Acabamos de ingresar en el peor de los mundos

La Nación
Buenos Aires, 28 de mayo de 2008
Por Joaquín Morales Solá

“…El kirchnerismo es especialista en divisiones, pero nunca había llegado tan lejos jugando con el propio entramado social del país. Eso define también un futuro sombrío. El gobierno de los Kirchner está mostrando signos de desesperación”. (La Nación. Argentina)

"…El silencio no es un mensaje. La indiferencia, sí. La Presidenta cometió ayer el error de ignorar la monumental e inédita concentración en Rosario. Sólo le dedicó al campo ciertas ironías, algunas dichas con un rostro que mostraba las marcas del fastidio.

Esa indiferencia podría estar anunciando la política de las próximas horas: cumplir vacíos rituales de diálogo para no resolver nada. Si ése es el proyecto oficial, entonces el país debe prepararse para una nueva ronda de paros y protestas rurales. Tras la decepción del jueves, cuando la reunión del Gobierno con las cuatro entidades se diluyó y hasta estuvo desprovista de un final formal, los productores del interior están más cerca del paro que de cualquier política consensual.

En la pelea actual está incluida una lucha sorda, pero tenaz, por el dominio de la opinión pública. Los dirigentes agropecuarios tomaron nota de esa crucial batalla. El Gobierno la había desatado mucho antes. ¿Quién de los dos obliga al país, y a su sociedad, a hacer peligrosos equilibrios en la cornisa? ¿Quién cumple el papel amable de dialoguista y quién está inspirado por la intransigencia y el fanatismo? En esos términos se cifra la porfía de estas horas. Es probable que sin esta nueva pelea los dirigentes rurales hubieran llamado a un paro inmediatamente después del fiasco del jueves.

… El kirchnerismo es especialista en divisiones, pero nunca había llegado tan lejos jugando con el propio entramado social del país. Eso define también un futuro sombrío. El gobierno de los Kirchner está mostrando signos de desesperación porque otros le están sacando el liderazgo de amplios sectores sociales y, para peor, están en condiciones de convocar a actos cuya magnitud no se puede comparar con ninguna concentración que haya hecho el kirchnerismo.

Esa desesperación no sólo tiene que ver con los actos, sino también con las encuestas, el brebaje diario e indispensable de los Kirchner en los cinco años recientes. Sin embargo, están dispuestos a hacer con las encuestas lo que ya hicieron con el Indec: matarles la credibilidad con dosis enormes de manipulación y confusión.

… El problema de esas encuestas engordadas es que el Gobierno es el primero que termina creyendo en ellas. No es un elemento menor para entrever lo que podría suceder. Una cosa es un gobierno que actúa con conocimiento de su debilidad y otra es, sin duda, una administración convencida de que no le pasa nada. En verdad, está padeciendo el mayor desgaste que un gobierno haya sufrido en apenas cinco meses desde la restauración democrática.

… La única explicación es la competencia sin alma que siempre instala Néstor Kirchner con cualquier adversario. Perdió ayer si se tratara sólo de números.

Pero el problema es más grave que ése: la conversión del campo en un adversario a batir y la condición estéril de las concentraciones, reiterativas hasta la extenuación, sólo fortalecen los ya sólidos argumentos de los escépticos.

Extracto del artículo publicado por el diario La Nación 

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