¿Será esperanzador el mensaje?

La Segunda
Santiago de Chile, 20 de mayo de 2008
Por Juan Andrés Fontaine

“Estamos marchando lento no porque nos falte financiamiento… La raíz del problema es la falta de capacidad productiva disponible y utilizable dadas las restricciones energéticas y la pérdida de competitividad de amplios sectores de la producción nacional…esa limitación habría sido perfectamente superable si, con la debida antelación, las políticas públicas hubieran abordado con convicción y eficacia el desafío de impulsar la inversión y la productividad”. (La Segunda. Chile)

"…Estamos marchando lento no porque nos falte financiamiento -las cuentas fiscales y externas siguen muy holgadas- ni porque la demanda sea insuficiente. La raíz del problema es la falta de capacidad productiva disponible y utilizable dadas las restricciones energéticas y la pérdida de competitividad de amplios sectores de la producción nacional. En presencia de dichas dificultades, no sólo nuestro crecimiento del año actual será inferior al que esperábamos -dice la autoridad monetaria-, sino que nuestro crecimiento potencial ha sido dañado. Pero, nótese que esa limitación habría sido perfectamente superable si, con la debida antelación, las políticas públicas hubieran abordado con convicción y eficacia el desafío de impulsar la inversión y la productividad. Es la hora de la resignación, parece decirnos el Banco Central, y tiene razón. Pero también de enmendar rumbos y volver a poner a Chile en la pista de crecimiento de alta velocidad.

Ante la desaceleración económica, muchos abogan por políticas fiscales o monetarias más expansivas para estimular la demanda. Pero, no hay evidencia alguna de que esté allí la falla. Durante el primer trimestre, mientras el PIB se estima habría crecido algo por sobre el 3% respecto de igual período del año anterior, el aumento de la demanda interna ha sido del orden de 9% real. En parte, esa demanda se satisface con las importaciones, cuyo valor crece de acuerdo a los últimos datos más de 30% en doce meses, aun excluyendo combustibles. Pero también presiona sobre la capacidad productiva y contribuye a la fuerte inflación reinante.

Hay que tomar en serio el regreso de la inflación. No es cierto que obedezca sólo a las alzas de los precios internacionales de los alimentos y los combustibles, sobre los cuales nada podríamos hacer. Hoy ostentamos incómodo octavo lugar en cuanto a mayor inflación entre los 42 países que reporta regularmente el semanario The Economist. Las alzas externas han repercutido más en Chile precisamente porque la demanda está muy fuerte. Ello impide que otros precios y márgenes se ajusten a la baja y permitan mantener el IPC bajo control.

En su informe, el Banco Central denota alguna preocupación por un eventual enfriamiento de la demanda de consumo. En efecto, es probable que algo de ello esté ocurriendo a consecuencia precisamente de las alzas del costo de vida y el deterioro de las expectativas. Pero es inevitable si en verdad queremos detener la escalada inflacionaria.

Acertadamente, el Banco Central ha reiterado su compromiso de rebajar paulatinamente la inflación hasta el 3% a lo largo de los próximos dos años. Estando la capacidad productiva virtualmente copada, no se ve qué beneficio podría reportar el postergar la estabilización. En cambio, el aumento de las expectativas de inflación está ya causando un dañino incremento en el costo del crédito de largo plazo. Los políticos que abogan por una política monetaria más suave para ganar popularidad pueden llevarse una sorpresa. Los deudores -que hoy son muchos- también votan, y nada más irritante para ellos que una UF sobre los $20.000 o el alza de los intereses de sus tarjetas de crédito.

Aunque cueste, el compromiso antiinflacionario del Banco Central le exigirá mantener una política monetaria dura. En su informe parece confiado en que de aquí a dos años cumplirá su cometido sin necesidad de nuevas alzas en los intereses. El mercado discrepa: prevé que la inflación se mantendrá sobre 5% por los próximos 24 meses. De persistir esa expectativa, la autoridad debería elevar las tasas nominales y reales. Ese riesgo ha comenzado a revelarse en los intereses de mediano y largo plazo, de gran importancia para el financiamiento de la inversión y la vivienda. Esta semana, dichas tasas subieron abruptamente, impulsadas por el anuncio de una demasiado voluminosa emisión de bonos por parte del Banco Central para financiar sus compras de dólares…".

Extracto del artículo publicado en el diario La Segunda

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