China y América latina: más allá de la crisis del 2009.
Infolatam
Madrid, 27 de enero de 2009
Por Javier Santiso
(Especial para Infolatam).- “… Lo que sí está seguro es que, para bien como para mal, América latina tendrá que considerar lo que ocurra o deje de ocurrir en Asia, y en particular en China. Los vínculos entre ambas regiones seguirán haciéndose más estrechos. Esto es algo que queda claro para ambas regiones, como lo simbolizaron, a finales del 2008, la entrada de China en el seno del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en calidad de país donante; la celebración de la 2ª cumbre empresarial China América Latina …
La actual crisis, desencadenada en los países OCDE, solo confirma la necesidad de mirar hacia nuevos rumbos, algo que América Latina y China vienen haciendo, de manera acertada, desde principios de este milenio.”
Foto de familia en las recientes Cumbres de la APEC
Las perspectivas macro-económicas para América Latina se han ensombrecido de cara al 2009. Los bancos de inversión como Deutsche Bank pronostican un crecimiento ahora inferior al 1,8% para el año 2009, en línea con organismos internacionales como la CEPAL. Algunos incluso, como JP Morgan, se atreven a pronosticar menos de 1% de crecimiento para el PIB regional en el 2009, países como Argentina o México entrando en recesión, con contracciones del PIB de -1% y -0,6% respectivamente.
Cualquiera que sean los pronósticos está claro que la bonanza macro-económica de los últimos años se acabó. No todos sin embargo comparten en el 2009 la misma suerte: si bien muchos crecerán a paso de tortuga, como Brasil o Colombia (2% y 2,5% respectivamente según JP Morgan), otros sin embargo seguirán detonando, con tasas de crecimiento todavía elevadas como en el caso de Perú (5,3%). No todos los sectores tampoco se verán afectados igualmente y sin duda la región conserva un potencial importante, en particular para operadores buscando mercados amplios: las economías latino-americanas que superan los 10 000 dólares de renta per capita ppp (umbral aceptado para el desarrollo de la clase media) suponen casi 400 millones de personas, el 75% de la población del continente latino. La región presenta de hecho del más del doble que las principales economías de Asia emergente.
De cara al 2009 una de las incógnitas para la región será precisamente Asia y en particular China. Para algunos países de la región como Chile, por ejemplo, Asia ya es la principal región de destino de sus exportaciones (35% de las exportaciones chilenas se destinan a esta región del mundo, más que hacia América del Norte o Europa). Para Perú, la cifra es de 19%, y otros como Brasil o Argentina también miran cada vez más hacia el Pacífico. De hecho, desde 1995, el intercambio comercial de América Latina y el Caribe con China se ha multiplicado por 13, pasando de 8 400 millones de dólares a más de 100 mil millones de dólares en el 2007. En el 2008, China se ha convertido de hecho en el segundo socio comercial de la región, justo después de los Estados Unidos. Por si fuera poco, los precios de las materias primas, que representan más de 60% del total de las exportaciones de América Latina, dependen en parte de esta demanda asiática, China devorando petróleo, cobre, o soja, para sostener sus tasas de crecimiento y suministrar en alimentos su población.
China, en el 2008, treinta años exactamente después del proceso de apertura iniciado por Deng Xiaoping, se ha convertido ya en la tercera economía del mundo. Desde finales del 2008, su tasa de crecimiento se ha debilitado y las autoridades anunciaron un plan masivo de estímulo fiscal (600 mil millones de dólares, cerca de 14% del PIB). Para América Latina, todos los acontecimientos en este lejano Oriente serán igualmente cruciales. Todo apunta que la desaceleración china es rápida, no sólo la cifra agregada, sino también las contracciones sectoriales que estamos presenciando. La demanda de acero, el consumo eléctrico, las ventas de coches y la producción industrial, todos los indicadores están orientados a la baja. Sin embargo, también las medidas tomadas corroboran la determinación de las autoridades de mantener el crecimiento por encima del umbral del 7-8%, considerado por muchos analistas como clave para inhibir disrupciones sociales y desempleo descontrolado.
Los retos chinos van sin embargo más allá de la coyuntura. Como ningún otro país emergente, China se enfrenta a medio plazo ante el reto de no sólo una sino tres transiciones demográficas de gran calado. No sólo tiene que enfrentarse a una urbanización acelerada de su población, sino también a un envejecimiento acelerado (desde este punto de vista su edad de oro demográfica ya pasó, al contrario de India, que está por delante) y a un descalce de género que apunta a que el equivalente de la población de España no encontrará pareja, es decir que habrá pronto entre 40 y 60 millones de hombres más que de mujeres, como consecuencia de la política de natalidad levada a cabo en las décadas anteriores.
Otro reto más estructural a la cual se enfrenta la economía China serán las tensiones y tentaciones proteccionistas que se irán haciendo hueco en Occidente conforme se agudice en el 2009 la recesión. Como es señalado en un magnífico ensayo por el economista Yasheng Huang (Capitalism with Chinese characteristics: entrepreneurship and the State, Cambridge, Mass., Cambridge University press, 2008), el capitalismo chino padece de un pecado original que radica en su control estatal. Este cordón umbilical si bien constituye una de sus fortalezas también expone estas mismas empresas a reacciones adversas a la hora de penetrar otros mercados, en particular vía adquisiciones o mayores exportaciones.
En el futuro es de esperar que este desafío proteccionista lejos de atenuarse se acentúe, algo que las empresas sur-coreanas o japonesas, que en el pasado apostaron por invertir masivamente en China, están anticipando, como lo corroboran sus recientes despliegues industriales y en otros mercados asiáticos como Vietnam o Indonesia, una manera para ellas de diversificar sus riesgos y no exponerse demasiado a una cierre por parte de países OCDE a las importaciones chinas.
Los riesgos aquí señalados, a corto como a largo plazo, no tienen porque materializarse en el futuro. Lo que sí está seguro es que, para bien como para mal, América latina tendrá que considerar lo que ocurra o deje de ocurrir en Asia, y en particular en China. Los vínculos entre ambas regiones seguirán haciéndose más estrechos. Esto es algo que queda claro para ambas regiones, como lo simbolizaron, a finales del 2008, la entrada de China en el seno del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en calidad de país donante; la celebración de la 2ª cumbre empresarial China América Latina en la ciudad de Harbin, Provincia de Heilongjiang, del país asiático, también a finales del 2008; o algunos meses antes, en Lima, la presencia del primer ejecutivo chino en la cumbre de la APEC. En esta ocasión, Perú firmó un acuerdo comercio de libre comercio con el gigante asiático, después de haberlo hecho Chile en el 2005. Actualmente Costa Rica está negociando también por su parte un acuerdo similar y es de esperar que más países lo hagan de cara al futuro.
La actual crisis, desencadenada en los países OCDE, solo confirma la necesidad de mirar hacia nuevos rumbos, algo que América Latina y China vienen haciendo, de manera acertada, desde principios de este milenio.

























