Una baja anunciada
El tiempo
Bogotá, 4 de noviembre 2008
Por El Tiempo (Colombia)
“…La salida del polémico general Montoya, a pocos meses de que cubriera de gloria al Ejército con la Operación 'Jaque', habla bien del ánimo del Gobierno de dar la cara. Eso sí, hay que aprovechar el remezón, que ojalá sea el último, para corregir el rumbo de la política de seguridad democrática, tan urgida de una redefinición de su marco ético y legal”. (Editorial de El Tiempo. Colobmia)
"La tormenta institucional desatada por la histórica purga de 27 oficiales del Ejército, entre ellos tres generales, asociada a una vergonzosa cadena de 'falsos positivos' por cuenta de jóvenes asesinados y presentados como "bajas en combate", hicieron insostenible la permanencia en el cargo del general Mario Montoya. El comandante del Ejército, el primer oficial de tan alto rango que deja el uniforme por violaciones de los derechos humanos, pidió ayer la baja y, según se interpreta en los altos círculos militares, lo hizo en solidaridad con sus subalternos que en la última semana fueron retirados del servicio.
El desenlace de este escándalo anunciado no podía ser otro. Nadie entendería que la línea de responsabilidad militar no subiera más arriba, precisamente por el mando que tenía Montoya sobre los altos oficiales que el miércoles pasado retiró el Presidente de la República. En lo político, el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, deberá dar las explicaciones del caso en los debates en el Congreso y asumir los costos políticos que se deriven de su rendición de cuentas en torno a tan bochornosos episodios.
La opinión pública seguirá con especial atención la ruta que en materia de derechos humanos trace al Ejército -donde todavía parece no haber un consenso firme en esas materias- su nuevo comandante, el general Óscar González, jefe del comando conjunto del Caribe.
La comunidad internacional es cada vez menos tolerante con la violación de los derechos humanos y es en ese marco en el que tendrá que trabajar. Tomar esta realidad a la ligera o jugar con la ambigüedad puede resultar muy costoso para la legitimidad de la difícil guerra que libra el Estado colombiano contra el terrorismo. De cara al nuevo Congreso estadounidense, donde los demócratas -tan duros en este tema- seguramente gozarán de una mayoría absoluta, habrá que hacer valer el coraje con que actuó el presidente Uribe, quien, sin vacilación alguna, retiró a un importante número de altos oficiales ante cuyas narices ocurrieron crímenes tan lamentables como inaceptables.
Por eso no luce inteligente salir a pelearse a los cuatro vientos con personajes como José Miguel Vivanco, de Human Rights Watch, a quien el presidente Uribe caricaturizó como "cómplice de las Farc". Vivanco puede ser arrogante y a veces ligero y falto de criterio, pero se lo reconoce como un serio defensor de la causa que habla al oído de muchos de los congresistas demócratas. Y no se ven bien ataques de este calibre, precisamente cuando sale a la luz pública el cuadro de horror de tantas ejecuciones extrajudiciales de jóvenes inocentes de las barriadas más humildes de nuestras ciudades. No es bueno que la purga de la semana pasada se interprete como concesiones al enemigo. El famoso 'síndrome de la Fiscalía' parece, en el fondo, temor a la ley.
La salida del polémico general Montoya, a pocos meses de que cubriera de gloria al Ejército con la Operación 'Jaque', habla bien del ánimo del Gobierno de dar la cara. Eso sí, hay que aprovechar el remezón, que ojalá sea el último, para corregir el rumbo de la política de seguridad democrática, tan urgida de una redefinición de su marco ético y legal.


























