La parálisis del gobierno de Cristina Kirchner
Infolatam
Madrid, 17 de junio de 2008
(Especial para Infolatam, por Rogelio Nuñez).-
Diálogo y reformas. Esas fueron las dos principales promesas de Cristina Kirchner durante al campaña electoral de 2007. Siete meses después de llegar al poder, nada de eso se ha hecho realidad. El gobierno kirchnerista afronta una profunda crisis política, roza la crisis institucional y el campo y los sectores urbanos al unísono salen a las calles para mostrar su rechazo a Cristina y a Néstor Kirchner, expresidente, líder del partido oficial y principal consejero de su esposa la Presidenta.
Las claves
- El gobierno no ha abordado aún la escalada inflacionaria, la crisis energética y la ralentización de la economía.
- Entre diciembre y febrero la tensión con EE.UU. marcó la agenda del gobierno.
- Desde marzo Cristina Kirchner afronta el paro agario y el malestar urbano.
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Grupo Financiero Santander (GFS) registró un crecimiento de 34,9 por ciento en su utilidad neta al cierre del 2011 comparado con un año antes, al sumar 18.682 millones de pesos, derivado de las ganancias obtenidas por la venta de su área de seguros.
El gobierno de Cristina Kirchner no ha conseguido arrancar tras siete meses en la Casa Rosada. El escándalo de los maletines que se reactivó una semana después de asumir provocó una dura reacción de la Presidente que lanzó fuertes acusaciones contra el gobierno de Estados Unidos, al que acusaba de estar detrás de la reactivación del escándalo.
La tensión con la administración de George W. Bush y el escándalo maniataron los deseos renovadores de Cristina Kirchner en política interior (más diálogo) y en el exterior (potenciar el papel de Argentina y mejorar las relaciones con EE.UU) ya que acapararon la agenda gubernamental.
Además, el propósito de Néstor Kirchner de pasar a un segundo plano tampoco se cumplió. El expresidente no deseaba eclipsar a su esposa pero su activa presencia internacional (viajó a la selva colombiana para lograr la liberación de Ingrid Betancourt) y su desembarco en el Partido Justicialista provocaron que siguiera ocupando el primer plano de la política local. La agenda política estaba más centrada en cómo Kirchner tejía pactos para controlar el Partido Justicialista, previa alianza con Ricardo Lavagna, que en la iniciativa gubernamental.
Cuando a mediados de marzo Cristina Kirchner parecía dejar atrás esos difíciles momentos estalló el conflicto con el campo que ha paralizado la labor del ejecutivo desde entonces y ha polarizado a la sociedad. 100 días de paros han provocado que pase a un segundo plano la necesaria lucha contra la inflación, la crisis energética o el enfriamiento de la actividad económica.
A medida que el conflicto con el campo se ha agudizado, la apuesta de Néstor Kirchner se ha elevado. Se trata de un pulso en el que no puede haber tablas: el gobierno no quiere pactar con la Patronal agraria, sólo derrotarla, pues considera que aceptar las peticiones del campo dejaría al gobierno muy debilitado. Cristina Kirchner, catalogada hasta ahora como moderada, parece seguir los consejos de su esposo.
Por el camino, cayó en abril el Ministro de Economía, Martín Lousteau (padre de la subida impositiva que desencadenó el conflicto agario), el ejecutivo aceptó modificar, en parte, la subida de impuestos al campo… Pero la crisis ha seguido sin resolverse.
Cristina Kirchner ha fracasado en varias ocasiones cuando ha intentado recuperar la iniciativa política. Su objetivo de convertir la fiesta nacional del 25 de mayo en un trampolín para su administración quedó en nada pues el ambiente del país no lo permitía con el campo en huelga.
Además, en el peronismo han empezado a surgir voces de disgusto con la preponderancia kirchnerista. Mientras gobernadores como Juan Schiaretti (Córdoba), o el hombre fuerte de Santa Fe, Juan Carlos Reutemann, o el expresidente Eduardo Duhalde se han alejado de los Kirchner, éstos se apoyan cada vez más en sectores piqueteros (D,Elía) o en el sindicalismo (Hugo Moyano).
La clase media urbana (que nunca estuvo muy a gusto con el kirchnerismo) ha salido ya dos veces a las calles para protestar por medio de cacerolazos y apoyar las reivindicaciones del campo. La Patronal agaria ha mantenido la unidad (pese a las profundas diferencias que dividen a las cuatro organizaciones agrarias) porque enfrente tiene un enemigo común que las une.
Siete meses después de llegar a la Casa Rosada, Argentina sigue esperando que Cristina Kirchner empiece a gobernar y, sobre todo, que cumpla con los lemas de su campaña: dialogar más que lo hizo su esposo entre 2003 y 2007, impulsar reformas que mejoren el modelo económico y que permitan una mejor inserción de Argentina en el mundo.

























