El resultado plural de las elecciones regionales en Colombia

Infolatam
Oxford, 29 de octubre de 2007
Por Eduardo Posada Carbo

(Especial para Infolatam) …”Estas han sido unas de las elecciones más observadas en la historia contemporánea de Colombia …., en parte por las preocupaciones provocadas por los escándalos de la llamada “parapolítica” y por los temores de que el proceso se viese viciado por la coerción, el fraude y otros comportamientos corruptos y violentos.(…) Por lo pronto, los resultados electorales señalan la configuración de un mapa político plural y dinámico que, sin estar libre de problemas, sirve de aliento democrático.

No es posible hacer una simple lectura de los resultados de las elecciones regionales colombianas, celebradas el domingo pasado.  En una gran proporción, los candidatos que se disputaban las 32 gobernaciones y 1.098 alcaldías estuvieron respaldados por coaliciones variopintas y heterogéneas – lo que dificulta hacer el balance del poder relativo logrado por los distintos partidos tras la jornada electoral -.  Las fuerzas que acompañan al Gobierno mantendrán quizá una relativa mayoría.  Sin embargo, en el caso de la Alcaldía de Bogotá – la capital de país, donde se vota por el segundo cargo más importante de elección popular del país -, el resultado no deja dudas: allí el partido de oposición nacional, Polo Democrático Alternativo (PDA), le propinó una derrota importante al gobierno del Presidente Uribe.  El cuadro general es no obstante complejo, en unas elecciones caracterizadas por los altos grados de volatilidad del electorado.

Al mirar sólo la afiliación partidista de los candidatos, la coalición oficial parece haber obtenido el mayor número de alcaldías (694; de las cuales 13 en ciudades capitales) y gobernaciones(17).  El Partido Liberal (PL) – el partido de oposición con mayor representación en el Congreso -, triunfaría en 6 gobernaciones y en 207 alcaldías – 7 en ciudades capitales del país -.   El PDA sólo ganaría la gobernación de Nariño, y unas 20 alcaldías, pero la victoria en Bogotá es de enorme significado y, además, según su portal electrónico, el partido “duplica en todo el país su representación en las corporaciones públicas” (concejos municipales y asambleas departamentales).  Los resultados además indican que 8 gobernaciones y 11 alcaldías de capitales quedarían en manos de movimientos “independientes” que, como informa El Tiempo, no estarían alineados ni con el Gobierno ni con la oposición.

Estas estadísticas, sin embargo, no arrojan un cuadro muy preciso de la distribución del poder entre los distintos partidos.  Una mirada de los resultados en algunos de los principales departamentos y ciudades capitales sirve de ilustración para apreciar algunas de sus complejidades. 

A pesar de haber triunfado en la Alcaldía de Bogotá, el PDA no controlará el Concejo de la ciudad (aunque ganó unos escaños más que en las pasadas elecciones).  En Medellín – la segunda ciudad colombiana -, triunfó el candidato del movimiento independiente que lidera el actual burgomaestre (Sergio Fajardo), bajo el aval de la Alianza Social Indígena , en una coalición que recibió el respaldo de uno de los partidos “uribistas”, el Partido Social de Unidad Nacional – mejor conocido como Partido de la U -, pero también con el apoyo de facciones del PDA.  Pero otro de los partidos principales de la coalición gubernamental, Cambio Radical, apoyó en Medellín a uno de los candidatos derrotados.   El PDA fue también dividido en las elecciones de Cali, donde algunos sectores de este partido respaldaron al candidato triunfante, quien derrotó allí a la coalición afín al uribismo.  La coalición gubernamental triunfó en la alcaldía de Barranquilla, pero fue derrotada por el Partido Liberal en la disputa por la gobernación del departamento del Atlántico, con apoyos de sectores del PDA y del conservatismo (miembro de la coalición uribista).  En Bucaramanga, el ex ministro Horacio Serpa (PL) – ex contendor de Uribe en las pasadas elecciones presidenciales -, fue elegido en una amplia coalición que incluyó tanto a sectores uribistas como del PDA.

Esta falta de nitidez en los alineamientos partidarios no debe sorprender.  La fragmentación y falta de disciplina de los partidos, a pesar de los efectos de la reforma electoral de 2003 – que buscó reagruparlos -, facilita la formación de coaliciones heterogéneas.   Pero además las elecciones regionales – sobre todo después de la adopción de elecciones de alcaldes (1986) y gobernadores (1991) -, han tendido a provocar la competencia electoral alrededor de temas e intereses locales, muchas veces disasociada de la política nacional.   Ello no quiere decir que lo que estuvo en juego en estas elecciones sólo sea de significado local, ni que el impacto de sus resultados vaya a estar confinado sólo a las respectivas regiones.

Por supuesto que lo sucedido en Bogotá tiene repercusiones en todo el país.  Allí además sí hubo alguna nitidez en los alinderamientos de la competencia electoral frente al gobierno nacional.  Aunque la candidatura del ex alcalde Enrique Peñalosa contó con un variado respaldo – que incluía al partido uribista Cambio Radical y al PL -, pasó a ser “claro” – como informó el portal electrónico Votebien.com -, que representaba “la carta de Uribe en la contienda electoral de la capital”.  Por su parte, el partido de oposición PDA  seleccionó en sus primarias al ex senador Samuel Moreno Rojas.  Durante la última semana, el mismo Presidente Uribe – “contrariando”, según el editorialista de El Tiempo, “una ya larga tradición institucional […] emprendió […] una desconcertante campaña contra el candidato del Polo” (pero sin referirse a él con nombre propio).  El amplio triunfo de Moreno Rojas se constituyó así en una derrota para el gobierno nacional y apuntala la posición del PDA con miras a las elecciones presidenciales de 2010.  Otro resultado de significado nacional es el de Medellín, donde Alonso Salazar – cercano al actual Alcalde -, derrotó al ex alcalde Luis Pérez.  El triunfo de Salazar se considera como un reconocimiento a los logros de la administración de Sergio Fajardo, una figura independiente de las organizaciones partidarias que ha ganado estatura nacional como uno de los posibles aspirantes a la presidencia en el 2010.

En uno y otro caso, como en muchos otros, los ganadores lograron imponerse en campañas donde tendió a predominar la volatilidad de los electores.  Dos meses atrás, según las encuestas del Centro Nacional de Consultorías (CNC) publicadas por Semana, Peñalosa aventajaba con amplio margen a Moreno Rojas (38% frente a 29%).   En las encuestas de Gallup, comisionadas por varios medios de comunicación, Peñalosa tuvo siempre ventajas sobre Moreno Rojas, por lo menos desde Agosto – aunque en constante descenso, de 50-20 a 35-30 en Octubre -.  El ascenso de Salazar en Medellín fue más vertiginoso que el de Moreno Rojas en Bogotá: en agosto, Salazar apenas contaba con el 10 % de potenciales votantes, mientras Pérez parecía imbatible con un 49%, según las encuestas de CNC.  Todavía a comienzos de octubre, Pérez le llevaba 20 puntos de ventaja.  Las encuestas de Gallup daban resultados similares.  Esa incertidumbre hasta el final sobre el comportamiento de los electores se mantuvo también en muchas otras partes, como en las elecciones para la alcaldía de Cali o Cartagena, o para las gobernaciones del Atlántico y Santander.

Sólo un examen minucioso podrá arrojar un balance más preciso de cómo quedó distribuído el poder tras las elecciones recientes y de los factores que condicionaron los resultados, aunque algunos analistas como Darío Acevedo Carmona, o El Espectador consideran que “la correlación de fuerzas gobierno-oposición no sufre grandes alteraciones”; que “el mapa político del país, con algunos matices y variaciones, quedó muy semejante al que quedó trazado en 2003”.  Estas han sido unas de las elecciones más observadas en la historia contemporánea de Colombia – nacional e internacionalmente -, en parte por las preocupaciones provocadas por los escándalos de la llamada “parapolítica” y por los temores de que el proceso se viese viciado por la coerción, el fraude y otros comportamientos corruptos y violentos.  El jefe de la Misión de Observación Electoral de la OEA encontró en su informe preliminar, sin embargo, más motivos de satisfacción que de preocupación en el proceso.  Para los colombianos, los motivos de preocupación subsistirán mientras subsista el conflicto armado.  Por lo pronto, los resultados electorales señalan la configuración de un mapa político plural y dinámico que, sin estar libre de problemas, sirve de aliento democrático.

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