Mi voto va por…
El Universo
Guayaquil, 22 de septiembre de 2008
Por Manuel Chiriboga
“…Votaré nulo por el carácter ambiguo que tiene el texto constitucional en muchos aspectos, especialmente en aquello relacionado con el desarrollo económico y la descentralización. Los artículos permiten todas las lecturas posibles y abren la posibilidad de manejos particularistas. El legislador, el juez constitucional, la autoridad pública podrán tomar las más diversas resoluciones amparándose en un texto constitucional equívoco. “. (El Universo. Ecuador)
"…Votaré claramente por el sí por lo que la Constitución tiene en cuanto a derechos individuales y colectivos. Creo sinceramente que una democracia ciudadana solo puede basarse en la consagración de estos. No me parecen justos los reclamos en relación con su costo para el erario nacional. Como ideario social su consagración deberá ser paulatina. Votaré sí por los derechos, aun cuando sean limitados, de la mujer sobre su propio cuerpo y por los de las personas con preferencias sexuales diferentes. También votaré sí por el carácter transversal que se da a la naturaleza y sus derechos. El país tiene en ello la posibilidad de generar un signo de identidad profunda: su compromiso con la sostenibilidad y la conservación de nuestro gran patrimonio común.
Votaré también sí por recuperar para el Estado la capacidad planificadora: ningún país tiene futuro sin una visión, quizás compartida, de lo que quiere ser y un plan para lograrlo. Votaré también sí por el énfasis en la soberanía, aun cuando me disguste el carácter defensivo que tiene.
Por el contrario, votaré claramente por el no en relación con los temas institucionales, tanto en el fondo como en la forma. No hay país que progrese sin instituciones sólidas y permanentes, independientes de poderes fácticos, sin equilibrio de poderes, sin derechos de propiedad bien establecidos, sin claridad sobre competencias de las diversas instancias del Estado. La intromisión en la Corte Suprema de Justicia me indignó. Me preocupa el sistema de nominación de los responsables de los organismos de control, desde el constitucional hasta el de cuentas. Si bien se abandonó el sistema corporativo que consagra la Constitución del 98, la injerencia política se mantiene, incluso por medio del poder denominado de transparencia y control social. Voto no a un régimen de transición que extiende derechos de los asambleístas más allá del periodo para el cual los elegimos y el carácter no claro del texto finalmente votado por los asambleístas.
Votaré nulo por el carácter ambiguo que tiene el texto constitucional en muchos aspectos, especialmente en aquello relacionado con el desarrollo económico y la descentralización. Los artículos permiten todas las lecturas posibles y abren la posibilidad de manejos particularistas. El legislador, el juez constitucional, la autoridad pública podrán tomar las más diversas resoluciones amparándose en un texto constitucional equívoco. El carácter reglamentario del texto, los 444 artículos, abonan aun más en esa dirección. También votaré nulo porque lo reglamentario se volverá una horma inflexible para un contexto en permanente cambio.
¿Cómo sopesar todos estos razonamientos en el sufragio que deberé emitir? Pues votando por todo ello a la vez. Con ello, lo sé, anularé mi voto, con la frustración de la oportunidad perdida de ser positivo, como siempre me ha gustado".
Extracto del artículo publicado por el diario El Universo


























