Colombia: El eterno fantasma de la reelección
Infolatam
Bogotá, 15 enero 2009
Por Salud Hernández-Mora
(Especial para Infolatam).- “… El Presidente Uribe ha confesado en círculos privados que querría que las cámaras legislativas aprueben la convocatoria del referendo que permitiría el cambio constitucional para un tercer mandato, y decidir después el camino a tomar. Pero en público continua alimentado la incertidumbre, echando balones fuera cada vez que le preguntan sobre sus aspiraciones mientras mueve los hilos tras bambalinas. Esa ambigüedad tan calculada no le saldrá gratis”.
La reelección marcará de nuevo la agenda política del año. El Presidente Uribe ha confesado en círculos privados que querría que las cámaras legislativas aprueben la convocatoria del referendo que permitiría el cambio constitucional para un tercer mandato, y decidir después el camino a tomar. Pero en público continua alimentado la incertidumbre, echando balones fuera cada vez que le preguntan sobre sus aspiraciones mientras mueve los hilos tras bambalinas.
Esa ambigüedad tan calculada no le saldrá gratis. Si bien algunos miembros del Ejecutivo la justifican alegando que no despejar la duda le hace ganar gobernabilidad, lo cierto es que enrarece el ambiente político, obstaculiza los proyectos legislativos y pone muy nervioso tanto a afines como a contrarios.
Algunos candidatos como el ex senador Germán Vargas Lleras, que aguardó alguna señal presidencial para lanzarse al ruedo, terminó optando por hacerlo de forma oficiosa aún a sabiendas de que en el seno de su partido, Cambio Radical, unos le apoyan pero muchos más están con el Jefe del Estado. Otros, como el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, aún deshojan la margarita. Tiene que abandonar su cartera pronto si quiere ser el próximo Presidente, pero no puede jugar a fondo puesto que si Uribe va, él no tiene opciones.
El que acaba de destapar sus cartas es el ministro de Agricultura, el joven conservador Luís Felipe Arias. En una entrevista dio a entender que si su jefe no repite, algo que le gustaría, él es el mejor para recoger el testigo. Y no tuvo reparos en descalificar como aspirantes, sin mencionarlos, a su compañero de gabinete, Santos, y a Vargas Lleras. Las tensiones dentro del Ejecutivo, por tanto, no han hecho sino empezar.
También algunos candidatos de la oposición encendieron motores esta semana. El ex Fiscal General y miembro del Partido Liberal, Alfonso Gómez Méndez, disparó sus dardos contra los compañeros de partido con los que librará su batalla en las primarias, al tiempo que ablandecía sus críticas hacia Uribe. A fin de cuentas, todos saben que quien pretenda ganar en el 2100 no podrá hacerlo con un discurso negativo sobre el mandatario dado sus elevados índices de popularidad.
En la izquierda también pintan bastos. La guerra está declarada entre el ala moderada, liderada por el senador Gustavo Petro, que propone una coalición de todos contra Uribe, y el sector oficial de Carlos Gaviria. Este año sabremos si el Polo Democrático, aún en pañales, sobrevivirá a las luchas intestinas. A ellas se suma a veces, en la distancia, el ex alcalde Lucho Garzón, que si bien suele ir por libre porque no sabe si dar un salto mortal y encabezar alguna opción independiente, aún no quiere soltar amarras con el partido que ayudó a crear.
Todos ellos, uribistas y opositores, siguen mirando a Casa Nariño para adivinar sus intenciones y castigan la falta de claridad del Presidente rechazando muchas de sus iniciativas legislativas, incluso aquéllas que podrían concertar, al punto de que su propio grupo parlamentario, conformado por una pléyade de pequeñas formaciones, tampoco le acompaña siempre.
Pero el mandatario se siente fuerte y seguro. Está convencido de que saldrá bien librado de la crisis económica global, aunque apostó todo al TLC con Estados Unidos y no ha ofrecido otra alternativa. A la guerrilla la tiene acorralada y espera asestarle otro golpe duro, que es lo que más le aplauden en la calle, a pesar de que los fondos norteamericanos para la guerra disminuirán. Y no parece preocuparle los estrados judiciales que este año le pueden dar más de un disgusto ya que tiene a varios colaboradores, acusados de distintos delitos, pendientes de juicio o sentencia.
En suma, un curso en el que la tentación de perpetuarse en el sillón presidencial enturbiará la actuación del gobierno y las relaciones con sus aliados.

























