Sin Fidel, ¿y ahora qué?
Firmas press
13 de marzo 2008
Por Carlos Alberto Montaner
“… Los cubanos quieren algo más que pan con mantequilla. Quieren libertades. Quieren poseer empresas, tener bienes, salir y entrar libremente en el país, contar con diversas opciones políticas, leer e informarse como les da la gana y recuperar el control de sus vidas, secuestradas por los Castro hace medio siglo. Lo que debe comprender Raúl es que el destino no lo ha colocado en ese puesto para salvar a una revolución que hundió al país y casi nadie quiere, sino para enterrarla ordenadamente. Ese es su mejor papel” (Diario de América)
"Fidel se va, pero se queda. La primera decisión que ha tomado su hermano Raúl como flamante presidente de Cuba es delegar sus atributos y consultarle a Fidel todos los temas importantes.
… Raúl se propone resolver las cuestiones materiales más urgentes heredadas de la devastadora era fidelista. Está convencido de que los cubanos, en realidad, no desean libertades, sino pan con mantequilla. Cree que si el gobierno mejora el suministro de comida y la población vive un poco mejor aceptará de buen grado lo que hoy admite por resignación e impotencia. Es una forma endurecida y cínica de ver las cosas, pero es la que tiene. Cuando Raúl cierra los ojos y sueña con el futuro de Cuba ve tres panoramas sucesivos.
A corto plazo (12 meses, pero con los primeros cambios antes del verano) vislumbra un país más productivo y menos hambreado que el que ha recibido.
A medio plazo (36 meses) se imagina una sociedad menos rígida, con espacios de opinión más amplios. La reciente publicación del discurso del cardenal Bertone y una actitud más hospitalaria hacia la Iglesia es un anticipo de ello.
A largo plazo (60 a 72 meses) sueña con haber reproducido en Cuba un modelo más parecido a la Rusia de Putin que a la China actual, donde el capitalismo controlado por los viejos amiguetes del partido, del ejército y del Ministerio del Interior manejan todos los hilos del poder político y económico, garantizando el sostenimiento de una élite, capaz de autorrenovarse, que manipulará al país por varias generaciones hasta que la anomalía histórica del comunismo se vaya disolviendo sin traumas en una aceptable normalidad latinoamericana.
Raúl se equivoca. Le fallan las premisas básicas. El partido no es revitalizable porque ya casi nadie cree en el colectivismo o en las tonteras marxistas, como afirman los propios hijos de la nomenklatura. (Si Raúl lo duda, ¿por qué no conversa con los hijos de Juan Almeida, Carlos Lage, Machado Ventura, Juan Escalona o de su hermano Ramón?) Las fuerzas armadas tampoco son un bloque monolítico. Se mantienen unidas por lealtad a Fidel y porque están más cerca del espíritu de banda que de la disciplina castrense, pero ideológica y emocionalmente hace mucho tiempo que rompieron con el discurso revolucionario. Uno no elige la carrera militar para administrar hoteles o para darles de comer a los turistas canadienses.
Los cubanos quieren algo más que pan con mantequilla. Quieren libertades. Quieren poseer empresas, tener bienes, salir y entrar libremente en el país, contar con diversas opciones políticas, leer e informarse como les da la gana y recuperar el control de sus vidas, secuestradas por los Castro hace medio siglo. Lo que debe comprender Raúl es que el destino no lo ha colocado en ese puesto para salvar a una revolución que hundió al país y casi nadie quiere, sino para enterrarla ordenadamente. Ese es su mejor papel."

























