La crisis boliviana convulsiona la región

Infolatam
Madrid, 15 de septiembre de 2008

(Especial para Infolatam, por Rogelio Núñez).- La crisis interna boliviana, convertida ya en crisis regional, está mostrando el diferente talante de los presidentes latinoamericanos. Unos actúan con prudencia mientras que otros (no sólo Hugo Chávez) lanzan incendiarias proclamas, casi belicistas como es el caso de Rafael Correa. El protagonismo de Chávez ha provocado un profundo malestar en Lula, quien sutilmente ha criticado la injerencia venezolana.

Las claves

  • Álvaro Uribe: "Nos toca prudencia, que ha sido la norma de Colombia en estas materias".
  • Rafael Correa: "No permitiremos otro Pinochet en América Latina".
  • Chávez: "Si derrocan algún gobierno nuestro, tendríamos luz verde para iniciar operaciones de cualquier tipo".
  • Alan García insta "a llevar adelante el diálogo ya iniciado".
  • Lula considera que Evo "juega con fuego".

Sudamérica frente al proceso secesionista en Bolivia

El análisis
Julio Burdman

Julio Burdman

“…La crisis secesionista en Bolivia saca a la luz las tensiones regionales. La Venezuela de Chávez compromete su suerte a la de Evo Morales, su aliado político. Pero Brasil tiene un doble juego: mantiene una línea política de apoyo al presidente Morales pero está dispuesto a admitir la secesión oriental, por razones energéticas. La posición de Argentina es la más ambigua y restringida, ya que es un país vulnerable en su alianza con Brasil y crecientemente interdependiente con Venezuela.”
 

Todos los gobiernos de la región ha tenido una sola coincidencia: todos han mostrado su "apoyo" al presidente boliviano, Evo Morales, y a la institucionalidad del país. Pero más allá de esa coincidencia, se pueden dividir las reacciones de los presidentes de la región ante la crisis en dos: los que han llamado al diálogo entre las partes y aquellos otros que han lanzado discursos beligerantes contra la oposición a Evo. 

Los moderados

Cristina Kirchner acude a Santiago tras haber realizado intensas gestiones la semana pasada para planear la toma de una postura en común con otros presidentes. Cristina Kirchner se comunicó telefónicamente con los presidentes de Brasil, Lula da Silva, y de Chile, Michele Bachelet para transmitirles el respaldo de su Gobierno a las instituciones democráticas.

En un comunicado de prensa, la Cancillería argentina afirmó que "ante los graves hechos de violencia y sabotaje terrorista, que se registraron en la hermana república de Bolivia…(el Gobierno) reitera su pleno e incondicional respaldo al gobierno constitucional del presidente Evo Morales Ayma".

También, el Gobierno de Cristina Kirchner llamó "a los prefectos a frenar los actos de violencia en sus respectivos departamentos y convoca a los principales dirigentes políticos y sociales de aquel país para que eviten un agravamiento de la situación y retomen el diálogo".

Michelle Bachelet, actual presidenta pro-témpore de Unasur, se centró en convocar a los Presidentes de la Unión de Naciones Suramericanas a una reunión de emergencia para hoy lunes, en Santiago, para analizar la crisis en Bolivia.  

Bachelet dijo que el encuentro buscará "tener una actitud positiva, constructiva, que permita acercar las partes y buscar apoyar los esfuerzos del pueblo boliviano, del Gobierno boliviano, para ir en pos de una garantía de su proceso democrático y la estabilidad y la paz en Bolivia…buscaremos las medidas en pos de la paz y la democracia en Bolivia, pero no queremos permanecer, yo diría, impávidos ante una situación que nos preocupa".

Llamamientos a la prudencia

El presidente de Colombia, Álvaro Uribe, dijo que llevará un mensaje de prudencia y deseos de que la crisis boliviana tenga una salida incruenta: "Nos toca prudencia, que ha sido la norma de Colombia en estas materias…Colombia, país que ha sufrido en carne propia la violencia, no desea que ningún pueblo hermano padezca de este lamentable flagelo",

Alan García en un comunicado firmado por él mismo dijo que "desea reiterar su total y absoluto apoyo a la institucionalidad democrática en ese país. Del mismo modo, el Perú reafirma su enérgico rechazo a los hechos de violencia generados por grupos que buscan socavar el sistema democrático y que constituyen una amenaza a la unidad nacional boliviana".

Además, insta "a todos los actores políticos y sociales, para que continúen desplegando sus mejores esfuerzos a fin de llevar adelante el diálogo ya iniciado, el que debe enmarcarse en el respeto y la tolerancia, que permitan sentar sobre bases firmes una auténtica convivencia democrática en Bolivia, en la que se mantenga como objetivo esencial el desarrollo y la integridad territorial del país".

El Gobierno de Fernando Lugo pide "una solución conciliatoria y pacífica para el bienestar de esa nación vecina hermana". El de Tabaré Vázquez expresó, mediante una declaración, su "total respaldo y solidaridad" al de Bolivia y rechazó "todo intento de quiebre institucional, político y de integridad territorial".

Los discursos y actitudes incendiarias

Los presidentes más comprometidos con la causa de Evo Morales, más que con propiciar el diálogo, han sido los de Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Honduras.

Rafael Correa lanzó un discurso incendiario: "nos reuniremos los presidentes de toda Sudamérica para dar el total respaldo al compañero Evo Morales. ¡Que viva Bolivia!…Evo no dejaremos que el pasado vuelva, cuenta con el total respaldo de los Gobiernos y pueblos latinoamericanos. No permitiremos otro Pinochet en América Latina ni la balcanización de nuestros países".

El presidente hondureño, Manuel Zelaya, pospuso la recepción de las cartas credenciales del embajador de Estados Unidos como gesto de apoyo a Bolivia: "Bolivia ha tenido una voz de protesta ante el mundo, una voz que ha denunciado la intromisión de los asuntos internos de Bolivia, …debemos por cortesía, por solidaridad, por afinidad democrática, por defensa de los principios de la soberanía de los países, ser solidarios".

Daniel Ortega condenó "la conspiración de las fuerzas tenebrosas del imperio (de EUA) y de Bolivia". Según Ortega, "como está claro quienes están tratando de derrocar a Morales, no le quedó más camino que expulsar al embajador de Estados Unidos por estar inmiscuyéndose en esas actividades subversivas".

El bombero pirómano

Pero quien ha echado más petróleo a la crisis boliviana ha sido Hugo Chávez: Ha calificado de fascistas y terroristas a los opositores a Evo Morales: "Bolivia hoy se ha convertido en el epicentro de un gran movimiento fascista. Tratan de frenar, de derrocar a una gobierno que llegó decidido a hacer los cambios en paz, en democracia, con el pueblo del pueblo. Ah, pero eso no lo aceptan los fascistas".

Ha amenazado con intervenir militarmente en el conflicto: «Si la oligarquía y los «pitiyanquis» dirigidos, financiados, armados por el imperio, derrocan algún gobierno nuestro, tendríamos luz verde para iniciar operaciones de cualquier tipo».

Ha convertido al crisis boliviana en una crisis no sólo regional sino continental, al expulsar al embajador de Estados Unidos en Caracas: "Los gringos nos han estado saboteando…El imperio rompiendo lo que ellos llaman las leyes del libre comercio nos agrede permanentemente y por eso es que no me arrepentiré en esta vida de haber echado al embajador yanqui de Caracas, jamás me arrepentiré".

La pugna Venezuela-Brasil

En la crisis boliviana ha aparecido claros signos de la rivalidad regional entre Venezuela y Brasil. Hugo Chávez ha llevado de nuevo la iniciativa por delante de Lula. El Presidente brasileño propuso el miércoles el envío de emisarios diplomáticos de Argentina, Brasil y Colombia para mediar en la crisis boliviana, siendo rechazado por Evo Morales.

Según medios brasileños, Lula reaccionó "con algo de irritación" y le dijo a un asesor "que el colega boliviano juega con fuego". Por eso, el presidente brasileño afirmó que aceptaría participar de la reunión de representantes, convocada para el próximo lunes 15 en Santiago de Chile "siempre que haya un pedido expreso de Bolivia". 

Lula ha querido con su postura diferenciarse claramente de Chávez: "Tenemos que saber qué quieren el gobierno y el pueblo boliviano. Sin eso sería una injerencia en los asuntos de otro país y Brasil no hará eso".

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