El Karma de Uribe
Infolatam
Bogotá, 5 de diciembre 2007
Por Alfonso Cuéllar
(Especialpara Infolatam)”… La opinión pública colombiana recibió con algo de escepticismo la nueva estrategia. Primero, pocos creen que Restrepo logre reunirse en el corto plazo con la guerrilla, si llevan buscando ese encuentro desde agosto 2002. Segundo, aunque se considera muy positiva la intervención de Sarkozy, anteriores gestiones franceses no tuvieron éxito. Y tercero, ofrecer beneficios jurídicos a un número indeterminado y desconocido de guerrilleros, no parece tener un sólido piso legal”.
Durante sus más de cinco años en el poder, el presidente Álvaro Uribe se ha distinguido por su capacidad de enfrentar y resolver problemas que en Colombia parecían imposibles. Pero hay un asunto que lo ha trasnochado y que le ha resultado indescifrable: cómo lograr la liberación de los secuestrados por la guerrilla de las FARC. Ninguno de sus diferentes tentativas ha sido fructífera. La opción del rescate militar perdió muchos adeptos después del fallido intento de mayo 2003, cuando un gobernador y un ex ministro de Defensa fueron asesinados por sus captores guerrilleros minutos antes de la llegada de la tropa.
El Presidente ha ungido de facilitador o mediador a todo el que se le ha ofrecido, entre ellos a ex presidentes colombianos, delegados de Francia, España y Suiza y en los últimos meses, a la senador opositora Piedad Córdoba y el mandatario venezolano Hugo Chávez.
Algunos esfuerzos han generado más esperanzas que otros, especialmente los que producen efectos mediáticos. Muchas de las familias que no han visto a sus seres queridos por varios años – unos policías colombianos cumplen este mes un década en manos de las FARC-, creen ciegamente que hay una relación positiva y directa entre mayor publicidad y la liberación de los secuestrados. Por eso hubo tanto optimismo con la labor de Chávez y tanta rabia con el gobierno colombiano cuando Uribe decidió ponerle fin a las gestiones el dirigente venezolano.
Infortunadamente, hasta ahora en Colombia, las mediaciones de micrófano y cámara de televisión como telón de fondo han fracasado. Sólo sirven para multiplicar por mil unas expectativas irreales y tienden a endurecer la posición de la única organización que tiene el poder para liberar a los rehenes: las FARC.
Este es el quid del asunto que muchas veces se pierde en medio de tanto entusiasmo. Si la guerrilla no quiere devolver a los secuestrados a sus hogares, no hay nada que hacer. A pesar de todas las intermediaciones, aún no se sabe a ciencia cierta cuál es el precio que espera a cambio. Exige el despeje dos municipios para hablar de lo que llaman un canje de prisioneros de las FARC en la cárcel por los civiles y militares en su poder. Pero no han querido informar cuáles guerrilleros serían los del intercambio y hay dudas de que dejarían libre a todos sus rehenes. Esa realidad tozuda, sin embargo, no ha frenado el ímpetu de las iniciativas humanitarias.
La última la anunció el mismo presidente Uribe ayer martes. Dijo que había autorizado a su comisionado de paz, Luis Carlos Restrepo, buscar una reunión con las FARC en cualquier parte del país y le ofreció a Francia y su presidente Nicolas Sarkozy un rol de primer orden en este renovado esfuerzo. También informó que se preparaba un decreto suspendiendo las penas de cárcel a los guerrilleros que serían canjeables.
La opinión pública colombiana recibió con algo de escepticismo la nueva estrategia. Primero, pocos creen que Restrepo logre reunirse en el corto plazo con la guerrilla, si llevan buscando ese encuentro desde agosto 2002. Segundo, aunque se considera muy positiva la intervención de Sarkozy, anteriores gestiones franceses no tuvieron éxito. Y tercero, ofrecer beneficios jurídicos a un número indeterminado y desconocido de guerrilleros, no parece tener un sólido piso legal.
A pesar de las evidentes dificultades y falencias de las propuestas presidenciales y de los múltiples frustraciones anteriores, todo indica que la búsqueda de un acuerdo humanitario recibió un nuevo impulso. La razón: la foto de la secuestrada ex candidata presidencial, la colombo-francesa Ingrid Betancourt, que le dio la vuelta al mundo.

























