2008 no escribe la historia de 2010

Infolatam
Sao Paulo, 27 de octubre 2008
Por Clovis y Claudia Rossi

“… ¿Por qué es importante para 2010 la cuestión de la transferencia de votos? Simplemente: la candidata preferida de Lula para sucederle es la ministra Dilma Rousseff, cuya única posibilidad de victoria reside en que Lula convierta su prestigio en votos para ella. Dilma jamás se pesentó a una elección, no es una dirigente carismática ni popular. Lo único que tiene es el apoyo de Lula. Y está por ver, además, si Lula se lo mantiene en el caso de que Dilma deje de crecer en las encuestas. Salvo en este aspecto, en todos los demás las elecciónes del domingo fueron locaesl, muy locales”.

El único legado de la elección municipal brasileña de 2008 para la presidencial de 2010 es la descubrimiento – más o menos obvio, además – de que un político, por muy popular que sea, no siempre transforma su popularidad en votos para los candidatos que defiende.

Esa parece haber sido la apuesta del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que está todavía en pleno auge de su prestigio. Hizo campaña con todo empeño por Marta Suplicy, la candidata de su partido (el Partido de los Trabajadores), y  sin embargo ella perdió sin pena ni glória frente a un político virgen en disputas electores mayoritarias, Gilberto Kassab, (del DEM – Democratas, nuevo nombre del Partido del Frente Liberal, de centro-derecha).

Siempre se podrá decir que Lula hizo una apuesta equivocada. Marta ya había disputado tres elecciones y perdió en dos ocasiones. No es un éxico para alguien que tenga real fuerza electoral. Pero era la única candidata disponible en el PT, un partido que en São Paulo nunca gozó de buena salud.

Lo más razonable es decir lo que debería haber sido evidente desde el primer momento: el prestigio de un político es suyo personal, no siempre transferible a cualquier otro por mucho que tengan lazos de proximidad.

¿Por qué es importante para 2010 la cuestión de la transferencia de votos? Simplemente: la candidata preferida de Lula para sucederle es la ministra Dilma Rousseff, cuya única posibilidad de victoria reside en que Lula convierta su prestigio en votos para ella. Dilma jamás se pesentó a una elección, no es una dirigente carismática ni popular. Lo único que tiene es el apoyo de Lula. Y está por ver, además, si Lula se lo mantiene en el caso de que Dilma deje de crecer en las encuestas.

Salvo en este aspecto, en todos los demás las elecciónes del domingo fueron locaesl, muy locales. Como dice Mauro Paulino, director-general de "Datafolha", el más prestigioso de los institutos de encuestas de Brasil: "Los datos muestran que el elector está prestando mucho más atención en la posibilidad de resolución de los problemas locales, más cercanos, de que en los apoyos recibidos por los candidatos".

Como la situación económica es buena – la crisis internacional afectó la Bolsa de Valores de São Paulo, pero todavía no llegó a la calle -, el elector prefirió creer que los actuales alcaldes son más aptos que sus adversarios para resolver los problemas locales: de los veinte alcaldes que se volvieron a presentar para la reeleción, solo uno no lo consiguió. Es un índice de continuismo raro en Brasil.

Ese el dato principal, incluso porque hablar de partidos no parece adecuado. Los partidos brasileños que ya venían perdiendo identidad, culminaron este año un proceso de no diferenciación profundo.
Ejemplo: en Rio de Janeiro el candidato ganador, Eduardo Paes (PMDB), fue uno de los críticos más fuertes al presidente Lula mientras era diputado del PSDB. Cambió de partido, se paso al PMDB, aliado de Lula en el plano federal (no así en todos los Estados), pidió disculpas al presidente, pero no consiguió más que punto y medio de ventaja sobre Fernando Gabeira, que a su vez era del PT. partido de LulaGabeira  se alejó, desencantado con el gobierno Lula, y se presentó por el PV, un partido más virtual que real en Brasil.

Hay muchos otros ejemplos que convierten en un juego puramente aritmético y sin efecto político los cálculos de que partido ganó más alcaldías. Fue el PMDB, vale,  pero eso no quiere decir rigurosamente nada, porque el PMDB no es un partido, es una confederación de caciques regionales sin una identificación entre cada uno de ellos y sin un sello nacional que les aglutine. Peor: tampoco tiene un nombre que presentar, con posibilidades de ganar, para la presidencial de 2010.

Claro que el otro ganador fue José Serra, el gobernador de São Paulo, que, pese a ser del PSDB, apoyó extra oficialmente al candidato del DEM contra Geraldo Alckmin, del PSDB. Como Kassab ganó, Serra ve reforzada su presumible candidatura para 2010. Pero en realidad gana mas por no perder  que por ganar realmente. No pierde porque, si Alckmin hubiese llegado a la segunda vuelta, en vez de Kassab, Serra tendría en manos un terrible enemigo interno.

En fin, ahora hay que barajar y empezar de nuevo porque la historia de 2010 ni de lejos ha sido escrita en este 2008.

 

 

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