Una gran marcha más

El Deber
Santa Cruz de la Sierra, 14 de octubre de 2008
Por Gilberto Dimenstein

Tres, cuatro, cuántos días, en fin, de marcha a paso firme y cuántos más los de vigilia que se pretende que los marchistas, por propia determinación, guarden frente a las instalaciones del Congreso. Son emprendimientos mayúsculos que no se encaran sólo con salves y avemarías, que demandan mucho, muchísimo más, en fortaleza y recursos económicos. Para tan costosa gimnasia, que se da con sorprendente frecuencia, ¿está preparado país alguno como el nuestro y en este tiempo de tan insostenible crisis económica?”. (El Deber. Bolivia) 

"…Llevamos casi tres años de intenso quehacer político en los estrados del poder y con marchas como instrumento inexcusable. En este lapso, no hay razón para ponerlo en duda, buenas oportunidades se nos han presentado como consecuencia de sentimientos solidarios que nuestra Bolivia, a veces hasta sin proponérselo, inspira en el vasto espectro internacional. Pero escaso provecho e incluso ninguno, logramos casi siempre de esas buenas y excelentes oportunidades. Y en lugar de hacer conciencia sobre nuestras fallas, se repitieron las marchas propiamente hasta la saciedad.

En círculos allegados al oficialismo masista se está revistiendo de espectacularidad la marcha que debe culminar con el cerco al Congreso Nacional. Para empezar, el propio jefe del Estado aludió a la marcha como un acto de hacer historia y por supuesto abundó en elogios y abrazos para congratular a los marchistas. En diversos frentes en que de manera habitual se cuantifican los movimientos sociales y políticos se calculaba en veinte mil el número de los marchistas que cubrirían los doscientos kilómetros entre Caracollo y La Paz para gritar presente en la histórica Plaza Murillo, donde está la sede legislativa. Hasta el peor informado puede caer en cuenta de lo que significa echar a andar a lo largo de caminos desérticos y en la aridez de las montañas, a veinte mil personas que desde luego tienen que comer y que beber bien para lograr la fortaleza física que necesariamente demanda una caminata semejante, por muy arrolladora que sea la causa que la motive.

Tres, cuatro, cuántos días, en fin, de marcha a paso firme y cuántos más los de vigilia que se pretende que los marchistas, por propia determinación, guarden frente a las instalaciones del Congreso. Son emprendimientos mayúsculos que no se encaran sólo con salves y avemarías, que demandan mucho, muchísimo más, en fortaleza y recursos económicos.

Para tan costosa gimnasia, que se da con sorprendente frecuencia, ¿está preparado país alguno como el nuestro y en este tiempo de tan insostenible crisis económica?".

Extracto del editorial del diario El Deber

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