Lo que va de un “Manuel Marulanda” a un Jaime Bateman. Tiro perdido

El Tiempo
Bogotá 15 de junio 2008
Por Joaquín Villalobos

“… El ejército colombiano está ganando la guerra predominantemente con guerrilleros desmovilizados. La ventaja política del Estado se volvió entonces demoledora, las Farc son odiadas y, al perder vías de comunicación, rutas fluviales y pueblos, su moral se está derrumbando; sólo les queda la infraestructura de la coca. Han perdido comando y control sobre sus fuerzas”. (El Tiempo. Colombia)

"…Con la muerte de 'Marulanda' surgen preguntas sobre el futuro de las Farc, un movimiento al cual se le atribuye una gran capacidad para sobrevivir. La verdadera guerra en Colombia no comenzó hace 40 años, sino hace aproximadamente 12, cuando las Farc se fortalecieron con la droga, cuando retaron militarmente al Estado y cuando rechazaron negociar. Ahora están acabadas, no importa cuántos hombres y armas conserven. En la guerra, la derrota no ocurre por la destrucción física del enemigo, sino por el quiebre de la voluntad de combate de este. Las Farc tienen dos años de no actuar ofensivamente, sus jefes están siendo aniquilados y 200 "guerrilleros" se rinden cada mes. El Estado colombiano tomó ventaja estratégica cuando estableció que el territorio y la población, y no la droga, eran el centro de gravedad del conflicto, esto, pese a que los norteamericanos opinaban lo contrario.

La estrategia de seguridad democrática le permitió a la fuerza pública colombiana construir un equilibrio ofensivo entre hegemonía política, dominio territorial y capacidad de acoso permanente sobre los mandos de las Farc. Así, la extensión del territorio está dejando de ser un problema porque las Farc son una guerrilla campesina que puede huir a la selva, pero no vivir en esta. En la selva no hay cultivos, ni vituallas, sino cacería. Los militares no sólo han aprendido a combatir, sino a respetar los derechos humanos. El Gobierno no ha tenido pena en pagar los costos por los abusos del pasado, desmovilizó a los paramilitares y puso a sus más importantes jefes en la cárcel.

El ejército de Argentina derrotó a las guerrillas con desaparecidos y el de Guatemala, con un genocidio; el primero fue juzgado y el segundo convirtió a su país en un Estado fallido. El ejército colombiano está ganando la guerra predominantemente con guerrilleros desmovilizados. La ventaja política del Estado se volvió entonces demoledora, las Farc son odiadas y, al perder vías de comunicación, rutas fluviales y pueblos, su moral se está derrumbando; sólo les queda la infraestructura de la coca. Han perdido comando y control sobre sus fuerzas. El futuro de sus hombres es la inhóspita selva, el hambre, la enfermedad, el miedo, la rendición, la muerte y la fragmentación en pequeñas bandas delictivas. Se les acabó la posibilidad de sobrevivir como "guerrilla" o como gran cartel; y la extrema ingenuidad de archivar todo en computadoras les ha complicado sus alianzas internacionales.

La droga hizo a las Farc adictas al dinero; se convirtieron en la "guerrilla" mejor vestida del continente, pero también en la peor para combatir, organizar pueblo y hacer política. El dinero acaba con el espíritu de sacrificio; lo normal es que los guerrilleros lo pidan; las Farc lo reparten. Borrachos de dogmatismo ideológico y con arrogancia de millonarios, perdieron una oportunidad de oro cuando el presidente Pastrana les cedió durante tres años 44.000 kilómetros cuadrados, cuando la comunidad internacional estaba dispuesta a reconocerlos, cuando el Estado los trataba con complejo de culpa por los errores del pasado y cuando el pueblo de Colombia esperaba verlos luchando sin armas dentro de la democracia. La lección se sintetiza muy bien en las palabras del general Jaruzelsky, ex presidente de Polonia: "El todo o nada, siempre conduce a nada".

Extracto del artículo publicado en El Tiempo (Colombia)

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