La respuesta de Bachelet ante la crisis

Infolatam
Nueva York, 29 de enero de 2009
Por Patricio Navia

(Especial para Infolatam).-<strong> “…El más probable candidato presidencial de la coalición de gobierno, el ex presidente Eduardo Frei, ahora deberá sentirse agradecido que el gobierno de Bachelet ahorró los recursos en años de vacas gordas para gastarlos en este año de vacas flacas cuando los chilenos asistan a las urnas para escoger a su quinto presidente desde el retorno de la democracia.”</strong>

Si bien las crisis nunca son bienvenidas, cuando los gobiernos se han preparado para enfrentarlas, las crisis se pueden convertir en inmejorables oportunidades electorales para el gobierno y pueden demostrar que los ahorros en años de vacas gordas sirven una enormidad para reducir los negativos efectos de las crisis en años de vacas flacas. Después de varios años de política económica contracíclica, el gobierno de Michelle Bachelet puede ahora comenzar a gastar los recursos acumulados por el fisco en los buenos años. Además de disminuir los efectos negativos de la crisis, esta política contracíclica bien pudiera terminar convirtiéndose en el salvavidas electoral para la coalición de gobierno centroizquierdista. Si hasta hace unos meses la Concertación parecía destinada a enfrentar su primera derrota en una elección presidencial, la respuesta del gobierno a la crisis económica ha puesto a la Concertación en carrera para obtener una quinta victoria consecutiva en elecciones presidenciales en Chile desde el retorno de la democracia.

A los pocos meses de iniciado su gobierno, respondiendo a presiones por aumentar el gasto público, la Presidenta Bachelet confidenció que ella le preguntaba constantemente a su ministro de Hacienda Andrés Velasco por qué su gobierno no podía gastar más. Esto porque entonces el superávit operacional del Estado chileno permitía la extensa acumulación de recursos públicos gracias a las políticas macroeconómicas contra-cíclicas que se habían adoptado en el gobierno del ex presidente Ricardo Lagos y que se habían mantenido durante la administración de Bachelet. Las presiones por aumentar el gasto público ante la enorme acumulación de reservas en manos del Estado alcanzó su punto máximo cuando el también ex presidente y ahora senador Eduardo Frei públicamente cuestionó la utilidad política de “dejarle más de 20 mil millones de dólares al próximo gobierno” que, presumiblemente, no sería de la Concertación sino que de la oposición de centro derecha.

Si bien el gobierno accedió a relajar la estricta política contra-cíclica al reducir de 1 a 0,5% del PIB el superávit estructural en el presupuesto del gobierno, el disciplinado ministro de Hacienda Andrés Velasco mantuvo el énfasis en que los gobiernos deben ahorrar en los buenos años para así poder tener recursos para impulsar la actividad económica en los malos años.  Hasta fines de 2007, el Estado había acumulado  reservas superiores a 20 mil millones de dólares (alrededor de un 12% del PIB de entonces). Eran los años de las vacas gordas.

El rápido deterioro de la economía en los últimos meses de 2008 produjo comprensibles nervios en la clase política chilena. Si el gran problema económico en la primera mitad de 2008 fue la alta inflación, el enfriamiento de la economía en la segunda mitad del año convirtió al desempleo en el gran problema que debería enfrentar el gobierno de Bachelet en su último año.  La caída en el precio del petróleo y de otros bienes de importación terminó rápidamente con las presiones inflacionarias. Pero la caída en el precio del cobre—principal alimentador del gigantesco superávit fiscal de los años anteriores—también tensionó las cuentas públicas.

Después de insistir hasta el cansancio que el Estado debía ahorrar recursos para los años de las vacas flacas, el gobierno de Bachelet anunció inequívocamente que los años de las vacas flacas habían llegado y que era el momento de abrir la caja de ahorros fiscales. A comienzos de enero, Bachelet anunció un plan de estímulo al empleo, subsidios, inversión en infraestructura y capitalización de Codelco por 4 mil millones de dólares (aproximadamente un 2% del PIB). Este anuncio se sumó a anuncios anteriores que buscaban incentivar el negocio inmobiliario (y por lo tanto la construcción) y a subsidiar sectores golpeados por el enfriamiento económico (como la producción salmonera). Los analistas anticipan que el gobierno anunciará nuevos planes para estimular el empleo y subsidiar a los más pobres a medida que se acerque el invierno. Después de todo, hasta ahora los planes anunciados involucran gastos que corresponden sólo a menos del 20% de los recursos que el fisco acumuló en los años de vacas gordas.

Este aumento en el gasto público en subsidios e inversión en infraestructura ya ha repercutido positivamente en el nivel de aprobación de Bachelet. También ha despertado las ganas de distintos sectores por más gasto. Los temores ante la severidad de la crisis han llevado a muchos sectores a pedir tratamiento especial. El gobierno deberá ser cuidadoso en qué tipo de subsidios y nuevos programas invierte nuevos recursos provenientes de los ahorros fiscales. Las presiones evidentemente aumentarán a medida que la crisis llega con más fuerza al país.

Si bien nadie resultará inmune, la privilegiada posición del fisco chileno le otorga al gobierno de Bachelet  un margen de acción mucho más amplio que el poseen gobiernos vecinos. La rápida y efectiva reacción del gobierno de Bachelet permitirá que Chile enfrente la crisis con mejores herramientas y protecciones. Afortunadamente para la coalición de gobierno, esto también le permitirá mejorar sus chances de ganar la elección presidencial de diciembre de 2009. Después de todo, si aumenta el gasto público, resultará natural que la gente premie al gobierno por su rápida acción para minimizar los negativos efectos de la crisis.  El más probable candidato presidencial de la coalición de gobierno, el ex presidente Eduardo Frei, ahora deberá sentirse agradecido que el gobierno de Bachelet ahorró los recursos en años de vacas gordas para gastarlos en este año de vacas flacas cuando los chilenos asistan a las urnas para escoger a su quinto presidente desde el retorno de la democracia.

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