La invitación al diálogo
La Nacion
Buenos Aires, 28 de marzo 2008
Por La Nación (Argentina)
“… Es la Presidenta, precisamente, con la potestad que le concede el cargo, quien debe evitarlo. Para ello es imprescindible que aplique aquello que predicó: el diálogo. Algo que debería ser más ejercitado que declamado desde el propio Gobierno”. (Editorial publicado por La Nación. Argentina)
"Con un discurso que pretendió ser conciliador e inclusivo, la Presidenta instó anoche al diálogo a los dirigentes agropecuarios. Puso como condición que levantaran las medidas de fuerza. Acertó en ese aspecto, más allá del pésimo manejo que ha tenido el Gobierno de la crisis desatada por el aumento desmesurado de las retenciones: ningún jefe de Estado puede negociar con sectores en pugna en medio de bloqueos de rutas que, como siempre hemos consignado desde estas columnas sin reparar en sus impulsores, no hacen más que violar la libre circulación, alterar el orden público y desnaturalizar el sentido de la protesta que sea.
Poco antes de la aparición de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en Parque Norte, escenario caro al ex presidente Néstor Kirchner por haber sido la sede del congreso nacional partidario en el cual fue designado presidente del PJ, la Comisión de Enlace de Entidades Agropecuarias -integrada por la Sociedad Rural, Confederaciones Rurales, la Federación Agraria y Coninagro- señaló que estaba dispuesta a "conciliar posiciones para evitar mayores penurias a quienes se están viendo afectados por las medidas" y solicitó a las autoridades "una instancia de diálogo".
Finalmente, el término diálogo pareció tender un puente entre el Gobierno y la dirigencia, dispuesta, antes del discurso, a suspender las medidas de fuerza si veía coronadas sus expectativas en el mensaje presidencial. Todo indica que, al menos entre la dirigencia, había interés en aprobar aquello que, a todas luces, debió de haber sido consensuado. Esto significa que, en aras de contribuir a la paz social y la convivencia armónica, es posible que comience una nueva instancia en esta dura disputa que llevó a los argentinos a enfrentarse entre sí. Un desenlace lamentable que debió ser evitado.
En esta nueva instancia debe primar el tono presidencial de anoche, más conciliador e inclusivo. Es preocupante, empero, que cerca de la Presidenta hayan estado en sitios preferenciales aquellos que quisieron acallar los cacerolazos con actos de violencia propios de tiempos que parecían pretéritos frente a la llamativa ausencia policial.
Nos referimos a los dirigentes piqueteros Emilio Pérsico y Luis D Elía, muy ufano este último a pesar de haber protagonizado bochornosas agresiones en las dos noches anteriores y de haber dicho ayer mismo que sentía un "odio visceral" contra "los blancos y la oligarquía". Su mera presencia tan cerca de la Presidenta ha sido más que preocupante, sobre todo frente a la presunción de que ante cualquier otro reclamo el Gobierno pueda contar con grupos de choque capaces de repeler con desmanes y complicidad policial todo gesto de reprobación en un país que se jacta de su libertad de expresión.
Si bien la crisis tendía anoche a descomprimirse, todos los argentinos podemos extraer lecciones. Una, si no la principal, es que no debemos caer más en las antinomias ni debemos hablar más, como la misma Presidenta lo hizo, de una y otra Argentina. La Argentina es una sola. Es la que, antes de que pronunciara su discurso, entonó el Himno Nacional en Parque Norte y en las rutas desde las cuales los hombres de campo seguían el mensaje presidencial. Esa es la única Argentina, no una signada por anticuadas luchas de clases ni por pugnas entre unitarios y federales.
Sería bueno, sin embargo, que la Presidenta sea coherente con sus premisas y no fomente las divisiones, como ocurrió antes de que comenzaran los cacerolazos. Si en el discurso inaugural de su gestión abogó con acierto por un modelo productivo basado sobre la superación de la antinomia entre el campo y la industria, debería evitar algunas caricaturizaciones peyorativas de quienes no piensan como ella, impropias de quien dice gobernar para todos los argentinos.
Es positivo que la señora Kirchner se haya llamado a sí misma presidenta de todos los argentinos. Es positivo porque, si no, cualquiera hubiera pensado que, en realidad, tiene preferencias por determinados sectores que pueden ser más funcionales que otros a los fines políticos del Gobierno. Si no quiere dividir el país, sería mejor que se aparte de personajes que, como D Elía, parecen empeñados en ello con un resentimiento tan dañino como peligroso.
La Presidenta tiene el deber de unir y no seguir dividiendo. La furia en las calles no debe repetirse. Tampoco deben reiterarse los bloqueos de rutas. Es la Presidenta, precisamente, con la potestad que le concede el cargo, quien debe evitarlo. Para ello es imprescindible que aplique aquello que predicó: el diálogo. Algo que debería ser más ejercitado que declamado desde el propio Gobierno."


























