Samuel Huntington y América Latina

Infolatam
Salamanca, 21 enero 2009
Por Manuel Alcántara

(Especial para Infolatam).- “… Huntington supo percibir el impacto en la política del pretorianismo con el papel jugado por los “veto coups”, el soldado como guardián y como constructor institucional. También acertó en los efectos de los procesos de urbanización que se daban en la región con un electorado que giraba hacia posiciones conservadoras, como los que votaban a Odría en Lima o a Uslar Pietri en Caracas.
En fin, la relación existente entre los partidos y la estabilidad política donde el Estado sin partidos aparecía como el más frágil. México, con un sistema de partido único, Bolivia, con uno de partido dominante, Uruguay, Colombia y Honduras, con bipartidismo, y Chile, Venezuela, Perú, Argentina y Brasil, con multipartidismo, eran los casos con partidos más fuertes”.

El 24 de diciembre murió a la edad de 81 años Samuel Huntington. Fue durante 58 años profesor en la Universidad de Harvard y contabilizó diecisiete libros como autor, coautor y editor. Próximo al Partido Demócrata fue consejero de política exterior del Vicepresidente Humphrey en su campaña presidencial de 1968 y coordinador en el Consejo de Seguridad Nacional bajo la Administración Carter en 1977 y 1978.

Si bien sus textos más conocidos entre el gran público son dos de sus últimos trabajos, Huntington, labró su condición de uno de los politólogos más relevantes en la segunda mitad del siglo XX asentándola en otras obras cuyo impacto para el conocimiento de la realidad de la política de América Latina fue decisivo. Sus trabajos La tercera ola (1991) y, sobre todo, El choque de civilizaciones (1996) han sido dos de los textos más citados tanto en términos académicos como de los medios de comunicación. Especialmente polémico fue el segundo al acentuar cuestiones relativas a la identidad cultural como uno de los componentes básicos no sólo en el ámbito de las relaciones internacionales sino en el terreno de las políticas de integración de poblaciones inmigrantes. Esto último, en el caso de su propio país, generó un debate en el que se le llegó a considerar xenófobo por sus posiciones con relación a la población mexicana y su intrínseca incapacidad para incorporarse a la tradición norteamericana.

Sin embargo, son obras mucho más anteriores las que hicieron de Huntington la figura relevante en que terminó por convertirse. Publicada en 1957, The Soldier and the State. The theory and Politics of Civil-Military Relations, enfatizaba el papel que en la historia desempeñaron aquellos oficiales que permanecieron profesionales, estables y políticamente neutrales. Inspirado en parte por la decisión del presidente Truman de cesar al General MacArthur, el libro abrió una fructífera senda para abordar una de las lacras más profundas que tenía la política latinoamericana en la década de 1960 y que terminó extendiéndose hasta bien entrada la de 1980. Aspectos como el significado de los pasos en el desarrollo de lo militar del tecnicismo, la popularidad y el profesionalismo se aunarán a conceptos como el control civil de los militares, el equilibrio entre el poder y la ideología, la seguridad nacional y las relaciones cívico-militares que tanta importancia tendrán en los años siguientes.

Pero posiblemente fue la que publicó en 1968, Political Order in Changing Societies, la obra que tuvo un mayor impacto en los estudios sobre la política de    América Latina. En primer lugar por ser centro de su atención en numerosos pasajes, pero, sobretodo, por abrir un marco para el estudio del cambio político que será claramente precursor de los estudios que, una década más tarde, se desarrollarán sobre las transiciones a la democracia. Huntington supo percibir el impacto en la política del pretorianismo con el papel jugado por los “veto coups”, el soldado como guardián y como constructor institucional.

También acertó en los efectos de los procesos de urbanización que se daban en la región con un electorado que giraba hacia posiciones conservadoras, como los que votaban a Odría en Lima o a Uslar Pietri en Caracas. En fin, la relación existente entre los partidos y la estabilidad política donde el Estado sin partidos aparecía como el más frágil. México, con un sistema de partido único, Bolivia, con uno de partido dominante, Uruguay, Colombia y Honduras, con bipartidismo, y Chile, Venezuela, Perú, Argentina y Brasil, con multipartidismo, eran los casos con partidos más fuertes.

La principal preocupación teórica de Huntington eran las razones por las que una determinada forma de gobierno era incapaz de gobernar. A ello se aproximó a través de su famosa definición de institucionalización como el proceso por el que las organizaciones y los procedimientos adquieren valor y estabilidad,  establecía una guía para el cambio político en donde lo que alcanzaba relevancia era el concepto de nivel de institucionalización de un sistema político algo que  podía definirse por la adaptabilidad, complejidad, autonomía y coherencia de sus organizaciones y procedimientos. De esta forma, se alejaba paulatinamente del corsé intelectual de la teoría de la modernización impuesto al inicio de la década de 1960.

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