Oportunidad para superar viejos rencores
La Nación
Buenos Aires, 28 de octubre de 2007
Por Joaquín Morales Solá
“Odio, por un lado; apatía, por el otro… La etapa que se abre hoy, con la probable irrupción de una presidenta electa, podría significar el punto de partida de un período más amable en la vida pública. Podría, sólo podría”. (La Nación. Argentina)
"El nuevo siglo amaneció aquí dejando una nación política más retorcida, menos agradable. La confrontación y la discordia han reemplazado la tolerancia entre los dirigentes políticos. Odio y rencor son, en cambio, fácilmente perceptibles en algunos sectores sociales, quizá no vastos, pero sí influyentes. Frente a ellos -o por ellos-, una enorme mayoría social se ha desentendido de los asuntos públicos y de las rencillas conmovedoramente minoritarias.
Odio, por un lado; apatía, por el otro. La fórmula es una mezcla letal para los que conciben la democracia como una manera de vivir y no sólo de votar. La política perdió hasta el componente de una noción, superficial siquiera, de la calidez humana. El adversario, convertido en enemigo; la ideología marca la relación entre las personas. La etapa que se abre hoy, con la probable irrupción de una presidenta electa, podría significar el punto de partida de un período más amable en la vida pública. Podría, sólo podría. El potencial es necesario porque no se sabe, a ciencia cierta, qué pasará después del 10 de diciembre.
…Néstor Kirchner es una cosa sobre la tribuna y es otra cuando se baja de ella. Pero en la tribuna ha fustigado sin tregua a casi todos los sectores sociales, con excepción de los que lo ayudan a conservar el poder. Véanme gobernar, no me escuchen , suele repetir.
La cultura que emerge del gobierno suele expandirse rápidamente. Sus opositores también han caído en el error del agravio fácil y del diálogo difícil. El odio fue la consecuencia palpable en el espíritu de algunos amigos del gobierno y, también, en el de sectores sociales enfrentados con el gobierno.
No es la política opositora la que odia ni tampoco los sectores sindicales o empresarios. Son grupos sociales que se pueden vislumbrar detrás de la fábrica del rumor o, en el caso de algunos núcleos cercanos al gobierno, en el discurso manchado por la impronta de antiguas guerras.
La ropa de Cristina Kirchner o los trajes raídos de su esposo son motivo de ardientes objeciones. ¿Se puede odiar sólo por las apariencias? Otros comparan la virtud con el pecado sólo por lo que cada uno hacia -o no hacía- hace treinta años. ¿Es posible el rencor después de más de un cuarto de siglo?
Todos son soldados perdidos de causas perdidas. ¿Cómo pedirles a las nuevas generaciones que se comprometan con banderas que no pueden distinguir? ¿Cómo, cuando no sabrían ni siquiera por qué lucharían? ¿Cómo, al fin y al cabo, si hay argentinos de 35 años o de 20 años que no han vivido las guerras viejas ni las nuevas?
Encumbrados funcionarios han intentado una explicación diciendo que esa división es consecuencia de un país que ha visto morir a demasiadas personas de un lado y del otro en la década del 70. Esas heridas no cicatrizan fácilmente , subrayan. Kirchner suele suscribir ese argumento, incluida la precisión de los muertos de los dos bandos. Nunca lo dice en público, pero lo repite con frecuencia, últimamente, en reuniones muy reservadas.
Dejemos ahora esas cuestiones en manos de la Justicia. Ricardo Lagos gobernó con una fórmula exitosa: El pasado es el deber de la Justicia; el deber del gobierno es el futuro . En la Argentina, es el debate político el que ha envejecido con las ideas persistentes de los antiguos combates. Oscila entre los enfrentamientos que sucedieron en los años 70 y las políticas que predominaron en los 90…".
Extracto del artículo publicado por el diario La Nación


























