Miceli y Picolotti: un dilema político que Kirchner nunca logró resolver
Clarín
Buenos Aires, 11 de julio de 2007
Por Eduardo Van der Kooy
“…El tiempo de campaña tampoco ayuda para clarificar las cosas… Kirchner, en el otro extremo, cree descubrir inexorablemente una perversión o una mano negra detrás de cada advertencia. Se cierra a la posibilidad de admitir errores…”. (Clarín. Argentina)
"Ni Felisa Miceli, la ministra de Economía, ni Romina Picolotti, la secretaria de Medio Ambiente, se irán del Gobierno a menos que la Justicia verifique alguna ilegalidad en los episodios que las viene zarandeando. Miceli explicó con incomprensible demora los avatares de una bolsa con dinero encontrada en su baño ministerial. Picolotti le acercó ayer un informe al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, de quien depende, sobre gastos y contrataciones, a simple vista dispendiosas, que ocurren en su área.
A priori no podría hablarse en ninguno de los casos de deshonestidad ni de delito. Esa valoración es ahora una propiedad de la Justicia. Existe, en cambio, una valoración política que podrá compartirse o no pero que asoma: los entuertos en que se han visto sumidas Miceli y Picolotti trasuntan, por lo menos, una impericia que sería coherente con el papel que cumplieron en la función pública.
Miceli cargó siempre con la sombra de su antecesor, Roberto Lavagna… la ministra aceptó, de entrada, el protagonismo secundario que le propuso Néstor Kirchner. En la intensidad de esa misma sombra tuvieron muchísimo que ver también Guillermo Moreno, el secretario de Comercio, y Julio De Vido, el ministro de Planificación.
La actuación de Miceli quedó circunscripta al anuncio de decisiones económicas y nunca al debate de tales decisiones. Un aspecto tan neural para la economía como la inflación fue absorbido entre Moreno y Kirchner. La ministra sólo dio una batalla para intentar ordenar el desmadre producido en el INDEC y tuvo el beneficio de una tregua. Pero en los desconfiables índices mensuales de inflación sigue pesando el criterio de Moreno.
Miceli ensayó en un tiempo también un anclaje externo para solucionar algunos de los muchos conflictos que todavía arrastra la Argentina. Pero no tuvo poder para resolverlos y careció de los interlocutores adecuados. El Presidente hubiera deseado en el anochecer de su mandato tener concluida la negociación de la deuda con el Club de París, que oscila en los 6 mil millones de dólares. Una puerta pareció abrirse cuando se halló solución a una deuda con España que nuestro país había derivado a aquella entidad luego del default. De ese arreglo Miceli fue casi espectadora. Tampoco alcanzó para el acuerdo mayor.
…El tiempo de campaña tampoco ayuda para clarificar las cosas. La oposición construye su discurso y su acción política con automatismo, refiriendo siempre a los defectos del Gobierno y pocas veces a sus propias propuestas. Kirchner, en el otro extremo, cree descubrir inexorablemente una perversión o una mano negra detrás de cada advertencia. Se cierra a la posibilidad de admitir errores…".
Extracto del artículo publicado por el diario Clarín


























