La Cuba de Fidel, entre la épica y la ficción

La Nación
Buenos Aires, 21 de febrero de 2008
Por Jon Lee Anderson

“Todos los cubanos entienden que la renuncia de Fidel, incluso su muerte, no acabará con el prolongado enfrentamiento con Estados Unidos y que, de una manera u otra, el futuro de Cuba será, como siempre ha sido, determinado directa o indirectamente por las decisiones de Washington”. (La Nación. Argentina)

"…Fidel Castro renunció. La enfermedad y la edad ya lo habían obligado a retirarse de la escena pública, que ocupó durante casi medio siglo, y a recluirse desde julio de 2006. Salvo por el estilo más bien discreto de su prolongada despedida, parece adecuado que Fidel se vaya de la misma manera que ha vivido su vida, como una épica interminable. Por no aparecer en público, por desaparecer, pero no del todo, siguió siendo, por supuesto, el centro de atención en Cuba, como siempre lo ha sido.

Si la supervivencia fuera una virtud, Fidel Castro sería muy virtuoso, porque ha estado con nosotros durante un tiempo extremadamente largo. Asumió en 1959 y siguió hasta convertirse en el gobernante con más años en el poder en el mundo. Incluso sobrevivió a su principal patrocinador ideológico y financiero, la Unión Soviética. El comunismo colapsó, pero Fidel, no.

…En Cuba, la revolución de Fidel ha sido un experimento político, social y económico que fue exitoso en algunos aspectos y un desastroso fracaso en otros, lo que garantiza que su legado interno será polémico y, tal vez, tan duradero como su gobierno.

Hay muchos cubanos genuinamente devotos de Fidel, que temen la incertidumbre que provocará su muerte. Su hermano Raúl ha asumido silenciosamente su rol como sucesor. Eso garantizó una suerte de continuidad, pero la avanzada edad de Raúl, de 76 años, implica que sólo podrá ser una figura transicional, por lo que el futuro de Cuba no es un tema resuelto.

…También hay muchos otros cubanos que han soñado durante años con la desaparición de Fidel, convencidos de que el destino les jugó una mala pasada al poner sus vidas en manos de este hombre tan longevo, obstinado y egocéntrico. Bajo el gobierno de Fidel, pasaron su vida en una especie de sofocante distorsión de la realidad, un reino exclusivamente cubano en el que el tiempo es simultáneamente inmóvil y avanza, zigzagueando entre episodios dramáticos siempre vinculados a la voluntad y el capricho de Fidel.

Porque Fidel siempre se ha visto a sí mismo, a sus compatriotas y a Cuba misma enzarzados en una lucha heroica, por el socialismo, contra el imperialismo, en defensa de la soberanía nacional. Debido a su constante exaltación del sacrificio cubano como un elemento vital de la lucha por la supervivencia de la revolución, existe en Cuba un sentimiento colectivo que da significado a la vida cotidiana.

…Con similares grados de pasión, que Fidel puso en casi todo, la existencia cotidiana llegó a ser portentosa y, con frecuencia, sombría para los cubanos, porque las escaramuzas en la gran revolución son interminables y el futuro perfecto parece que no llega nunca.

Desde que Fidel se retiró, no sólo sus leales lo echan de menos sino que también lo extrañan sus opositores. Al eclipsarse la era de Fidel, también desaparece la cualidad épica que sus vidas compartían, a pesar de todo lo que puedan haber sufrido. El próximo golpe será la muerte de Fidel y el empequeñecimiento de la historia en Cuba y, tal vez, de Cuba misma. Si durante los últimos 49 años Fidel fue Cuba ¿qué será Cuba sin él?

Todos los cubanos entienden que la renuncia de Fidel, incluso su muerte, no acabará con el prolongado enfrentamiento con Estados Unidos y que, de una manera u otra, el futuro de Cuba será, como siempre ha sido, determinado directa o indirectamente por las decisiones de Washington.

…En ausencia de eso, el gobierno norteamericano continuaría "ofreciéndole a Cuba una transición real". Esas menciones desembozadas de Washington sobre promover "un cambio de régimen" resultan, para la mayoría de los cubanos que conozco, incluyendo detractores de Fidel, dolorosamente intervencionistas. Pero eso no es nada nuevo: esas expresiones son tan antiguas como la nación cubana.

Mucho antes de convertirse en socialista, Fidel era un ardiente nacionalista que concebía su revolución como el antídoto a la historia de sometimiento de su país a Estados Unidos. Más tarde, llegó a creer que él y su revolución habían ganado la plena soberanía nacional cubana -o, como solía designarla, su "dignidad"-, al enfrentarse a Estados Unidos y lograr sobrevivir…".

Extracto del artículo publicado por el diario La Nación 

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