El populismo del siglo XXI

La Nación
Asunción, 13 de noviembre de 2007
Por Roberto Laserna

“Más allá de la retórica de las nuevas izquierdas de Venezuela, Bolivia y Ecuador, está claro que el populismo latinoamericano hoy renace con el disfraz de un nuevo socialismo. Por eso, la principal conclusión es quizás que la riqueza natural con que la naturaleza dotó a estos países puede ser mejor aprovechada si se evita su concentración en manos de la burocracia o su uso discrecional por un caudillo”. (La Nación. Paraguay)
 

"A diferencia de los antiguos movimientos de izquierda, que confiaban en la lucha armada, Chávez, Morales y Correa accedieron al gobierno mediante elecciones y recurren a la presión de las masas para reformar la constitución y ampliar su poder…

…Las experiencias de Venezuela y Bolivia sugieren, sin embargo, que todos terminan frustrados. Los radicales, cuando descubren que no basta cambiar las normas para cambiar la realidad; los concertadores, cuando son impedidos de dialogar por las movilizaciones sociales, y todos en conjunto cuando descubren que carecen de propuestas específicas o que las que tienen son incompatibles entre sí o inaplicables.

La Asamblea Constituyente termina debilitando la institucionalidad……Quienes promueven la concentración del poder justifican este hecho, como siempre ocurrió, por la necesidad revolucionaria de cambiar las estructuras, liberar a la nación y superar las condiciones de pobreza de las mayorías. Sin embargo, cuando este discurso se pone en práctica renacen las confusiones que caracterizaron a la vieja izquierda, como ya se observa en Venezuela y Bolivia. La confusión más flagrante es la que no diferencia entre Estado y Nación.

Otra confusión quizás más peligrosa es la que fusiona la idea de pueblo a la de masas organizadas que salen a las calles. Es peligrosa porque es expresión de un corporativismo que termina por privatizar de facto los recursos públicos y renovar las desigualdades sociales. En la lógica del populismo corporativo, los recursos son destinados al grupo que ejerce mayor presión y que es capaz de generar más conflictos. Esto posterga la atención a los más débiles y necesitados, que no pueden ejercer una presión similar.

Estas confusiones no tendrían sentido ni razón de ser sin los recursos que se concentran en el poder gubernamental mediante las estatizaciones. Así se revela la explicación económica de estos fenómenos: la lucha por el control de las rentas de los hidrocarburos.

…Cuando las organizaciones sociales son escasas y débiles, como en Venezuela, la concentración de recursos implica concentración de poder y la posibilidad de perpetuarlo mediante el clientelismo. Cuando hay fuerzas corporativas, sindicatos, cámaras, comités y juntas, como es el caso de Bolivia, los recursos concentrados se convierten en el objeto principal de la disputa política. En ambas situaciones la institucionalidad es un obstáculo, y por eso los caudillos y los grupos corporativos comparten el interés por destruirla.

El populismo latinoamericano se nutrió siempre de esta convergencia. Más allá de la retórica de las nuevas izquierdas de Venezuela, Bolivia y Ecuador, está claro que el populismo latinoamericano hoy renace con el disfraz de un nuevo socialismo.

Por eso, la principal conclusión es quizás que la riqueza natural con que la naturaleza dotó a estos países puede ser mejor aprovechada si se evita su concentración en manos de la burocracia o su uso discrecional por un caudillo".

Extracto del artículo publicado por el diario La Nación 

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