26 De Julio En Caracas: ¿Nada Que Celebrar?

Infolatam
Caracas, 26 de julio 2007
Por Ibsen Martínez

(Especial para Infolatam) “Si se piensa que para Chávez ha sido un blasón haber convertido a Venezuela en una URSS “petrotropical” que subsidida a la isla agobiada por toda clase de insuficiencias económicas, el hecho de que el primer 26 de julio en que Fidel Castro no acompaña a su pueblo en las conmemoraciones tampoco genere en Caracas ningún día de júbilo y asueto, como cuadra a la idiosincrásica pulsión emulatoria del venezolano para con su ídolo y mentor cubano, no deja de ser llamativo”.

Tratándose de un jefe de estado latinoamericano que no pierde ocasión de visitar La Habana para “auscultar” personalmente a Fidel Castro y que, en el pasado reciente, ha llegado a invitar al provecto dictador cubano a pasar el día de su cumpleaños a orillas del Orinoco, ciertamente puede decirse que, por esta vez, Hugo Chávez ha dejado pasar este 26 de julio muy ostensiblemente bajo la mesa.

En Caracas, al menos, sólo se ha anunciado un concierto popular gratuito cuyo solista es el “sonero mayor”, el popular cantante y director de orquesta de salsa Oscar D’León, esta vez acompañado por la Orquesta Sinfónica de Caracas. El concierto, amenazado por las siempre inopinadas lluvias de fines de julio que anticipan la temporada de ciclones en el Caribe, tendrá lugar en el llamado “Paseo de los Ilustres”, una vistosa y hoy decadente alameda, aledaña al “Círculo Militar”—club de oficiales de las Fuerza Armada Nacional— , inaugurada en los años cincuenta por el dictador Marcos Pérez Jiménez. Es aquí donde suelen hacerse los desfiles militares en las fechas patrias.

La ocasión de este concierto, auspiciado y pagado por la Alcaldía Mayor de la ciudad no es, si embargo, conmemorar solidariamente el legendario asalto al Cuartel Moncada, en 1953, sino simplemente acompañar la re-inauguración de estos espacios de recreación ciudadana, hasta hace poco sumamente descuidados, faltos de mantenimiento y de seguridad policial.

En Venezuela no es buena doctrina sobrelaborar los motivos reales o imaginarios que pueda tener el gobierno para hacer o dejar de hacer. Muchas veces, es mejor no atribuir a cálculo o malicia lo que la mera ignorancia o ineptitud puede explicar. Y, aunque la estrecha relación entre Cuba y Venezuela es tema permanente de la parla del propio Chávez y, por aduladora extensión, de la retórica publicitaria de los organismos del gobierno— por ejemplo, ya se anuncia la inauguración de un hospital “Che” Guevara en Maracaibo— , este año al comandante y los suyos parecen sobrarles motivos de distracción para haber olvidado la fecha aniversaria.

Entre los más conspicuos quizá deba mencionarse la disidencia que se atribuye a algunos factores militares, altos y medios, respecto de lo que pueda significar cabalmente la línea oficial de ir hacia un “socialismo del siglo XXI.”

Ella se hizo presente,de manera inequívoca, hace sólo tres semanas semanas, durante el desfile del 5 de julio, fecha en que Venezuela conmemora la declaratoria de Independencia en 1810. Durante los actos protocolares, el saliente Ministrode Defensa, general Raúl Isaías Baduel, a quien se atribuye el haberse puesto al frente del contragolpe que restituyó a un derrocado Chávez en 2002, pronunció un discurso que hasta la fecha no ha dejado de hacer olas.

En la Venezuela de hoy, pese a la propaganda oficial que hace del marchar hacia un vagaroso “socialismo del siglo XXI” la meta primordial del chavismo, nadie puede asegurar quiénes, de entre el funcionariado gubernamente, lo encarnan mejor: si los cada vez más ostentosos nuevos multimillonarios que, a la sombra de negociados de todo tipo, han constituido una oligarquía de nuevo cuño que la sorna criolla llama “boliburguesía” —y de la que muchos altos mandos militares forman parte—, o si los contados y austeros representantes de la vieja izquierda guerrillera de los años 60, muchos de ellos septuagenarios, relegados hoy a la inconducente Asamblea Nacional, a cargos sin mayor relevancia ejecutiva y a las columnas de la prensa subsidiada por el gobierno.

La creciente y renovada resistencia de sectores civiles—en la que destaca la hasta ahora inédita deligerancia del estudiantado universitario, tanto del sector público como privado– a los designios de Chávez de hacer aprobar una “reforma” constitucional cuyos alcances sólo conoce una minoría de su entorno político, ofrece un marco significativo a las palabras del general Baduel. Chávez aspira desembozadamente a una reelección indefinida: “vitalicia”, en palabras de muchos opositores.

Al mismo tiempo, el jefe de estado ha sido enfático en decir que ella sólo es deseable tratándose de la Presidencia de la República, Y no para los gobernadores O ALCALDES. No quiere, y así lo ha declarado paladinamente, “caudillitos” que embaracen turben la calma y los planes del Gran Timonel con ambiciones personalistas distinas a las suyas. La reforma, teóricamente, debe ser refrendada por voto popular a fines de año.

Aún los más serenos observadores coinciden aquí que lo esencial de la reforma es la perpetuación de Chávez en el poder. Investido como está de poderes especiales ilimitados por una Asamblea Nacional unánimemente chavista, los sectores empresariales y de clase media muestran alarma por el articulado ambiguo e inquietante que, al menos en una versión de la reforma colada a la prensa, afectaría el derecho a la propiedad privada. Otra de las posibles modificaciones sería un reordenamiento territorial que cambiaría la división política vigente, dejando a los gobernadores y alcaldes de oposición sin jurisdicción sobre las que gobernar, incluso mucho antes de terninar sus períodos. En opinión de una mayoría de constitucionalistas locales, tan profundos cambios, respecto de la vigente Consitución redactada en lo esencial y hecha aprobar por Chávez en 1999, requerirían la convocatoria a una nueva Asamblea Consituyente.

Ninguno de estos elementos escapa al debate en el seno de las Fuerza Armada, al interior de la cual estarían larvándose profundos decontentos entre alguna oficialidad. Un elemento dramático que azuza, según versiones, dicho descontento es la orden impartida por Chávez de incorporar al protocolo de orden cerrado en los cuarteles la fórmula de estirpe fidelista “ patria, socialismo o muerte” que los oficiales subalternos deben proferir con fervor antes de dirigirse a sus superiores.

La presencia cada vez más conspicua de asesores cubanos en los cuarteles, no sólo en la Fuerza Armada, sino en áreas tan sensibles como la seguridad del estado, en la llamada Reserva —una milicia civil asociada al partido que Chávez intenta crear desde el poder—y hasta en las telecomunicaciones recientemente nacionalizadas, hace que el “debate” acerca del socialismo del siglo XXI, sea este lo que pueda ser—nadie, ni siquiera Chávez ha definido en qué consiste— es lo que otorga pertinencia al “disonante” discurso del general Baduel.

“En otros términos–editorializa hoy el vespertino Tal Cual­— : el rumbo que lleva el país es motivo de preocupación en círculos castrenses y se discute sobre ello. El general Baduel, pues, habló en nombre propio pero también recogiendo opiniones de otros. No pretendemos sugerir que Baduel sea el centro de una conspiración; suficientes demostraciones y pruebas de su sentido de la lealtad y de la disciplina ha dado como para imaginarlo en afanes golpistas.”

Baduel observó en su discurso, escuchado por un Hugo Chávez impertérrito, que “el término socialismo lamentablemente no tiene un significado uniforme y homogéneo… y de allí quizás la incertidumbre e inquietud que genera en algunos sectores de la vida nacional cuando siquiera se le menciona”. Más adelante, y contra explícitas afirmaciones formuladas repetidamente por Chávez en el pasado de que la alternabilidad no es esencial a la democracia, Baduel rechazó la idea que “la democracia con división de poderes sea solamente un instrumento de dominación burguesa”.

Es hoy muy difícil afirmar cuántos funcionarios cubanos, tanto del mundo médico y asistencial como del militar, viven en Venezuela en estos momentos. La cifra oscila entre 30.000 y 50.0000. Es singular el hecho de que cuiden no ser muy conspicuos, pese al valor que ambos gobiernos otrogan a su relación especial.

Si se piensa que para Chávez ha sido un blasón haber convertido a Venezuela en una URSS “petrotropical” que subsidida a la isla agobiada por toda clase de insuficiencias económicas, el hecho de que el primer 26 de julio en que Fidel Castro no acompaña a su pueblo en las conmemoraciones tampoco genere en Caracas ningún día de júbilo y asueto, como cuadra a la idiosincrásica pulsión emulatoria del venezolano para con su ídolo y mentor cubano, no deja de ser llamativo.

Tal vez ponderar el impacto que al interior de las FAN y, en general, en la indócil sociedad civil venezolana, haya podido tener el sibilino discurso de un general muy admirado por el chavismo de a pie, tenga tan ocupada a la cúpula del gobierno venezolano como para acordarse de la remota gesta cubana del Cuartel Moncada en 1953.

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