Argentina: primer año bajo la sombra alargada de Néstor
Infolatam
Buenos Aires, 8 de diciembre de 2008
La presidenta argentina, Cristina Kirchner, cumple su primer año de gestión en medio de un fuerte desgaste por polémicas decisiones en las que analistas locales ven la sombra del ex presidente y esposo de la mandataria, Néstor Kirchner, que no parece resignado a distanciarse del poder.
Las claves
- Cristina no ha convencido a los argentinos de que ella, y no Néstor Kirchner, conduce las riendas del país.
- El primer año ha estado marcado por la mayor crisis política de los últimos años, la crispación y la ausencia de planificación para afrontar los vaivenes de la economía.
Cristina Kirchner, la primera mujer elegida en las urnas para ocupar la presidencia argentina, logró el 45 por ciento de los votos en los comicios de octubre del pasado año. El 10 de diciembre, tomó el bastón de mando de manos de su esposo en una ceremonia que muchos interpretaron como un trámite en el marco de una política continuista que permitiría profundizar en la estrategia de Kirchner y mantener al país con crecimientos sostenidos del 8 por ciento.
Sin embargo, su gestión ha estado marcada por la mayor crisis política de los últimos cinco años, la crispación y la ausencia de planificación para afrontar los vaivenes de la economía, los altos niveles de inflación -hasta el 20 por ciento según expertos independientes- y ganar la confianza de los inversores. Ahora se prepara para afrontar unas decisivas elecciones legislativas en 2009, con una oposición que comienza perfilar una alianza electoral, cuando los encuestadores ven una leve recuperación de la imagen presidencial.
Apenas tres meses después de iniciar su mandato, se enfrentó a la primera gran crisis de su Gobierno y vio desplomarse los índices de popularidad del 60 por ciento con los que se estrenó en el cargo por una subida de impuestos que desató un conflicto con las patronales agrarias.
Los cuatro meses de enfrentamiento con el campo causaron pérdidas millonarias y una crisis política sin precedentes en la "era Kirchner" que precipitó las renuncias del ministro de Economía, Martín Lousteau, y de Alberto Fernández, considerado el hombre fuerte del Gobierno tras cinco años como jefe de Gabinete. Por primera vez en un lustro, los ecos de los cacerolazos volvieron a las calles en protesta por la política gubernamental.
La derrota del Gobierno se materializó en el rechazo de la subida de impuestos en el Senado, donde parte de la mayoría peronista se volvió contra el matrimonio Kirchner, con el voto decisivo del vicepresidente Julio Cobos. Cuando las aguas parecían volver a su cauce, su imagen quedó salpicada por el juicio en el llamado Caso del Maletín celebrado en Miami contra Guido Antonini Wilson, un empresario venezolano que declaró que en 2007 ingresó ilegalmente a Argentina maletines con unos 5 millones de dólares destinados a financiar la campaña electoral de Cristina Kirchner.
En medio de la tempestad, la presidenta lanzó en septiembre un rosario de anuncios que pretendían recuperar la confianza interna y externa y que contribuyeron a mejorar su imagen, como el pago de la deuda al Club de París y un plan para reabrir el canje de deuda con acreedores privados pendiente desde 2005.
Paralelamente, Cristina se embarcó en la expropiación de Aerolíneas Argentinas al grupo español Marsans, lo que derivó en un conflicto que no ha contribuido precisamente a aumentar la confianza de los inversores extranjeros en el mercado argentino.
Por si no fueran suficientes frentes abiertos, en un contexto de incertidumbre y volatilidad internacional, el Gobierno nacionalizó los fondos privados de pensiones. Frente al argumento oficial sobre la necesidad de garantizar las jubilaciones de los argentinos, algunos analistas privados vieron en la decisión una alternativa para solventar, al menos de momento, sus problemas de liquidez.
Además, en este año, Cristina Kirchner no ha logrado quitarse de encima a cuestionados funcionarios heredados del mandato de su esposo -como el ministro de Planificación, Julio de Vido, o el secretario de Comercio, Guillermo Moreno-, ni ha convencido a los argentinos de que ella, y no Néstor Kirchner, conduce las riendas del país.
Las insistentes conjeturas sobre la intervención de Kirchner en decisiones clave obligaron al ex presidente, tras su derrota en el pulso contra las organizaciones agrarias, a desaparecer durante una temporada de la escena pública y mantenerse en la sombra tratando de consolidar su liderazgo en el Partido Justicialista (peronista).
La influencia de Kirchner en el Gobierno es tal que analistas y medios locales hablan habitualmente de "la pareja presidencial" y no de la jefa de Estado. Mientras aumentan las voces que vaticinan malos tiempos para el país el próximo año, la presidenta y su esposo se preparan para enfrentarse a unas elecciones legislativas, en octubre, que serán determinantes para la estabilidad de su mandato.


























