La releección presidencial en América latina

Infolatam
Nueva York, 23 de abril 2008
Por Patricio Navia

(Especial para Infolatam)
“Ahora que varios presidentes populares de América latina se acercan al fin de su segundo periodo, el debate sobre la conveniencia de que se mantengan en el poder nuevamente ha llevado a algunos a especular sobre nuevas reformas constitucionales que les permitan aferrarse al poder.
En Brasil y Colombia ya se escuchan voces a favor de reformas que permitan a Lula y Uribe buscar un tercer mandato consecutivo. En Venezuela, Chávez no ha ocultado sus deseos de mantenerse en el poder más allá del fin de su segundo mandato constitucional en 2012.”

En una región donde los presidentes históricamente han sido más importante que las presidencias, la tentación de aferrarse al poder inevitablemente parece aquejar a todos los exitosos líderes políticos. A menos que los países de América latina sean capaces de evitar la concentración de poder en liderazgos individuales y en tanto los presidentes populares prefieran consolidar las instituciones que perpetuarse en el poder, la democracia seguirá siendo inestable y débil.

Históricamente, los países de América latina han experimentado periodos de inestabilidad política caracterizados por rápidos y a menudo violentos cambios en el poder. Pero la región también ha pasado por periodos de estabilidad y prosperidad. Generalmente asociados a un presidente carismático, con probado y hábil liderazgo y loable visión, la estabilidad ha producido crecimiento económico y ha mejorado la calidad de vida. En la mayoría de los casos, la estabilidad y el crecimiento económico han sido inevitablemente asociados al liderazgo individual del presidente de turno. Más que fundados en la estabilidad y solidez de instituciones democráticas, los buenos periodos recientes se asocian con presidentes populares que han sabido guiar a sus países por el sendero del éxito. Porque la estabilidad y el desarrollo parecen depender de liderazgos individuales, muchos presidentes se ven tentados a mantenerse indefinidamente en el poder.

Desde el fin de la guerra fría, América latina ha vivido un periodo democrático sin precedentes. Aunque hay problemas y desafíos, la democracia se ha convertido en la única forma legítima de llegar al poder y mantenerlo. Pero la celebración de elecciones periódicas no ha terminado con la inclinación a perpetuarse en el poder. En la década de los 90, varios países adoptaron reformas constitucionales que permitieron a populares presidentes buscar un segundo periodo. En Brasil, Argentina y Perú, la re-elección presidencial para un segundo periodo fue adoptada cuando populares mandatarios quisieron mantenerse en el poder. Pero mientras el presidente brasileño Fernando H. Cardoso abandonó el poder después de completar su segundo mandato, los presidentes de Argentina, Carlos Menem, y de Perú, Alberto Fujimori, interpretaron curiosamente las constituciones de sus países para buscar un tercer periodo. Afortunadamente para ambas democracia, tanto Fujimori como Menem vieron frustrados sus intentos.

En años recientes, otros países también han adoptado reformas que permiten la re-elección para un segundo periodo. Venezuela la adoptó en su constitución de 1999. Colombia modificó su constitución para permitir una re-elección. Lo más probable es que las nuevas constituciones de Bolivia y Ecuador también permitan una re-elección. En otros países, como Perú y Chile, se permite la re-elección, pero no la re-elección inmediata. Con la excepción de México- donde la todo tipo de re-elección inmediata es un anatema cuya dogmática e irracional defensa le ha hecho más daño que bien a la estabilidad democrática- la mayoría de los países de la región permiten algún tipo de re-elección presidencial.

Ahora que varios presidentes populares de América latina se acercan al fin de su segundo periodo, el debate sobre la conveniencia de que se mantengan en el poder nuevamente ha llevado a algunos a especular sobre nuevas reformas constitucionales que les permitan aferrarse al poder. En Brasil y Colombia ya se escuchan voces a favor de reformas que permitan a Lula y Uribe buscar un tercer mandato consecutivo. En Venezuela, Chávez no ha ocultado sus deseos de mantenerse en el poder más allá del fin de su segundo mandato constitucional en 2012. Incluso después que el pueblo venezolano votó contra la re-elección indefinida, Chávez ha insistido en la idea de impulsar una reforma.

Durante lo que resta de 2008, especialmente en Brasil y Colombia, se reavivará el debate sobre una nueva reforma constitucional que permita a los presidentes buscar un tercer periodo. Hay buenas razones para creer que el liderazgo de Lula y Uribe ha sido mucho más positivo que negativo para sus países. También hay motivos para creer que resultará difícil que aparezcan candidatos oficialistas que sean capaces de aglutinar los apoyos y generar el liderazgo que ha caracterizado a Lula y a Uribe. Por eso, muchos asociarán el deseo por mantener la estabilidad actual con la permanencia de ambos presidentes.

Por eso mismo, la gran oportunidad que hoy tienen tanto Lula como Uribe es demostrar que las presidencias son más importantes que los presidentes y que las instituciones deben pesar más que las personas. Si decididamente anuncian su determinación a dejar el poder cuando terminen sus actuales periodos, ambos líderes seguramente entrarán por la puerta ancha de la historia a la insuficientemente poblada galería de grandes presidentes de América latina. Además, estarán haciendo una contribución invaluable a la consolidación futura de una democracia de instituciones inmune a la tentación del populismo y la concentración de poder.

Si en cambio Lula y Uribe son seducidos por los cantos de sirena que asocian la estabilidad y el progreso a su permanencia indefinida en el poder, la democracia de América latina seguirá cautiva de su historia de tentaciones populistas e irrupciones autoritarias de líderes que, aunque hayan gobernado bien, parecen incapaces de entender que el ejercicio del poder no debe ser vitalicio. Porque en democracia las presidencias deben ser más importantes que los presidentes, Uribe y Lula debieran desechar enfática y decididamente las ya existentes iniciativas que promuevan reformas constitucionales que les permitan un tercer periodo en el poder.

 

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