Tensión por los cambios
La Nación
Buenos Aires, 20 de julio de 2008
Por Joaquín Morales Solá
“…La Presidenta debería dar una señal clara de cambio, porque la sublevación ya está a las puertas del peronismo. Los peronistas disidentes del Senado podrían formar un bloque aparte (son nueve senadores cruciales) si el Gobierno insistiera en leyes a libro cerrado”. (La Nación. Argentina)
"Néstor Kirchner no sabe ganar ni perder. Soberbio y encarnizado cuando le tocó la victoria, su primera derrota lo desnudó fatalista y trágico, blindado entre incondicionales. Nadie pudo disimular nunca que una derrota es una derrota. Cristina Kirchner, que no desentonó con la impronta de su esposo, asumió sobre el fin de semana los estragos de una crisis inútil y, encima, mal administrada. El Gabinete se caía. La Presidenta cavilaba sobre los alcances de los cambios y sobre los nuevos ministros, que llegarán más pronto que tarde.
Con la carga de una bandera vencida, el matrimonio presidencial reconoció el jueves, lejos del escenario público, la dimensión espantosa del fracaso. Una nube oscura e inmensa se abatió sobre Olivos. Néstor Kirchner hacía las valijas. Han ganado. Que ellos se hagan cargo del gobierno, repetía envuelto en llamas. Cristina compartía esa visión del Apocalipsis. No buscaban un 17 de Octubre (que nunca sucedería porque la comparación no era válida) ni un rechazo de la posible renuncia presidencial por parte del Congreso.
Querían irse. Los Kirchner nunca han gobernado con las condiciones que impone la debilidad; no saben hacer eso y no lo quieren hacer. Sólo la influencia del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y, en menor medida, la del secretario legal y técnico de la Presidencia, Carlos Zannini, pudo deshacer las maletas. Pero los ajuares volvieron al guardarropa sólo en la tarde del jueves. Durante todo ese amargo día, los Kirchner estuvieron más fuera que dentro del gobierno.
Más tarde, Néstor Kirchner intentó dar otro salto al vacío. Pidió que se convocara a una conferencia de prensa en la que estaría rodeado por las principales figuras del Gobierno. Su propósito era destruir a Julio Cobos con nombre y apellido. El cacerolazo empezará antes de que termines de hablar, le advirtió un amigo. Ese anuncio fue más eficaz que cualquier consejo institucional: arrió la bandera en el acto.
Su primera derrota le ha obturado los sensores para percibir el humor social. Una sociedad distinta había amanecido el jueves, distendida, muy cercana a la normalidad. Era, sobre todo, una sociedad consciente de que había recuperado la libertad, que a veces se pierde en pequeñas e imperceptibles cuotas. Atrás había quedado una Nación tremendamente enconada.
Ese masivo estado social es inversamente proporcional al derrumbe de la popularidad del matrimonio presidencial. La sangría política sólo sucedió cuando ya había ocurrido la pérdida de la confianza social.
La Presidenta debería dar una señal clara de cambio, porque la sublevación ya está a las puertas del peronismo. Los peronistas disidentes del Senado podrían formar un bloque aparte (son nueve senadores cruciales) si el Gobierno insistiera en leyes a libro cerrado. Carlos Reutemann le reclamó el viernes al Gobierno que cuidara el texto, por ejemplo, de la ley de radiodifusión: No votaremos cualquier cosa , le anticipó.
… tanto Fernández como De Vido son difíciles de reemplazar. El jefe de Gabinete es operador político, mediador último de todos los conflictos y hasta terapeuta matrimonial. De Vido está sentado sobre un monumental sistema de obras públicas, de subsidios, y de entramados gremiales y empresarios. El descomunal gasto público se escurre entre sus dedos. Nunca podrá haber dos personas para reemplazar a ellos, sino un sistema distinto de gobernar.
Sobre esas decisiones oscilan en estas horas las reflexiones de la Presidenta. El próximo jefe de Gabinete no debería tener ningún contacto con Néstor Kirchner. El gobierno se torna imposible con el actual sistema , dijo un kirchnerista que conoce las covachas de la cima. Kirchner se resiste, aunque corre el riesgo de convertirse en el general de soldados perdidos de una causa perdida".
Extracto del artículo publicado por el diario La Nación


























