Las peleas del Presidente Uribe


Por Alfonso Cuéllar

(Especial para Infolatam) .- ·… Con la Corte Suprema… Uribe ha tenido serias diferencias y las ha manifestado públicamente. Pero siempre ha acatado sus decisiones… Y por eso, lo más factible es que la conmoción de esta semana termine siendo apenas una tormenta en un vaso de agua”.

En los de cinco años del gobierno del presidente Álvaro Uribe, los colombianos se han ido acostumbrando al estilo combativo de su primer mandatario. Una y otra vez, Uribe se ha enfrascado en más batallas políticas y personales que cualquiera de sus antecesores, sumados. Desde joven, Uribe se destacó por una cualidad o defecto, dependiendo de la óptica que se mire: no temerle a la pelea, a la confrontación de frente sin intermediarios. Esa actitud le ha ganado muchos adeptos en Colombia; es uno de los pilares de su inmensa popularidad. Hay una relación casi simétrica entre cada disputa del Presidente con X o Y personaje y un alza en las encuestas del mandatario y una caída libre de su contrincante.

Pocos se salvan de los golpes retóricos del mandatario: la oposición política, los medios de comunicación e incluso los otros poderes públicos han sido blanco de sus arremetidas verbales. Y con el paso del tiempo, éstas han ido aumentado in crescendo, tanto en cantidad como en su vehemencia como quedó demostrado esta última semana. Uribe acusó al principal diario de Colombia, El Tiempo, de "frívolo", a un respetado columnista de "miserable" y a un magistrado auxiliar de la Corte Suprema de estar organizando un "complot" contra el Presidente. ¿Qué generó la ira del mandatario? Una carta de un ex miembro de los paramilitares donde denunciaba que investigadores de la Corte le habían ofrecido prebendas si implicaba a Uribe en un intento de homicidio. Curiosamente, fue el mismo Presidente quien la hizo pública el lunes pasado cuando le pidió a la Fiscalía y la Corte investigar esa denuncia.

De inmediato la Corte defendió a su magistrado auxiliar y dijo que Uribe estaba equivocado y de ñapa, exigió respeto por la autonomía del poder judicial. Allí fue Troya. Durante las siguientes 24 horas, de una manera casi permanente, Uribe arremetió por radio y televisión contra el que se pusiera al frente. Reiteró la necesidad que se investigara a fondo la presunta conspiración, rebatió las acusaciones de algunos sectores – entre ellos la Corte- que el primer mandatario se estaba extralimitando en su poderes y defendió su decisión de hacer conocer la denuncia.

En Colombia, se ha acuñado el término ‘choque de trenes' para hablar de los enfrentamientos entre algunos de los tres poderes públicos. Y cuando estos se presentan, generalmente son recibidos con nerviosismo y malestar. Que un Presidente y los magistrados de la Corte Suprema intercambien comunicados y declaraciones agresivas, no es bien visto y nunca faltan los alarmistas que hablen del riesgo para la instituciones y la democracia. Aunque Uribe es un fuera de serie en pelear con la rama judicial, no es el primer presidente colombiano en estar descontento con la decisión de alguna corte. Sus antecesores también trinaban con rabia cuando a sus políticas de gobierno se les atravesaba una sentencia judicial. La diferencia es que en la mayoría de los casos, pagaban su pena en silencio. Ese no es el estilo de Uribe quien cree, según lo manifestó esta semana, que "el juez natural del Estado de derecho es la opinión pública".

Con la Corte Suprema, en particular, desde que asumió la presidencia en agosto 2002, Uribe ha tenido serias diferencias y las ha manifestado públicamente. Pero siempre ha acatado sus decisiones. Y esa realidad incontrovertible, a veces se pierde en la guerra mediática. Porque un verdadero choque de trenes, es cuando una de las partes desconoce en acción – no en palabra- el poder del otro. Hasta ahora no ha ocurrido. Y por eso, lo más factible es que la conmoción de esta semana termine siendo apenas una tormenta en un vaso de agua.

Se dice que cuando no se quiere resolver un problema, la manera más fácil de garantizarlo es creando un comité. En Colombia, hay una adaptación criolla de esa sugerencia: pedirle a la justicia que investigue, como lo están exigiendo todos: el Presidente, los medios, la Corte, etcétera, etcétera. La trampa: generalmente esas investigaciones motivadas por situaciones coyunturales de alta temperatura política no quedan en nada.

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