La cita de hoy

El Deber
La Paz, 25 de enero de 2009
Por El Deber (Bolivia)

“…Tal vez hasta donde ha sido posible se han tomado las previsiones para evitar otras formas de fraude, entre las varias que sin duda las hay, muy particularmente en este nuestro país. Pero tal vez de hecho, esas previsiones aludidas no serán suficientes para evitar la viciosa y delincuencial manipulación de los sufragios y de sus consiguientes resultados…”. (El Deber. Bolivia)

… Aun aceptando que a estas alturas todavía hay un buen número de indecisos, es decir, de sufragantes que vacilan entre una u otra opción, nos parece que, así sea muy en la subconciencia, cuando menos un principio de preferencia está latente. Si algunos carecieran de este principio de preferencia, pues habrá que pensar que, o son habitantes de otro planeta o que tienen el corazón congelado o que les da lo mismo vivir en el cielo que en el infierno.

Dando por hecho, entonces, que hasta los más indiferentes, justo en este día, están por el NO o por el SI, nos atrevemos a sustentar que ya no habrá fuerza alguna que los haga cambiar. Las campañas proselitistas con toda suerte de sonajas, ya han sido silenciadas de conformidad con normas que son corrientes en estos casos.

Y aunque nadie ni nada puede impedir la tarea de convencimiento de boca a oído, pues su efecto nunca será tan significativo como para ser decisorio. A no ser que ese trabajo verbal de convencimiento de última hora vaya acompañado de sucio, pero siempre apetecido dinero. Por allí la cosa podría rendir frutos, magros en todo caso, pues aquel que cambie por moneda de curso legal y corriente su voto, puede nomás sufragar según su gusto, puesto que nadie va a controlarlo al depositar en ánforas su papeleta y consiguientemente nadie podrá demandarlo por haber incurrido en ficticia venta de su voluntad. En definitiva, poco, virtualmente nada, se puede hacer a estas alturas para cambiar las inclinaciones de los sufragantes, por poco profundas y poco firmes que ellas sean.

Por allí, a grandes voces, se ha estado denunciando duplicidad en cédulas de identidad, es decir en su numeración que, obviamente, es una muy distinta para unos y otros ciudadanos. Y no obstante el carácter público de las denuncias, ninguna aclaración que disipe las sombras, ¿espesas o no tanto tal vez?, ha sido emitida hasta el momento crucial en que ya la ciudadanía está plantada y con toda razón, alentando una inmensa expectativa.

Son, con la que comentamos, más, muchas más que lo esperado, las consultas a que ha sido convocada la ciudadanía, los hombres y las mujeres del país. Mucho dinero y tiempo, con el añadido del sacudimiento de la tranquilidad del entorno, lo que se tiene gastado con casi nada en blanco, positivo a modo de corolario. Seguimos a los tumbos con el agravante del resquebrajamiento ostensible y peligroso de la unidad nacional cuando nos habíamos hecho la ilusión, más de una vez, de que marchaba hacia delante y con perspectivas inmejorables.

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