Las FARC, una guerrilla colombiana blanco de protestas mundiales
Infolatam
Madrid, 4 de febrero 2008
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que ayer fueron el blanco de protestas en más de un centenar de ciudades del mundo, son una guerrilla considerada terrorista que cuenta con unos 17.000 hombres y desde hace más de cuatro décadas tiene al país sumido en un conflicto armado.
Pese a su escasa popularidad, las FARC tienen más de un centenar de frentes que operan en 31 de los 32 departamentos colombianos (la excepción es el archipiélago caribeño de San Andrés) y su poder ha sido enfrentado por once presidentes.
Los teroristas disponen de un gran poder económico, con ingresos cercanos a los 500 millones de dólares anuales que, según las autoridades, provienen del cobro de rescates por secuestros, extorsiones y en mayor medida por sus vínculos con el narcotráfico, negocio al que se metieron en los últimos años, aunque niegan que se dediquen al tráfico de drogas.
Con la incursión en el narcotráfico las FARC se apartaron en la práctica de la ideología marxista que tuvieron en sus comienzos y se convirtieron, según las autoridades, en un grupo delictivo más, calificado como terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea (UE).
El presidente venezolano, Hugo Chávez, pidió el pasado 11 de enero a la comunidad internacional que se le reconociera el estatuto de beligerancia y se les sacara de la lista de terroristas, pero su solicitud fue rechazada por Colombia y la comunidad internacional.
Las FARC nacieron el 27 de mayo de 1964 como organización de autodefensas campesinas movilizada para protegerse de una operación militar ordenada por el Gobierno de entonces contra las "repúblicas independientes" instauradas por las guerrillas liberales y comunistas que rechazaron una amnistía ofrecida.
La ofensiva gubernamental formaba parte de la estrategia estadounidense denominada "Plan Laso" (Latin American Security Operation) contra los grupos insurgentes que nacían en los años 60, según historiadores y analistas. Su fundador, Pedro Antonio Marín, alias "Manuel Marulanda" o "Tirofijo", es a sus 79 años el guerrillero más viejo del mundo, la cabeza de la organización y el encargado de dirigir desde la selva una guerra en la que cada vez tiene menos apoyo y más críticas.
Durante estos 43 años los rebeldes han realizado nueve conferencias nacionales, la última de ellas, según las autoridades, por internet, en las cuales han delineado su línea política, táctica de guerra y también su visión de la paz, que parece no coincidir con la de la mayoría de los colombianos.
En cuatro oportunidades han entablado negociaciones formales de paz. La primera de ellas fue en 1984 con el Gobierno del presidente Belisario Betancur (1982-1986), la segunda con Virgilio Barco (1986-1990), después con César Gaviria (1990-1994) y por último con Andrés Pastrana (1998-2002), todas ellas sin resultados.
El proceso de paz más esperanzador y criticado fue el entablado en enero de 1999 con Pastrana, que cedió a la guerrilla una zona desmilitarizada de poco más de 43.000 kilómetros cuadrados en el sur del país para las negociaciones, con centro en el municipio de San Vicente del Caguán, departamento de Caquetá.
El 20 de febrero de 2002 el Gobierno dio por terminada la llamada "zona de distensión" a raíz del secuestro del entonces senador Jorge Eduardo Gechem, que permanece cautivo, y días después el Ejército recuperó el control del área, con lo cual acabó ese proceso de paz. En los últimos años esa guerrilla cambió la estrategia de toma armada de municipios por el secuestro masivo de políticos, militares y policías que pretende canjear por cerca de 500 guerrilleros presos en cárceles.
En el grupo de 44 rehenes que las FARC considera "canjeables" figuran la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, que también tienen nacionalidad francesa, y tres estadounidenses.
Desde que el presidente colombiano, Álvaro Uribe, llegó al poder, el 7 de agosto de 2002, y prometió combatir a las FARC con "toda decisión", los rebeldes se han replegado hacia la zonas selváticas, y prácticamente dejaron de atacar zonas urbanas.
La insistencia de las FARC en mantener secuestrados tanto por motivos políticos como de extorsión y la muerte de varios cautivos en confusas circunstancias han unido más que nunca a los colombianos en los últimos meses contra esa guerrilla y motivado marchas como las de hoy en el país y el exterior.


























